“…Ése es mi hermano…”

“…Ése es mi hermano…”

Marcos 3, 31-35

En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan. Les contestó: –¿Quienes son mi madre y mis hermanos? Y, paseando la mirada por el corro, dijo: –Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

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La familia nativa y original en la que Dios pretende enviarnos a este mundo, es un signo ya de el acompañamiento que provee a nuestro lado en la persona de nuestros padres y familiares, nunca nos envía solos, siempre el entorno será cálido y amigable, bueno ese es el plan de Dios, por lo que si en nuestras circunstancias personales no aplica exactamente como tal, no es porque Dios así lo desee, ya que el proceso de tu concepción y venida al mundo implicó a tus potenciales padres en las circunstancias que hayan coincidido en sus vidas, pero si el resto no se dio idealmente, ya no es porque Dios tenga ese plan, sino porque nosotros como seres humanos le cambiamos el proyecto y no respondemos como tal.

Sin embargo, sea o no el plan humano responsable ante el proyecto de la familia, de igual manera Dios re-adapta su plan para hacerlo coincidir con el tuyo, porque nadie en lo absoluto es indeseado de Dios, todos estamos aquí por su designio y por ende con una misión concreta que nos irá revelando en el camino, para lo cual vale la pena estar atentos.

Jesús fue concebido en el mismo plan, sin distinción ante el ser humano, con la excepción de su divinidad y el pecado, respetando el proceso natural del crecimiento ordinario de un ser humano, por ello es parte de una familia, que de igual manera lo acogió desde su nacimiento hasta su vida independiente.

En ese mismo esquema nos incluye a todos y nos hace ser conscientes de que si la familia en tu vida no fue funcional, no importa, te está invitando a ser parte de la nueva familia en la fe, donde recibirás aquello que en su momento no pudiste recibir, y donde podrás desarrollar plenamente tu correcta voluntad y afectos.

Pero si nos cerramos, incluso los que nos decimos hijos de Dios o cristianos, a pretender tan sólo aceptar a los que vienen de familias perfectas, a los buenos, no sólo a la religión, sino a la misma relación amistosa, estamos truncando el plan de la familia de Dios no al rechazar al otro donde sus circunstancias son disfuncionales, sino a encapsularnos en nuestra pseudo-familia “perfecta” que no respeta el proyecto de Dios, y que así es imposible que esté unida a Dios.

Jesús nos recuerda que ya tiene el valor de su propia familia, lo siguen buscando, pero no rechaza e incluye a aquellos en el mismo amor y aceptación a tal grado de llamarlos “ése es mi hermano y mi hermana y mi madre”. Si aún no los incluimos, nos falta.

“Unos letrados decían…”

“Unos letrados decían…”

Marcos 3, 22-30

En aquel tiempo, unos letrados de Jerusalén decían:

—Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.

El los invitó a acercarse y les puso estas comparaciones: —¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil, no puede subsistir; una familia dividida, no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre.

Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

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Los conocimientos adquiridos en nuestro esfuerzo personal, ciertamente forman nuestra vida así como nuestro esquema de pensamiento, el cual junto con nuestro perfil psicológico deriva en algún esquema de pensamiento que se nos acomoda, o en ciertas ideologías.  En otros casos nos valemos de ellos para afirmar quienes somos, o quiénes pretendemos ser, pero el estudio no lo es todo en nuestra vida, es un elemento básico y muy importante, pero el hecho de que seamos letrados, no es garantía de que seamos excelentes personas, porque hay que ver también cómo estamos en el ámbito de la estabilidad emocional así como en la espiritual.

Aquí en concreto, ante Jesús, a dichos letrados, aquellos que se mencionan en el evangelio, no les vamos a quitar el título, pero es muy cierto que se ponen a opinar sobre campos que no les incumbe, que no han profundizado en ellos y que no tienen idea de cómo manejarlos. Pero que con su autoridad ganada a título sobre papel, se dan el lujo de posicionarse aunque se equivoquen.

