“Tan importante lo poco como lo mucho”

“Tan importante lo poco como lo mucho”

Marcos: 12, 38-44

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: “¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso”.

En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir”.

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Ante nuestros criterios muy humanos, bajo los esquemas económico utilitaristas, a simple vista nos encontramos que la cantidad importa bastante, y siempre solemos obtener más de lo que sea, excepto lo que incomoda.

Olvidamos que a los ojos de Dios, la cantidad es un simple número, o un volumen, pero en realidad lo que le importa es la acción y actitud con la que se posee o se dona.

Y es que no tenemos por que denigrar tanto lo mucho como lo poco, porque podemos movernos pendularmente de un extremo a otro. Por un lado si es mucho, no falta quien afirme que el dinero es maligno, y que quien lo posee se va a condenar. Aunque por el otro lado quien tiene poco o casi nada, de igual manera afirman que están lejos de la mano de Dios y hasta que es un castigo.

Por el contrario ambas situaciones son una bendición, ya que quien tiene mucho, bastante bien puede hacer, generar más riqueza para seguir progresando, así como ayudando con el trabajo digno y un sano desarrollo; y si hay pobreza, la generosidad de desprendimiento aunque sean dos monedas, habla de un corazón noble que aunque no las posea, tiene su confianza en Dios que proveerá y dará los medios para salir junto con nuestro trabajo adelante.

Es por ello que ambas situaciones son muy importantes, lo poco y lo mucho, ya que la manera de cómo manejarlas habla de la bondad o del egoísmo y avaricia de quien las administra, sin olvidar que ambas nos llevan a Dios.

“Los misterios de Dios”

“Los misterios de Dios”

Marcos: 12, 35-37

Un día, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, ha declarado: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mí derecha y yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas los pies. Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿cómo puede ser hijo suyo?” La multitud que lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado.

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Aunque Dios es totalmente evidente ya abierto a nuestro conocimiento, es un hecho que nuestra capacidad, que no deja de ser admirable, tiene un límite, y aunque aún no sabemos cual es su tope, resulta que ante la grandeza y total sabiduría de Dios, semejante a la nuestra porque nos fue participada, estas es tan sólo un atisbo de su magnificencia.

De alguna manera se adapta a nuestra lógica y trata de darnos a conocer aquellas verdades que podemos asimilar, sin entrar en conflicto con ellas por el hecho de que no las alcanzamos a comprender, de tal manera que nos hace partícipes de algo de su grandeza y misterios, no por ser ocultos, sino por insondables.

Es por ello que muchos misterios a veces los percibimos hasta un tanto ilógicos o contradictorios, cuando en realidad no lo son, y es que en la medida que nos vayamos conformando con Él, empezaremos a comprender con su propia sabiduría su obra y sus planes, gracias a que nos los participa en confianza, amistad y amor, a lo cual debemos responder con la misma actitud.

Los misterios de Dios, se vuelven claros y transparentes en la medida que retiremos nuestro ego y fijaciones mentales, estructuradas con un sistema educacional científico positivista, que no ve más allá de lo material. Sino que el mismo espíritu Santo nos lo irá revelando, pero necesita ver que deseamos recibir ese don, para entender los mismos misterios de Dios. 

“Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote”

“Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote”

Lucas: 22, 14-20

En aquel tiempo, llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: “Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga cabal cumplimiento en el Reino de Dios”. Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: “Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios”.

Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes”.

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El jueves posterior a la Solemnidad de Pentecostés en algunos países se celebra la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, festividad que no aparece en el calendario de la Iglesia universal (como sí lo hacen las fiestas del Sagrado Corazón de Jesús o Jesucristo Rey del Universo), pero que se ha expandido por muchos países.

Esta fiesta tiene sus orígenes en la celebración del sacerdocio de Cristo que en la misa latina se introdujo en algunos calendarios y que tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II fue renovada por la Congregación de Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote.

La celebración fue introducida en España en 1973 con la aprobación de la Sagrada Congregación para el Culto Divino.

Asimismo, ésta contiene textos propios para la Santa Misa y el Oficio que fueron aprobados dos años antes.

