“La verdad en un mundo de Hipocresía”

“La verdad en un mundo de Hipocresía”

Lucas 13, 10-17

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: —Mujer, quedas libre de tu enfermedad.

Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: —Seis días tenéis para trabajar: venid esos días a que os curen, y no los sábados.

Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: —Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro, y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?

A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

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Lamentablemente vivimos en un mundo que ha caído en la paranoia de las dependencias y las adicciones en todos los ámbitos de la vida, no me refiero tan sólo a los casos clínicos en crisis manifiesta, sino también a aquellos que han sido inducidos como un plan de control en cada uno de nosotros, los cuales se han oficializado como socialmente aceptables aunque cuando se remarcan son causa de escándalo sobre todo cuando se habla con la verdad..

Tenemos el caso de la manifiesta tendencia al abuso de la sexualidad, por todos los medios se presenta un erotismo explícito que incita a un libertinaje sexual, claro, la sexualidad puesta en el plano de la morbosidad vende con ganancias multimillonarias, nos hacen dependientes de ella, para luego ante una falta en ese ámbito, escandalizarnos, poniendo el énfasis en la persona acusada para que o miren hacia nosotros que estamos igual o peor. Eso es Hipocresía. Les espanta, pero les encanta.

Ante tanta dependencia ya oficializada y comercializada, todo mundo busca cubrir su cuota buscando aquello que lo satisface como una droga sin ser estupefacientes, ya sea el sexo, el romanticismo, las relaciones personales, no podemos vivir sin ellas de manera normal, sino utilizando inclusive a las personas, aquellas que no nos importan sino tan solo para que nos den lo que necesitamos obsesivamente: atención, romances narcisistas y sexo.

Eso hace que perdamos el piso, ya no vivamos en la realidad y entremos en el mundo de la fantasía, rechacemos la verdad, los valores morales, perdamos la espiritualidad por obtener las dosis de las que dependemos, incluso lo que erróneamente llaman amor. Ante ésta realidad, viviendo de manera hipócrita la verdad duele, y es evitada hasta violentamente.

Para muestras fíjate en los medios de comunicación, todo el tiempo están dando las dosis de lo que dependemos, Amores imposibles, Sexo, relaciones cósmicas con las princesas y príncipes azules, todo inalcanzable e insaciable, pero anclados a ellas. Hasta en el face si se publica algo que alimente las dependencias y todo mundo le pone likes, pero publica la verdad de una situación o de cómo superar las dependencias y todo mundo la rechaza porque le tiene miedo.

Es my difícil presentar la verdad en un mundo enfermo y lleno de hipocresía, porque ahora resulta que los sanos son los locos.

“Este mandamiento es el principal…”

Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: —Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

Él le dijo: —«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

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Todo, pero absolutamente todo tiene un fundamento, una base, un principio, si hablamos de helados de sabores, el fundamento será el frío; de zoológicos, serán los animales; de negocios el dinero, y así cada cosa tendrá su razón de ser, En el caso de la religión, podríamos pensar en que el fundamento es Dios, pero como el termino religión viene del vocablo latino re-ligare, unir con… el fundamento principal es el amor, es el motivo principal y único por el que existimos, para unir al Creador con la creación y permanecer.

A lo mejor ponemos como base fundamental el pecado, la ley con sus mandamientos, los santos o incluso, respetuosamente a María Santísima. No dejan cada uno de ser muy vitales e importantes, pero la verdadera causa por la que nos creó, estando perdidos nos rescató, y sigue siendo generosamente providente a pesar de nuestras limitaciones, es el amor real, puro y verdadero de Dios.

Porque cuando descartamos el amor de Dios en nuestra vida y relaciones personales, habrá que suplirlo con algo, si es el temor al pecado, la justicia, la religiosidad, todo esto sin amor, cae en desvíos, y por ahí se desenvolverá tu vida, remarcando en exceso esos aspectos, más no el amor.

Imagina si Dios mismo perdiera o cambiara el rumbo y, decidiera que en vez del amor se fundamentara en la justicia, ¿Donde quedaríamos en este preciso momento?, ¿quién saldría ileso?, ¿Quien sería justo?, ¿Tú?, solamente Dios y tú lo saben, de igual manera conmigo y los demás, porque si tu cambias el fundamento en tu vida, no es problema de Dios el que no sepas ni quieras amar, es tuyo y los cercanos a ti pagarán las consecuencias colateralmente.

Tampoco remarcamos que es el único mandato, para tomarlo radicalmente a extremo, simplemente es la base fundamental, el eje, la piedra angular, el principal motor, y la única causa a veces irracional de que estemos en este mundo junto con el resto de la creación, por que todo lo ha hecho con amor y sin amor nada cumple su cometido completamente.