A ellos, se les hace fácil desacreditar a otros si lo desean, muy seguros de su rol y estatus, pero que no saben ni se dan cuenta del campo que están tratando. Al contrario en Jesús vemos que vive dentro de la realidad no letrada ni literal, sino verdadera y existencial, con conocimiento certero y experiencia basta; les refuta la consecuencia de sus juicios no fundamentados, de sus críticas y descréditos, porque al parecer no se dan cuenta de que llegan a blasfemar incluso contra el Espíritu Santo, y eso lo esclarece Jesús haciéndolo notar.

A veces de igual manera nos sentimos con todo el derecho y la autoridad para juzgar y afirmar difamatoriamente nuestros propios sentimientos hacia el otro para denigrarlo, pero de igual manera, no olvides ni pases por alto aquello que con tu juicio estás atrayendo hacia tí, simplemente como consecuencia lógica de tus propios actos que no alcanzas a ver hasta donde llegan.

Es por ello, que por muy sobreinformados que estemos, no tenemos el derecho de perturbar otra alma, porque siempre será un reflejo de cuán lastimada está la tuya. Respeto, creo que es lo que debemos de tener ante cualquier situación del otro.

“Cuando arrestaron a Juan…”

“Cuando arrestaron a Juan…”

Marcos 1, 14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el“Evangelio». Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

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Una de las cualidades en las que Dios se manifiesta, es a través de los hechos y acontecimientos que van coordinadamente en sucesión dentro del plan divino, porque nada pasa por coincidencia, todo tiene un por qué y un para qué.

El Caso lo tenemos muy claro, cuando en ésta lectura inicia remarcando “Cuando arrestaron a Juan”, fue el signo evidente para Jesús de que la obra precursora de Juan en cuanto prepararle el camino, había concluido, su obra ya estaba hecha, ahora es el turno de Jesús, donde entonces se marcha a Galilea para realizar certeramente su misión anunciando que es tiempo, que debemos tomar una actitud de preparación e iniciando a elegir a sus discípulos y apóstoles que continuaran su obra.

Dios va disponiendo a las personas y situaciones de una manera sublime y a veces imperceptible, sobre todo para los distraídos de las cosas de Dios e inmersos obsesivamente en las cosas del mundo, sin un equilibrio que conjugue ambas realidades. 

Podríamos pensar que las cosas no salieron bien, porque arrestaron a Juan Bautista, lo asesinarán posteriormente, a Jesús lo rechazan incluso los suyos, el panorama no pinta bien para nosotros, pero lo que no vemos es que la obra se está afianzando lenta pero de manera segura.

Y es que Dios no obra conforme a nuestros ideales y perfectos planes, sino que se vale de todo, hasta de las propias obra negativas, para incluso con ellas glorificar a Dios. Eso no cualquiera lo entiende, pretende que Dios obre tan sólo en lo bueno y perfecto, pero inclusive dentro el máximo dolor que se presenta, Dios está al pendiente para que el resto salga bien, no importa el medio ni las circunstancias, pero hay que saber verlo, porque el dolor humano, los odios adquiridos y los sembrados velan totalmente la mente y la paz del alma.

Sin embargo tanto Juan como Jesús completaron su obra, los aspectos negativos no son divinos, surgen de la capacidad humana de denigrar la propia dignidad demostrando que tan bajo puede caer y lo ha hecho. Por ello, Dios está en todo y nada queda sin su mirada ni sale de su plan, aunque malamente nosotros lo cambiemos, Dios cambia el suyo para obtener lo mejor de ello.

“Decían que no estaba en sus cabales”

“Decían que no estaba en sus cabales”

Marcos 3, 20-21

En aquel tiempo, volvió Jesús con sus discípulos a casa y se juntó tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.

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Cuando hay personas que difieren de nosotros en su forma de vida y pensamiento a veces radical al nuestro, o cuando no lo alcanzamos a entender por donde va su obra, lo más común es juzgar atacando a la otra persona afirmando categóricamente que no está bien en sus capacidades, así nos defendemos y no quedamos mal, sino que sembramos previamente la distracción en la otra persona para que sea el centro del asunto.

Pero olvidamos que al final de cuentas, somos totalmente conscientes y responsables por todo aquello que digamos, aunque se nos haga fácil hablar, lo que surja de nuestra boca, es nuestro, porque no basta con soltarlo a los cuatro vientos, si con esos comentarios pretendemos buscar un fin ya sea bueno o malo para las demás personas, también tiene un origen, y si el origen eres tu, pues en su momento tus propias palabras te condenarán.