Además de España, otras Conferencias Episcopales incluyeron esta fiesta en sus calendarios particulares como Chile, Colombia, Perú, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela. En algunas diócesis este día es también la ‘Jornada de Santificación de los Sacerdotes’.

San Juan Pablo II, en el documento “Ecclesia de Eucharistia” señala que “el Hijo de Dios se ha hecho hombre, para reconducir todo lo creado, en un supremo acto de alabanza, a Aquél que lo hizo de la nada”.

“De este modo, Él, el sumo y eterno Sacerdote, entrando en el santuario eterno mediante la sangre de su Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida. Lo hace a través del ministerio sacerdotal de la Iglesia y para gloria de la Santísima Trinidad”.

Jesús, Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza

En el Nuevo Testamento con la palabra “sacerdote” no solo se nombra a los ministros, sino que se reserva especialmente para denominar a Cristo y a todo el pueblo de Dios, unidos como un Sacerdocio real:

“Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz” (1 Pedro 2,9)

En el capítulo 4 de Hebreos se explica el Sumo Sacerdocio de Jesucristo de esta forma:

“Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos -Jesús, el Hijo de Dios- mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna” (Hebreos 4,14-16)

La carta a los Hebreos también interpreta el sacrificio de Cristo como el nuevo, único y definitivo sacerdocio, diferenciándose así de los sacrificios de los sacerdotes de la antigua alianza:

“Así también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre igual que Melquisedec” (Hebreos 5,5-6)

La misma carta a los Hebreos añade: “Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos” (Hebreos 9,11)

Fuente: Aciprensa.com

“Cercanos para comprender”

“Cercanos para comprender”

Marcos: 12, 18-27

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús algunos de los saduceos, los cuales afirman que los muertos no resucitan, y le dijeron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre muere dejando a su viuda sin hijos, que la tome por mujer el hermano del que murió, para darle descendencia a su hermano. Había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo se casó con la viuda y murió también, sin dejar hijos; lo mismo el tercero. Los siete se casaron con ella y ninguno de ellos dejó descendencia. Por último, después de todos, murió también la mujer. El día de la resurrección, cuando resuciten de entre los muertos, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque fue mujer de los siete”.

Jesús les contestó: “Están en un error, porque no entienden las Escrituras ni el poder de Dios. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tendrán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles del cielo. Y en cuanto al hecho de que los muertos resucitan, ¿acaso no han leído en el libro de Moisés aquel pasaje de la zarza, en que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Están, pues, muy equivocados”.

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Los preceptos divinos, suelen ser muy claros, sencillos y de fácil asimilación, presuponiendo que se está en el contexto de la cercanía con el Señor. Pero aún estando cerca de Él, si no se mantiene vivo el depósito de la fe en la verdad, puede irse desvirtuando con el tiempo aún interpretado por los mismo líderes religiosos.

Es un compromiso y una tarea mantener integro dicho depósito de la fe, ya sea en el cuidado de las Sagradas escrituras, para que no se le cambie el sentido y la interpretación autentica y original, así como las sanas y vivas tradiciones que nos van llegando de generación en generación.

Por un lado, aunque la religión mantenga la autenticidad en la doctrina, la misma gente va haciendo sus versiones populares sin fundamento y se sostienen entre aquellos que no profundizan en el conocimiento de Dios y su Palabra, quedándose cómodamente en el concepto populachero, afirmándolo como si fuera el original.

Por ello Jesús quien conoce la verdad en sí misma, da a conocer que esos conceptos reinterpretados son erróneos, y a veces hace falta acercarse a la verdad y a Dios, autor de la misma para entenderlo en toda su plenitud por obra de su Santo Espíritu.

Pero si no somos capaces de acercarnos y disponer nuestra alma a que Dios nos otorgue su ciencia y sabiduría, mucho menos entenderemos a ciencia cierta sus preceptos, en medio de un maravilloso plan concebido en su amor, y por ende mucho menos se asimilará el concepto popular que está digerido sin razón y basado en sentimentalismos.

“Manejos a conveniencia”

“Manejos a conveniencia”

Marcos: 12, 13-17

En aquel tiempo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos le enviaron a Jesús unos fariseos y unos partidarios de Herodes, para hacerle una pregunta capciosa.