El amar al amor mismo, es amar a su vez lo que ha creado, porque ha emanado del ser mismo de Dios, entendiéndolo y viviéndolo le da sentido a todo, todo lo ilumina, y no atolondradamente, sino ecuánime y sensatamente con la mente y el corazón en la mano,  porque sin el amor, nada vale la pena, nada tiene sentido, pero todo es amado en sí mismo por el hecho de existir, cuanto más tú, cuanto más tu prójimo.

¡¡Dios lo castigó!!

¡¡Dios lo castigó!!


Lucas 13, 1-9

En aquella ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: —¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.Y les dijo esta parábola: —Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?” Pero el viñador contestó: “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás”.
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Son tantas y tan variadas las interpretaciones de las situaciones negativas que nos acontecen que a veces suelen rayar en los extremos más populacheros mitológicos que en la realidad misma.
Ciertamente Dios permite que ciertas circunstancias aún dolorosas se hagan presentes en nuestra vida, pero no para dañar o castigar, porque Dios no actúa de esa manera, así lo proyectamos nosotros y ponemos en su boca nuestras propias palabras: “Dios lo castigó, es un castigo de Dios”.
Esta tendencia ya nos viene algo fermentada desde antiguo, porque en el mismo judaísmo se pensaba que, cuando alguna persona le ocurría alguna desgracia, era porque estaba en pecado o tenía alguna maldición, se les consideraban impuros y rechazados socialmente de su comunidad, se consideraba que el cielo o el infierno ya se vivían en esta vida y, según les fuera, se presentaba uno u otro.
Pero olvidamos que ese no es el pensamiento de Dios, sino el del ser humano que no ha madurado, o se pasa de madurez rayando en podredumbre que es lo que sale en su momento negativamente.
Dios jamás se recrea en el sufrimiento humano, al contrario, si llega, lo aprovecha para remarcar aún más la diferencia del bien al mal, para fortalecerte y probar lo firme que eres acrisolándote.
Cuando usamos esas expresiones de castigo divino, es porque no entendemos realmente la misericordia de Dios, que van más impregnadas del gusto por el mal ajeno, que por la maldad divina que no existe. Es una proyección de nuestro sentir a los demás poniendo en boca de Dios el mal que le deseamos a los demás.

Lo que sobresaldrá en todo serán tus frutos, no los de los demás, cada quien los presentará y ahí se verá cuan abundantes o precarios serán. Por eso en vez de preocuparte si Dios castiga o no y a quién, mejor trabaja en tu propia vida y no en la de los demás.

“Ver lo imperceptible”

Lucas 12, 54-59

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: “Chaparrón tenemos”, y así sucede. Cuando sopla el sur decís: “Va a hacer bochorno”, y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo».

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En general somos muy buenos para presuponer e interpretar lo que vemos a simple vista, a eso lo llamamos primera impresión, sin embargo deberíamos de tener en cuenta que no basta para dar una opinión certera si en realidad no conocemos de lo que opinamos a fondo.

Las conclusiones no dejan de llegar a nuestra mente para posteriormente asentarlo como cierto o real, quedando como una afirmación procesada y aceptada, aunque en sí mismo no tenga fundamento ni referencias palpables para afirmarlo.

Para ese tipo de percepciones estamos atentos por doquier, pero se nos dificulta ver a Dios a través de los signos palpables y evidentes, le reconocemos en teoría para negarlo o afirmarlo, pero en realidad da miedo verlo directamente, un miedo ancestral que desde el antiguo testamento de la Biblia está reflejado (Ex. 33 18ss), era algo que no se podía tolerar, pero que en realidad refleja el temor a ser conscientes de nuestras faltas ante la santidad en pleno.

Sin embargo Dios hace notar su presencia de múltiples maneras, dejando rasgos de su poder y bondad, capacidad tenemos para ello, aunque le cambiamos la identidad llamándolo suerte, circunstancias, coincidencias, destino, etc… 

Se nos invita a ver lo imperceptible, que dejemos la mala imposición a reconocer tan sólo lo fisicamente palpable, todo lo que tiene materia, y que alcancemos a ver al que une y define cada átomo sosteniendo la forma física que ves. Entonces conocerlo y amarlo.

“La contra, la diferencia”

Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

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Todo el mundo desea que la humanidad se mantenga en la unidad, donde todos actúen y piensen igual, bajo un mismo régimen, una misma religión, una misma verdad. Criterios muy válidos y buenos en sí mismos, claro eso pretendemos, sin embargo para ello es necesario tener un conocimiento claro y asimilado de la verdad en sí misma.