No es que sea una maldición, sino que en realidad es una consecuencia lógica propia, porque todo en este mundo tiene una causa y un efecto. Nuestra actitud debería ser un poco más prudente, ya que al hablar sin conocer, creo que nos defenderíamos más si nos quedamos en silencio, en vez de sembrar un mal y recoger los mismos frutos.

A veces como con Jesús, es la propia familia la que juzga y afirma dichas loqueras, pero bendito sea Dios que es este tipo de loquera y no otra peor.

“Los llamó”

“Los llamó”

Marcos 3, 13-19

En aquel tiempo, Jesús subió a la montaña, llamó a los que quiso, y se fueron con él. A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges —los truenos—, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, que lo entregó.

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Por lo general solemos pensar que en nuestra vida tenemos una capacidad de elección muy diversa y a su vez selectiva, es decir, tenemos un amplio margen de seleccionar lo que más nos agrada, creemos que todo está dispuesto en nuestra voluntad y que hacemos lo que mejor nos parece.

En realidad, sí puedes elegir lo que desees a tu mejor gusto, pero muchas veces elegimos más que selectiva, condicionadamente, porque los gustos aunque ya se van perfilando en tu vida desde el nacimiento y se van acentuando durante el crecimiento, muchos de ellos son implantados, ya sea por elección de la propia familia o en exigencias optamos por lo contrario; como cuando en tu casa se usa preparar casi a diario arroz, o quedas impuesto, o lo odias de por vida, así mismo reaccionamos en todos los niveles de la vida, no somos tan libres de elegir cuando ya estamos predispuestos a algo previamente implantado, ya sea con el ejemplo o las costumbres.

Ahí tenemos el caso de aquellas personas que buscan una pareja, suelen repetir patrones iguales o semejantes a los de sus padres, tanto en virtudes como en vicios y esa aunque es una libertad de elección, la condición implantada predomina y eso no es libertad de elección, aunque te parezca que sí.

Una gran ayuda es la que Dios nos brinda cuando nos llama, porque la elección en parte es tuya de seguirlo, cuando en realidad estás respondiendo a un llamado al que eternamente fuiste elegido, porque Dios que te conoce y que te ha dado los dones necesarios para las tareas que sabe con ellos las harás eficientemente, como frutos para tu propia santificación.

Cuando te llama, confirma su plan sobre ti, te ayuda a discernir tus mejores elecciones en la vida sin equivocación, sin predeterminaciones, ni limitaciones en tu libertad, porque sabe que lo que te pedirá, es lo que puedes dar. Es por eso que a los doce los llamó, sabiendo que podían decir que no, pero que escuchando su corazón, se saben en el camino correcto.

Al igual a nosotros nos llama a santificarnos ahí donde estamos, con las circunstancias que vivimos, y los problemas reales que nos afectan, por ello te puso donde puedes, para que con aquello que vives tu mismo te santifiques, por eso te llamó.

“Se le echaban encima para tocarlo”

“Se le echaban encima para tocarlo”

Marcos 3, 7-12

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

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En la historia que conocemos de la humanidad, aunque existen bastantes cambios radicales en la forma de vida y costumbres de las personas, encontramos realidades que jamás ha dejado de existir, son las situaciones en las que caemos comúnmente en medio de nuestros cansancios, que nos hacen reaccionar a veces sin pensar violentamente, que revelan el estado anímico y espiritual en el que hemos caído.

En el mismo evangelio encontramos esa misma situación, no quiere decir que era propio de su tiempo, pero nos da una idea clara del entorno como e vivía en su momento. habla de situaciones en las que al presentarse Jesús se remarcan aun más radicalmente porque las personas sueltan el peso que vienen cargando en el mismo Jesús en quien están confiando.

Es por ello que se remarca “Se le echaban encima para tocarlo”, es un signo que revela esa situación humana que nunca cambia cuando la gente se estanca en sus propios problemas haciéndolos ordinarios como si fuera eso lo más normal.

Aquí es donde no debemos de juzgar esas situaciones porque cuando se dan, nos indican todo lo que hay detrás de los mismos, y si llegamos a caer en las mismas situaciones es porque hemos perdido el rumbo y el sentido a la confianza en Dios, además de hacer notar la debilidad espiritual propia, donde todo afecta y se refleja en el cansancio humano.