Se acercaron, pues, a Él y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa lo que diga la gente, porque no tratas de adular a los hombres, sino que enseñas con toda verdad el camino de Dios. ¿Está permitido o no, pagarle el tributo al César? ¿Se lo damos o no se lo damos?”

Jesús, notando su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me ponen una trampa? Tráiganme una moneda para que yo la vea”. Se la trajeron y Él les preguntó: “¿De quién es la imagen y el nombre que lleva escrito?” Le contestaron: “Del César”. Entonces les respondió Jesús:

“Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Y los dejó admirados.

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No sabemos cual será la intención de personas que nos tratan de manera no tan ordinaria, es decir, aquellas que denotan que buscan algo a su favor, aquellas que van desde darnos un simple saludo en publico para que alguien note el trato personal, hasta quien adula para caer bien y usar la empatía para su propio beneficio.

Un mundo donde las hipocresías están flor de piel, donde hay que tener la suficiente paz  y agudeza para discernir si el trato es bueno y sincero, o todo lo contrario.

Usar a un hermano, amigo, pariente o simple conocido, es siempre doloroso ya que el hacer el bien sin mirar a quién, se pone el tela de juicio, porque hacer el bien, resulta en perjuicio para la persona que da de sí misma y sale perjudicada o dañada sin ganas de volver a hacer el bien ni confiar en los demás.

La verdad es siempre el mejor aliado, y es donde nos debemos de mover para ver claro, sobre todo esos manejos a conveniencia, como el que le quisieron hacer a Jesús, donde pensaron manipular la verdad, con quien es la verdad.

Es por ello siempre mucho mejor dejar la mentira, descubrirla e implantar la verdad, le duela a quien le duela, sobre todo cuando es preferible incomodar, a permitirles hacernos daño, ya que primero estás tú, antes de quien te desea un mal.

“Piedras Angulares”

“Piedras Angulares”

Marcos: 12, 1-12

En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos y les dijo: “Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre para el vigilante, se la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje al extranjero.

A su tiempo, les envió a los viñadores a un criado para recoger su parte del fruto de la viña. Ellos se apoderaron de él, lo golpearon y lo devolvieron sin nada.

Les envió otro criado, pero ellos lo descalabraron y lo insultaron. Volvió a enviarles a otro y lo mataron. Les envió otros muchos y los golpearon o los mataron.

Ya sólo le quedaba por enviar a uno, su hijo querido, y finalmente también se lo envió, pensando: ‘A mi hijo sí lo respetarán’. Pero al verlo llegar, aquellos viñadores se dijeron: ‘Éste es el heredero; vamos a matarlo y la herencia será nuestra’. Se apoderaron de él, lo mataron y arrojaron su cuerpo fuera de la viña.

¿Qué hará entonces el dueño de la viña? Vendrá y acabará con esos viñadores y dará la viña a otros.

¿Acaso no han leído en las Escrituras: La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente?” Entonces los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, quisieron apoderarse de Jesús, porque se dieron cuenta de que por ellos había dicho aquella parábola, pero le tuvieron miedo a la multitud, dejaron a Jesús y se fueron de ahí.

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Somos cada uno de nosotros muy susceptibles de quedarnos impresionados con las imágenes de personas que aparecen frecuentemente en los medios, se convierten en modelos propuestos a seguir, además de toda la publicidad que les rodea, que al final de cuentas, no es otra cosa sino crear una imagen impuesta y conocible por todos, que no siempre es la real.

Es aquí cuando olvidamos a todo un mundo de personas alrededor de quienes se dicen modelos, actores, emprendedores o personas famosas, se nos olvida, porque no se ven aquellos que hacen todo lo posible para que esa persona luzca. 

Una persona es el conjunto de experiencias y hechos que lo han formado, nunca se hace sola, iniciando con la familia y continuando con la formación humana, espiritual y académica que adquiera, y en cada área has varias personas que nos dan eso, que son partícipes de quienes somos.

