“Actitudes…”

“Actitudes…”

Lucas 6, 36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros».

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Dentro de nuestras propias expresividades, la perfecta manifestación de nuestro interior y pensamientos se expone claramente en las actitudes que tomamos día a día, es muy cierto que a veces estamos cansados de tantas correcciones y negaciones, que no hagas esto, que no hagas lo otro; que sí hagas tal cosa, que pongas tal actitud, pero en realidad es una ayuda directa para mejorar, ya que si fuéramos perfectos y totalmente educadamente maduros, nadie te corregiría, pero las correcciones remarcan nuestras imperfecciones, por ello con humildad hay que saber aceptarlas y reconocerlas.

Es muy común dentro del trato humano encontrar personas que nos demuestran con toda la caridad del mundo cuán mejor son que nosotros, pero no debemos de verlo como una desventaja, al contrario son una bendición ya que el Señor los ha cruzado en tu camino, no para enfatizar tu mal, sino para remarcar su bien del que podemos aprender.

Pero ya de nosotros dependen las actitudes, o bien, pueden se de arraigo en nuestras limitaciones, o bien, de apertura y crecimiento, ya que como remarco, la actitud lo dice todo, por ello la prudencia como maestra de vida unida a la sabiduría divina, tan clara como lo es en boca de Jesús en recomendación a aquellos que somos sus discípulos nos invita a esos “no” hagas… tomados con humildad, ya que nuestra actitud atraerá aquello que proyectamos con sus propias y particulares consecuencias.

El verdadero cristiano debe de adoptar seriamente la actitud de Cristo, no la radical y exigente moralista, sino la del verdadero rostro del amor y la caridad con todo aquel que se cruce en nuestro camino. Al final tu actitud lo dirá todo y de igual manera la medida que uses, la usarán contigo y sin caridad.

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“No lo cuenten a nadie…”

“No lo cuenten a nadie…”

Marcos 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: –«Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Estaban asustados, y no sabía lo que decía.

Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: –«Éste es mi Hijo amado; escuchadlo».

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: –«No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

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Dentro de la acción maravillosa de Dios, además de su inmensa y poderosa intercesión, nos encontramos con un aspecto que parece hemos olvidado y ese es el trato personal, a veces creemos que Dios obra multitudinariamente, pensando que hemos sido olvidados y que tan sólo mediante nuestra búsqueda de lo divino es como obtendremos nuevamente su atención. Por supuesto eso es una concepción falsa gregaria pero adoptada de manera personal.

Olvidamos la acción personal de Dios en cada una de nuestras vidas, dejamos de paso las oportunas intercesiones asimilándolas tan sólo como mera oportunidad o suerte, por lo que las hacemos parecer como si no importara. Es que estamos tan llenos de necesidad de atención, que no dudamos en hacer alarde de lo que públicamente se ve como un milagro espectacular en nuestras vidas, utilizándolo como el gancho para ser el centro de atención.

La obra de Dios necesita un poco más de madurez en nuestras vidas, no creas que todo lo que el Señor realiza en ti es para proclamarlo a los cuatro vientos, eso ya es vanidad, sino que es un regalo tan preciado y privado que puede hacernos crecer a nosotros en lo personal, además si lo proclamas te aseguro que nadie mas que tú lo entenderá, porque es para ti, los demás tratarán de entenderlo pero a su muy propia manera de pensar e impregnada de sus situaciones circunstanciales que les adolecen.

Ese milagro o mensaje no es para ellos, es para ti y tan sólo para ti, ya tendrás la oportunidad de dar testimonio del mismo con tu propia vida y los hechos que a partir de ello podrás realizar, eso es lo que en realidad los hará comprender tu situación y la acción de Dios, entonces será más digerible porque los hechos hablarán por sí mismos.

Es por ello que Jesús remarca no contarlo a nadie, como diciendo, todo a su tiempo, es mayor el testimonio de vida que las propias palabras en nuestro caso, por ello en su momento, no se lo cuentes a nadie y disfruta de la acción de Dios en tu vida.

“La actitud lo dice todo”

“La actitud lo dice todo”

Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”.

Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

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Dentro de los estándares de las relaciones humanas, existe el comportarnos de manera ajena y distinta al adoptar tanto pensamientos como posturas, a veces incómodas para ser aceptados en cualquier circulo social, que van desde la amistad hasta las elites de gran altura. 