Por ello debemos de siempre fortalecernos para que esos brotes muy humanos no hablen por nosotros, sino que siempre tengamos puesta nuestra confianza en Dios, en  confidencialidad.

“Silencios que matan”

“Silencios que matan”

Marcos 3, 1-6

En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis: —Levántate y ponte ahí en medio.

Y a ellos les preguntó: —¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?

Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: —Extiende el brazo.

Lo extendió y quedó restablecido. En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

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Una de las actitudes que creemos la más prudente, cuando se presenta un problema muy cercano a nosotros, sería la actitud de no entrometer nuestras vidas y opiniones en los problemas de otros, pero eso en realidad no es prudencia, es en cierta manera cobardía; no significa que tengas que hacer tuya la situación cuando no te pertenece, ni que tengas que obrar como si el problema fuera tuyo, sino que existen un sinnúmero de oportunas intervenciones que podemos hacer.

La primera verdaderamente prudente sería no tomar partido con ninguna persona, sino con la verdad, aquí existe una real oportunidad de sanar la situación en vez de remarcar el error o la negativa de una persona que la empeoraría, pero si la intención va un tanto viciada con tendencia a sacar provecho de eso, entonces te haces reo de culpa por apoyar situaciones no legítimas.

Aquí el problema real radica cuando no se desea seguir la verdad del hecho en sí misma, como lo es el caso del evangelio, en que buscando el mejor y mayor bien de una situación, Jesús pregunta si es lícito hacer un bien mayor del que la ley propone, y aunque sabiendo la verdad, el mal radica cuando tomamos actitudes de silencios que matan, es decir, pecamos de omisión, no dejando al olvido que es una falta en sí misma por la oportunidad de santificarnos ante la posibilidad de ejercer un bien al prójimo.

La omisión no es prudencia, es pecado, porque no basta en la vida con no hacer el mal, lo que si basta es además hacer el bien. Pero si estamos acostumbrados a guardar silencio y no hacer nada realmente oportuno y prudente, estarás negando tu propio ser que fue hecho para el bien, cuando menos iniciar orando para encomendar esa situación, ya es mucha ayuda, poner primero la intervención divina, antes de la emocional humana donde nos podemos equivocar, pero nunca quedar indiferentes, porque eso lo primero que mata es tu propia vida divina.

“Es señor también del sábado”

“Es señor también del sábado”

Marcos 2, 23-28

Un sábado atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas.

Los fariseos le dijeron: —Oye, ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?

El les respondió: —¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.

Y añadió: —El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del Hombre es señor también del sábado.

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Es tanta y tan eficiente la libertad que Dios nos otorga, a tal grado de pensar que el mundo depende de nosotros, como si la realidad fuera como nosotros la deseamos ver e interpretar. Sí, es tan grande dicha libertad que hasta independientes nos sentimos de todo, incluso hasta de Dios, pero es un sentir que lo vivimos como real, porque al final somos dependientes, incluso del aire.

Es por eso que con esa misma libertad, libremente creamos nuestras propias cadenas y nos amarramos con ellas, creamos nuestras propias leyes y las ceñimos a los demás, formamos nuestros propios criterios y los aplicamos a nuestra propia familia y amistades. Lo peor del caso es que nos la creemos tajantemente coartando nuestra propia libertad y lo mismo no se diga en el plano del pecado, que nos sentimos con la libertad y el derecho de pecar, pero del cual dependemos a veces como un vicio cíclico del cual no podemos salir.

Aquí es donde Jesús viendo hasta dónde hemos llegado, inventando e implementando leyes positivas, en éste caso la ley de Moisés, que difiere de la Ley de Dios, porque le es un anexo muy re-elaborado y extendido de los diez mandamientos; por lo que viendo las consecuencias tan radicales que expone a la misma humanidad, de eso también pretende librarnos.