Es por ello que no siempre quienes se dicen protagonistas lo son, en realidad son la imagen de la construcción externa, pero las piezas angulares que la forman no se ven y están en los puntos básicos de su contexto. Son esas personas que en silencio trabajan tras bambalinas para que otros brillen y sin ellos no lo hacen.

Es importante ser esas piedras angulares que sin necesidad de publicar lo que hacen, realizan una gran labor. Gracias a ellos seguimos y son merecedores de reconocimiento. Gracias a todos ellos por ser quienes son y porque son parte de un todo, siempre partícipes y tomados muy en cuenta dentro del mismo plan de Dios.

“Pentecostés”

“Pentecostés”

Juan: 7, 37-39

El último día de la fiesta, que era el más solemne, exclamó Jesús en voz alta: “El que tenga sed, que venga a mí; y beba, aquel que cree en mí. Como dice la Escritura:
Del corazón del que cree en mí brotarán ríos de agua viva”.

Al decir esto, se refería al Espíritu Santo que habían de recibir los que creyeran en él, pues aún no había venido el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.

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A partir del Bautismo, el Espíritu divino habita en el cristiano como en su templo. Gracias a la fuerza del Espíritu que habita en nosotros, el Padre y el Hijo vienen también a habitar en cada uno de nosotros.

El don del Espíritu Santo es el que:

• nos eleva y asimila a Dios en nuestro ser y en nuestro obrar;

• nos permite conocerlo y amarlo;

• hace que nos abramos a las divinas personas y que se queden en nosotros.

La vida del cristiano es una existencia espiritual, una vida animada y guiada por el Espíritu hacia la santidad o perfección de la caridad. Gracias al Espíritu Santo y guiado por Él, el cristiano tiene la fuerza necesaria para luchar contra todo lo que se opone a la voluntad de Dios.

Dones

Para que el cristiano pueda luchar, el Espíritu Santo le regala sus siete dones, que son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu. Estos dones son:

1 Don de Ciencia: es el don del Espíritu Santo que nos permite acceder al conocimiento. Es la luz invocada por el cristiano para sostener la fe del bautismo.

2 Don de consejo: saber decidir con acierto, aconsejar a los otros fácilmente y en el momento necesario conforme a la voluntad de Dios.

3 Don de Fortaleza: es el don que el Espíritu Santo concede al fiel, ayuda en la perseverancia, es una fuerza sobrenatural.

4 Don de Inteligencia: es el del Espíritu Santo que nos lleva al camino de la contemplación, camino para acercarse a Dios.

5 Don de Piedad: el corazón del cristiano no debe ser ni frío ni indiferente. El calor en la fe y el cumplimiento del bien es el don de la piedad, que el Espíritu Santo derrama en las almas.

6 Don de Sabiduría: es concedido por el Espíritu Santo que nos permite apreciar lo que vemos, lo que presentimos de la obra divina.

7 Don de Temor: es el don que nos salva del orgullo, sabiendo que lo debemos todo a la misericordia divina.

Por otro lado, los frutos del Espíritu Santo son:

1 Caridad.

2 Gozo.

3 Paz.

4 Paciencia.

5 Longanimidad.

6 Bondad.

7 Benignidad.

8 Mansedumbre.

9 Fe.

10 Modestia.

11 Continencia.

12 Castidad.

Permitamos que el Espíritu Santo obre en nuestras vidas y plenifique nuestro ser.

Fuente: Aciprensa.com

“Rumores inciertos”

“Rumores inciertos”

Juan: 21, 20-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a Pedro: “Sígueme”. Pedro, volviendo la cara, vio que iba detrás de ellos el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre su pecho y le había preguntado: `Señor, ¿quién es el que te va a traicionar?’ Al verlo, Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¿qué va a pasar con éste?” Jesús le respondió: “Si yo quiero que éste permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú, sígueme”.

Por eso comenzó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no habría de morir. Pero Jesús no dijo que no moriría, sino: ‘Si yo quiero que permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?’

Éste es el discípulo que atestigua estas cosas y las ha puesto por escrito, y estamos ciertos de que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús y creo que, si se relataran una por una, no cabrían en todo el mundo los libros que se escribieran.