La cuestión radica en el hecho de que tenemos una cultura tan vasta y diferente, con diversas corrientes de pensamiento así como varios esquemas educativos que difieren unos de otros, así como sistemas filosóficos de base opuestos en conceptualizaciones que sin la debida sabiduría, derivan en separaciones y antagonismos incómodos y hasta violentos.

Sin embargo debemos entender que mientras se converge en la verdad, esas ásperas relaciones necesariamente se darán, pero no nos debemos de imponer ni radicalizar, porque entonces estaríamos faltando a la coherencia, traicionando el valor de la misma verdad y cayendo en fanatismo. 

Si conocemos la verdad, no debemos preocuparnos, aunque nos den la contra, al final saldrá a relucir por sí misma, además de que en sí mismo es una bendición de Dios el hecho mismo de que nos hagan cuestionar nuestras creencias, a veces para dividir, pero esas diferencias en realidad hacen notar recordando lo que firmemente creemos, además de que son para dar aún más testimonio en la caridad.

Por ello que nos den la contra, remarca la diferencia entre tu postura y la de la otra persona, ocasión oportuna para presentar nuevamente la verdad aunque haya disparidades y reconozcas el valor que posees, he ahí la diferencia.

“Corresponsabilidad”

Lucas 12, 39-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre.

Pedro le preguntó: —Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?

El Señor le respondió: —¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse; llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.

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Más que sabido es el hecho de que todos los bienes adquiridos en tu vida, al final se quedan porque al morir no podemos llevarnos nada, más sin embargo vale la pena recordar que todos esos bienes tienen una misión a tu lado, y ésta es la de proporcionar todas las herramientas para que con ellas te santifiques con una justa y muy buena administración.

Son dones materiales que se nos dan para el camino de ésta vida en mutua corresponsabilidad con el Creador, y el mayor regalo de todos es la vida, aquella que se nos da precisamente para cuidarla el tiempo propio y necesario para devolverla a quien le corresponde.

Todo lo tenemos en corresponsabilidad, nada es totalmente nuestro aunque esté en nuestra posesión, hoy es tuyo, ayer fue de otro, mañana estará en responsabilidad de alguien mas. Porque los medios que Dios nos otorga siempre estarán disponibles para aquellos que en su plan divino los ha incluido y esos somos nosotros, por eso estamos aquí.

Más recibes, más produces, más te santificas, y con ello el premio merecido y aceptado de la vida eterna. y aún con poco obtienes el mismo premio, porque lo que importa no es la cantidad sino lo corresponsablemente administrado.

Por ello hacerlo todo bien, sin sentirnos los dueños aunque lo seamos, así los apegos no limitarán tu santificación

“Y el ganador es…”

Lucas 12, 35-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos”.

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Qué pena debería darnos estar buscando reconocimientos, que pertenecen al área de los deberes ordinarios, y hasta queremos que nos festejen lo más mínimo, porque tenemos un déficit de atención, que tiene sus raíces desde la infancia, donde pedías atención de tus padres y no la obtenías.

Situación superable, pero al contrario, si te mal impusieron a festejarte todas tus simplezas y ahora repites el esquema.

Hoy el Señor es muy claro, lo más sano, es ser conscientes de la lista de deberes naturales adquiridos en base a nuestras responsabilidades ordinarias que debemos hacer sin chistar, porque tenemos la capacidad para ello.

El cumplir con lo ordinario no es nada extraordinario, ni requiere el mérito, (vgr. Trabajar, hacer el aseo, estudiar, ejercicio, etc…) pero dichosos los que ya cumplen plenamente lo ordinario, porque ya están capacitados para lo extraordinario, y hacer después de ello algo más, es entonces donde entramos en el rango de la gracia, la caridad y la generosidad.

Pero si no puedes con lo ordinario, te dejo este reconocimiento en blanco para que lo imprimas y lo llenes con lo que te quieres alabar.

Buen día.