Existe la limitación que autoexcluye en ciertos ámbitos a ciertas personas no deseables tan sólo en ese lugar, y por ende sobrevalorando aspectos materiales y atributos físicos, con la respectiva denigración de incluso la propia dignidad y como propio fruto la de los demás por ende.

De nada vale amar a tu prójimo y aborrecer a tu enemigo, es una mecánica arcaica y retrógrada, pero que nunca ha dejado de estar en boga prácticamente, cuando al final la actitud lo dice todo, porque tomar una u otra postura conlleva sus necesarias consecuencias. 

Es por ello que hay que ser un poco más inteligentes con nuestras actitudes, eso hace que perfeccionemos nuestra relación con el otro y por ende con Dios, porque al final, la actitud, por mejor imagen que aparentes, lo dice todo.

“Hay que ser mejores qué…”

“Hay que ser mejores qué…·

Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego.

Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto».

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Existe una universal tendencia a conformarnos con el saber que las ayudas, los compromisos, los problemas en general alguien los resuelve; hay quien cuide el orden, la educación, la estabilidad económica y hasta la salud tanto física como mental, pero en este esquema rayamos en la total dependencia, de tal manera que les damos todo el poder sobre las situaciones y por ende sobre nosotros mismos.

Además de que cuando nos toca en lo personal alguna mala situación, lo primero que hacemos es echar culpas a “los encargados responsables” de cada área en cuestión. Pero que pena es saber cuán incapaces somos de ser mejores, dónde a lo máximo que llegamos es a tachar el error de los demás a la vista y sin dejar de quejarnos.

Es por ello que la invitación es a dejar de ser del común de los mortales y del conglomerado de las masas impersonales, para tomar un papel protagónico de tu propia y exclusiva vida, dónde tu estabilidad no depende de los demás ni de los sistemas, sino de ti mismo, dónde llevas tus propias riendas y donde puedes crecer a un nivel mayor que el de aquellos que se conforman con la comodidad de su zona de confort dependiente de quien la provee.

En vez de juzgar, hay que ser mejores que todos ellos, mejores que el policía, mejores que el gobernante, mejores que el profesor, mejores que el cura, mejores que el mismo Papa, ya que tenemos la capacidad para ello y demostrarlo calladamente con los hechos. Porque nadie en ningún cargo es perfecto así lo afirme con palabras y promesas. Hay que ser mejores incluso de nosotros mismos.

“Misterios revelados sencillamente”

“Misterios revelados sencillamente”

Mateo 7, 7-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!

En resumen: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas».

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La mente unida a la inteligencia humana, tiene una capacidad tan basta de creatividad que puede llegar a especular más allá de lo imaginable, pero con la inconveniencia de que de igual manera solemos complicar y tergiversar las cosas y los conceptos, los enredamos a tal grado que tan sólo sean inteligibles para quienes tienen que condicionar su mente para ello, esquematizándose de manera fija y cerrada.

Dios es tan simple en su pensamiento y voluntad, además de darnos su confianza para transmitir el mensaje y su Palabra, pero con nuestros enredos mentales a través de las generaciones hemos podido expresar algo y de manera un tanto complicada en las mismas Sagradas Escrituras, ahí está el primer testimonio de nuestra complejidad ya que para expresar un pensamiento divino es necesario un libro.

Por una parte es muy bueno porque expresa extensamente su contenido, aunque a veces lo complica, pero así es la confianza de Dios, a sabiendas que Él está en todos los procesos y qué bueno que así lo permitió, como nos conoce tan bien, después de autocomplicarnos y quebrarnos la cabeza, entonces caemos en cuenta de su simpleza. Pero que le vamos a hacer, así somos y Dios respeta nuestra lógica complicada porque incluso ahí se hace notar.

Por ello en sus múltiples parábolas y ejemplos concluye con un pensamiento sencillo que lo contiene todo, como el ejemplo donde remarca que en eso consisten la ley y los profetas resumidamente hablando, sin olvidar que el principal y único fundamento real al final es el amor.

“Lo mismo será para ésta generación”

“Lo mismo será para ésta generación”

Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: –«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.

Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

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En repetidas ocasiones solemos buscar indefinidamente la novedad en nuestras vidas, siempre en búsqueda de algo nuevo y de ello se aprovechan aquellos que saben manejar esas tendencias y necesidades, canalizándolas por la mercadotecnia, acentuando el apetito insaciable del tener algo nuevo sea por el medio que sea y con las consecuencias que conlleve. 

Al igual en la fe, como que buscamos de manera muy similar la novedad en el actuar de Dios, nos cansamos de la bondad y gracias recibidas que no dejan de ser siempre nuevas de parte de Dios, además de ya estar encarrilados en el tren del vértigo por el tener; de Dios siempre queremos mas.

Pero olvidamos que esa novedad está presente día a día, porque ni el aire, ni el sol, ni el agua es la misma, jamás se repite un momento en el caminar de nuestras vidas, porque si a esas vamos, tan sólo la postura del planeta está en diferente postura progresivamente dentro del universo en movimiento. Los conceptos de rutina y repetitividad están solamente en nuestra mente y desgraciadamente los enfatizamos, sin ver la oportunidad que se te da cada mañana desde que despiertas.

Jesús no te dará nada nuevo a la escala que lo pides, si no eres capaz de reconocer la infatigable novedad de cada momento, porque si no ves lo poco, es muy probable y casi estoy seguro que no valoraras lo mucho, porque pasará a tan sólo ser una motivación espectacular.

Así que no hay que pedir más, porque a ésta generación no se le dará nada nuevo, porque lo que ya tenemos basta y ahí mismo se manifiesta su grandeza.

“Cuando ores…”

“Cuando ores…”

Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: «Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación sino líbranos del Maligno».

Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas».

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Los tiempos nos invitan a no leer, a no mirar las necesidades, a no reflexionar, sí a estar saturados de ruido, de distractores, de opiniones absurdas, y por ende a no tener tiempo para orar. 

Lo importante es orar, pero no tan sólo en ocasiones de necesidad sino siempre, porque la oración transforma tu mente, tu corazón, tus dones, entre ellos la inteligencia, la sabiduría, la ciencia, la paz, la fe, y por ende el amor y la caridad. 

En realidad al orar te estás atendiendo a ti mismo y por supuesto a los demás, porque nunca queda sin fruto tu intercesión. Es en cierta medida indispensable retroalimentarte, no dejarle todo a Dios como si de mi parte no requiriera la más mínima atención. Es muy bueno saber orar y saber a su vez escuchar lo que Dios tiene que decirte y el medio es la oración.

La oración es purificadora de corazones y liberadora de ataduras mentales. La oración implica a la creación entera, y de ella eres parte, pide por el orden de la misma sin dejarnos engañar por el desorden y el caos que pretende distraernos.

Pero sobre todo recuerda que la mayor eficacia se da, como diría San Benito en su regla monástica, “Ora et Labora”, Orar y trabajar, a que una complementa a la otra, a la palabra ofensiva, el perdón concreto. 

¿Qué obras hacer?

¿Qué obras hacer?

Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.

Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.

Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»

Y el rey les dirá: Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.

Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis».

Entonces también éstos contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?»

Y él replicará: «Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo».

Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna».

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Durante éste tiempo de Cuaresma se nos invita a saber crecer, inclusive con nuestras propias obras, lo que hacemos en relación con nosotros mismo y sobre todo con los demás. Es tiempo de saber bien intencionar aquello que pretendemos realizar, porque en realidad aquello que prometamos realizar como sacrificio, no debe de mirar tan sólo al beneficio personal, sino que debe de mirar a proyectarlo directamente en la comunidad.

Hay quien se propone sacrificarse con dietas, ejercicios, cuidar al perro o al gato, o hasta bañarse más seguido. Aquí el evangelio es más que claro cundo afirma que lo que realmente importa es aquello que hacemos en beneficio de nuestros hermanos, eso es lo que vale la pena y es en realidad donde necesitamos crecer para ejercer una real caridad.

Las obras de misericordia más recomendables son:

OBRAS CORPORALES DE MISERICORDIA

1. Dar de comer al hambriento

2. Dar de beber al sediento

3. Dar posada al necesitado

4. Vestir al desnudo

5. Visitar al enfermo

6. Socorrer a los presos

7. Enterrar a los muertos

OBRAS ESPIRITUALES DE MISERICORDIA 

1. Enseñar al que no sabe

2. Dar buen consejo al que lo necesita

3. Corregir al que está en error

4. Perdonar las injurias

5. Consolar al triste

6. Sufrir con paciencia los defectos 

de los demás

7. Rogar a Dios por vivos y difuntos

Éstas son reales, ponerle likes a los que sufren o tienen hambre no sirve de nada, lo que hagas con estas obras llegará hasta los cielos.