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Ya parece ordinaria la falta de certificación de la información que recibimos, sobre todo en un mundo sobresaturado de datos que en realidad comunican pero que no se asimilan y como la asimilación requiere un cierto tiempo, el cual no se tiene, se queda uno con lo primero que se escucha.

Por un lado es muy importante conocer la fuente que nos proporciona los datos, porque ante tanto sitio fraudulento, como dice el dicho: “una mentira dicha mil veces, se cree que es realidad”. Por lo que es necesario identificar quien menos dice mentiras en nuestros días.

Jesús puede a su vez mal entendido, y no es nada nuevo, ya que cada persona lo quiere asimilar según le acomode su forma de pensar o ser. Un ejemplo claro lo tenemos con esta mal interpretación que hacen los propios discípulos acerca de Juan, que si moriría o no, Jesús responde directo y claro, no es relevante esa información, ni tampoco importante, es como si dijera que hagan su trabajo y no se estén entrometiendo en cosas que no valen la pena detenernos en ellas.

Lo que sí sabemos es que en base a una suposición se desarrolló un rumor falso en medio de hombres de fe y de buena voluntad, ahora qué no ocurrirá con quienes viven inmersos en situaciones de dolor que desean hacer el mal.

Es por ello que decir la verdad directa con discreción y caridad es lo más sano, más que dar a entender cosas confusas que pueden girar en sentido opuesto en cualquier momento.

“Apacentar”

“Apacentar”

Juan: 21, 15-19

En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”. Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”.

Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó:

“Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.

Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: “Sígueme”.

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No deja de ser notorio el que hoy en día la formación de nuestras voluntades sea cada vez más egoísta donde el único y el fin ultimo es mi bienestar, sin importar el a pesar de qué o de quién.

Olvidamos al resto, aunque vivamos juntos en un área de cincuenta metros cuadrados codo con codo. Ya no nos mueve el dolor ajeno, a no ser que el dolor sea el nuestro, porque lo hacemos notar para recibir atención. 

Es entonces donde nuestra vida pierde sentido y la de los demás también, a no ser por el valor del poseer, que se remarca como el importante y no lo es.

Jesús pide a Pedro precisamente que su vida esté en concordancia con la gracia de Dios y el servicio que de ella dimana de manera eficaz. Pide precisamente que apaciente, es decir, ayude a aquellos que han perdido la paz a recobrarla y no hundirse en sus propios vacíos y oscuridades.

Que cuide a aquellos que el Padre le ha encomendado, para ello es necesario un amor que primeramente sepa amar a Dios y a la par a nuestros prójimos, amor que Pedro demuestra transparentemente con un “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”.

Que de igual manera apacentemos a aquellos que necesiten un oído quien los escuche o quien desean apoyarse en un alma buena que los lleve a Dios.

“Unidad se hace al menos con dos”

“Unidad se hace al menos con dos”

Juan: 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo:

“Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la Palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos”.

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Cuando precisamente hablamos de unidad, no estamos haciendo referencia a una medida individual, sino que se refiere a la capacidad de hacernos uno con los demás y de igual manera con Dios.

De hecho la unidad que Dios nos pide, es aquella que nos acerca a su lado, pero que también nos participa de su ser, no como una uniformidad, exigiendo que todos se vean idénticos sin distinción entre unos de otros, sino con una basta diversidad que se manifiesta en la riqueza múltiple de dones, que aunque cada uno es diferente, tiene la capacidad de unificarse en una unión en común como lo es el amor y la gracia de Dios.

En la integración de un solo pensar, respetando la libertad pero que une almas, de una misma santificación, de un mismo Señor y Dios.

Nadie dijo que tenemos que pensar igual, pero que si se unifique nuestro criterio en una sola verdad que es inmutable, adornado con el ingenio particular de cada mente.

Unidad que nos une al creador de donde procedemos, donde la única y mayor razón de ser es en el Ser único, inmutable, eterno, indivisible, omnipresente y omnipotente. 

Hacernos uno con Él, es la mejor manera de plenificar nuestra vida donde todo cobra sentido. Unidad que te implica a ti, a los demás y a Dios.