Es por ello que remarca sobre esa ley, aunque hecha con una intención inicial muy buena, raya en la exigencia humana olvidada de la caridad que es el fundamento principal de la Ley y, viendo eso Jesús remarca a todo derecho que él no se ciñe a dichos mandatos humanos, cuando vive plenamente una ley más legítima la cual pretende restaurar, porque si esos mandatos soy de intervención humana, él exige los de intervención divina, por ello confirma que ante la ley del sábado, el es Señor también de ella y sobre ella.

Tan fácil que es vivir los preceptos divinos, de los cuales derivan el resto de los positivos humanos, pero si no conocemos la base y el fundamento, jamás podremos entender ni vivir el resto sabiendo de dónde vienen ni a donde van. Y no olvides que antes de las leyes humanas, cualesquiera que sean, la base deben ser las del Señor, si no, todo se desvirtúa y manipula, cuando no se corrompa ya.

“A vino nuevo, odres nuevos”

“A vino nuevo, odres nuevos”

Marcos 2, 18-22

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: —Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?

Jesús les contestó: —¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar.

Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán. Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.”

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Dentro del entorno de nuestra vida, vamos conociendo directamente, mediante la experiencia aquellas personas, situaciones, ideologías, sistemas y cosas, con las que en su momento ya nos familiarizamos, tomando posturas naturales ante ellas en cierta medida, mas sin embargo, los tiempos cambian y con ello a su vez arrastra todo a vientos nuevos de cambio, por lo que cuando la novedad se hace presente, a veces nos tornamos algo renuentes al cambio.

Pretendemos estancarnos cómodamente en lo que ya conocemos y manejamos en dominio al alcance de nuestras posibilidades y, lo nuevo, sobre todo cuando no se conoce, ocasiona inicialmente una actitud de rechazo.

Pero los cambios son inevitables, es la dinámica de la vida, siempre buscar la novedad, además de que siempre son buenos, aunque para los que no desean renovarse será una crisis hasta de identidad. 

Inclusive la misma dinamicidad de la Palabra de Dios, es tan actual a cada tiempo que no hay que renovarla, y lo que se dijo ayer, que se sigue diciendo hoy, adopta cada vez un sentido más profundo siempre en la misma verdad y es más comprensible, así como adaptable.

Si ni las propias células de tu cuerpo son las mismas, ya que está comprobado científicamente que se renuevan cada siete años, siempre somos nuevos aunque no seamos conscientes de ello.

Es por ello que en esa misma dinámica Jesús expone, ante la novedad de su Palabra, estar abiertos para adoptar de igual manera esa espiritualidad, que a veces pareciese que se contrapone con las tradiciones humanas, pero que en realidad son los miedos los que salen a relucir ante la novedad.

No hay que tener miedo, lo nuevo es siempre una bendición, por ello “a vino nuevo, odres nuevos”

“Vengan y lo verán”

“Vengan y lo verán”

Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?»

Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»

Él les dijo: «Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).

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Ante el reconocimiento de Juan el Bautista de Jesús, nos encontramos con otra realidad, vemos cómo un testimonio hace que a los cercanos a él llegue la acción de Dios, y el caso es claro, porque aunque Juan es quien lo reconoce, en realidad los que lo siguen son dos de sus discípulos, y a su vez, ellos atraen a otros como lo vemos cuando acercan en el mismo esquema a Pedro.

Precisamente esa es la dinámica de Dios, no importa si se es seguidor o no, el testimonio ya es una gracia de la cual Dios se vale para mover a los corazones de otros, porque al final, dejamos permitir ser instrumentos de la gracia de Dios y eso a veces sin darnos cuenta, porque no deja de obrar.

Si un simple comentario positivo lleva la acción de transformación interior, cuánto no será aún más si lo hacemos con un conocimiento certero, aquel que se profundiza precisamente acercándose a Jesús, porque es necesario empaparnos de Él, para poder más eficazmente ser instrumentos del Espíritu Santo, porque si de suyo tan sólo un buen ejemplo ya afecta, será más eficaz si esa misma persona se dispone conscientemente a la gracia para ello, entonces todo se dará en plenitud.

Es por ello, que no basta escuchar de Jesús, hay que ir y verlo con nuestros propios ojos, encontrarnos con él, vivirlo de cerca, porque entonces veremos claro y ya no nos lo contarán, sino que seremos testigos del mismo amor de Dios, y su vez testimonio inefable para los hermanos.

No duden, vengan y lo verán.