“Se ha cumplido el plazo…”

“Se ha cumplido el plazo…”

Marcos 1, 12-15

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto.

Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: –«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio».

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Pareciese que al afirmar que el plazo se ha cumplido, tenemos una sensación de falta de oportunidades, en realidad no es así ni nunca ha sido, se refiere muy concretamente en un plano muy positivo de que el plazo del mal ha caducado y la nueva oportunidad se ha brindado en Cristo Jesús.

Este primer domingo de cuaresma remarca esa oportunidad, iniciamos este año, la nueva y excelente etapa abierta de gracias durante este tiempo especial, por ello la invitación es muy clara, la novedad esta a la puerta por lo que no hay que temer a lo nuevo cuando más que impuestos estamos a sobrellevar el mal pleno en nuestras vidas.

Pero ¿cómo podemos iniciar una nueva etapa?, si no somos capaces de dejar nuestras antiguas rutinas de pecado. Para ello es necesario como el mismo evangelio lo remarca, una conversión que implica precisamente tener una confianza total, creer en aquello que pensamos es imposible.

La confianza en Dios creo que no sería problema, creo que el mayor miedo es a nosotros mismos, a nuestros egos, a nuestras tediosas rutinas, a perder lo poco que tenemos aunque nos esté dañando, dígase situaciones, personas o cosas, sin ser capaces de mirar hacia adelante con las mejores opciones en la vida. 

El plazo de eso negativo en tu propia vida ya caducó, ya no vale la pena, no pretendas vivir atado a lo anacrónico y descontinuado como lo es el pecado, que se presenta como novedad y como necesidad, lucrando con tus dependencias, cuando lo nuevo esta presente, y se te invita a crecer a la altura a la que estás destinado. 

La oportunidad inicia y continúa ésta cuaresma. Animo, se ha cumplido el plazo, ahora ya puedes ser más y realmente feliz.

“Justos y pecadores”

“Justos y pecadores”

Lucas 5, 27-32

En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: –«Sígueme».

Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: –«¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»

Jesús les replicó: –«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan»

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Existen los conceptos de santidad, también expresada bíblicamente en las personas como “justos” al igual que el término inequívoco de pecado o pecadores, términos que aplicados radicalmente se convierten en una exageración y, hasta mal intencionada tanto en un lado como en otro, de igual manera negativo tanto en el concepto religioso como en el pagano.

Conceptos que no deben de radicalizarse ni absolutizarse ya que se utilizan como un elemento despreciativo. Por un lado los que “se sienten justos” suelen suplantar una imagen de bondad, sobre todo ante el qué dirán, cuidando la imagen más que la espiritualidad en todos los niveles posibles habidos y por haber, se tornan en jueces parciales tomándose el derecho de remarcar las faltas en los demás, como si ellos y ellas estuvieran exentos o como si ya gozaran en pleno de la eterna santidad. 

En cierta medida son indeseables porque abruman el ambiente envenenándolo totalmente de prejuicios y exclusiones selectivas faltando entera y plenamente a la caridad en todos los aspectos, sobre todo en el trato con los demás.

Por el otro lado tenemos a los que se sienten pecadores, como excusa de impureza para alejarse del compromiso y la relación con lo sagrado y divino. Es un falso reconocimiento del pecado sin ser conscientes realmente de su gravedad, ya que no atienden su salud espiritual ni se reconcilian con Dios.

Olvidamos que el “justo peca siete veces” al día, dicho popular que revela la verdadera condición del cristiano en constante renovación permanente, dónde basta reconocer el pecado real para sanarlo, dónde se busca día a día la santidad, la cual no será plena sino hasta que estemos cara a cara con nuestro Creador. 

Ni hay totalmente pecadores, ni totalmente justos, somos maravillosamente perfectibles tanto en uno como en otro aspecto y todos oscilamos entre los mismos. Por ello lo más sano es reconocernos pecadores, ya que por ahí empieza la verdadera santidad.