“Maestro, dile a mi hermano…”

“Maestro, dile a mi hermano…”
Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: —Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.El le contestó: —Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?Y dijo a la gente: —Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.Y les propuso una parábola: —Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida». Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?»”“Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.
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En ocasiones somos muy buenos consejeros cuando nuestra experiencia rebasa a la de los más inexpertos, sobe todo en temas y situaciones que nos son familiares y, que han quedado en el pasado como un problema superado, pero la sabiduría adquirida de eso es un tesoro digno de compartirse y el consejo nunca es de mas. 
A veces al pedir recomendaciones o darlas, podemos intentar manipular la situación para un beneficio propio, en donde escondemos una cobardía al no tratar los problemas de frente, tratando de enredar a otras personas con el supuesto consejo o ayuda que se pide, como lo es el caso del evangelio, donde a Jesús le solicitan una ayuda en el caso de una herencia, a lo que responde que no es su papel, no porque no quiera ayudar, sino porque no se va a meter en un problema que no es de Él, el cual le corresponde al otro solucionarlo.
El problema no radica en solucionar la relación familiar, sino en las tendencias avariciosas que se notan directamente, si la situación repercutiera en la familia, en la conversión, en una actitud de crecimiento en la fe, no dudo que sí hubiera ayudado, pero ante un fin particular y egoísta, cobardemente manejado no es lícito.
Es que somos buenos para manejar personas y obtener beneficios particulares, no importa la dignidad que tengan, si lo puedo usar, lo hago, esa es la actitud neoliberal de quienes no respetan los valores ni los tratos para obtener lo que desean a su modo.
Es por eso que Jesús nos invita a saber enfrentar directamente nuestros propios asuntos, sin inmiscuir a otros que no les atañe, lo malo es que cuando no hacemos las cosas bien, no podemos levantar la frente en alto y exigir lo que no podemos dar, por eso manipulamos a los demás para que lo hagan por mi, pero dañas y enredas a quienes no tienen nada que ver en tus propios asuntos.
Dios no está para hacer lo que a tí te corresponde, aunque se lo pidas con toda la amabilidad y devoción del mundo, de hecho la ayuda la tienes de primera mano de Dios, pero el resto y esos detalles a veces incomodos te tocan a tí, aprende a manejarlos y el resto será historia.

“Den a Dios, lo que es de Dios”

“Den a Dios, lo que es de Dios”


Mateo 22, 15-21


En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: —Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: —Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto. Le presentaron un denario. Él les preguntó: —¿De quién son esta cara y esta inscripción?Le respondieron: —Del César.Entonces les replicó: —Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
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Ciertamente ¿a Dios qué le podríamos ofrecer?, si todo le pertenece, es el mismo autor y creador de todo, y como que no resulta muy lógico que Dios nos de lo mismo que le vamos a regalar, como que estamos impuestos a la novedad y a la sorpresa.
Nosotros estamos muy impuestos a regalar algo que agrade o sea útil a la persona receptora, pero a Dios se le puede regalar algo un poco más elaborado, con una intención muy bien definida, basta con devolver agradecidamente sus propios bienes, pero impregnados con la reciprocidad del amor.
Es como un padre de familia, que se sabe el proveedor único de los ingresos del hogar, más sin embargo, en algún aniversario, la familia le brinda un regalo, obtenido con mucho sacrificio, pero lleno de afecto y agradecimiento. Sería injusto si reclama que él mismo se dio al final de cuentas su propio regalo, por manos de los suyos, pero no, el regalo es auténtico porque devuelve con creces aquello que generosa y desinteresadamente da, aumentado con el detalle del amor y la dedicación especial que es lo que realmente vale la pena.
Dios en el mismo esquema, agradece que complementemos su creación y le devolvamos aquello mismo que Él nos ofrece pero con una acción que lo plenifica y lo hace especial porque ahora implica la respuesta bien intencionada del ser humano quien lo selecciona y lo dedica a Dios mismo.
Es por ello que, no importa dar a Dios lo que es de Dios, porque ahora es fruto en colaboración con el trabajo humano, así mismo es importante tomarle en cuenta en todas nuestras labores y pagas, porque no todo debe ser egoístamente para nosotros, de esa actitud nace el diezmo y las primicias, que aunque son suyas, dedicarlas a Él, demuestran nuestro total y concreto agradecimiento, muy bien aceptado y visto por Dios.

Estamos impuestos hasta obligadamente a pagar al César lo que le corresponde civilmente hablando, pero naturalmente deberíamos de pagar a Dios lo que generosamente nos da con sus propios bienes, como lo afirmamos en la eucaristía del día a día durante el ofertorio: “Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos…”, es muy bueno dar a Dios lo que es de Dios, porque ahora no habla de Dios, habla de ti.

“No conveniencia, aunque conviene”

Lucas 12, 8-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del Hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del Hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará. Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir».

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Una de las actitudes que el cristianismo promueve ante todo, es la autenticidad basada en la caridad, la cual debe de estar sustentada en un amor genuino y verdadero a Nuestro Señor Jesucristo, no como un ente superior y lejano, sino como aquél amigo que siempre está esperándonos y dándonos su mano en todo momento.

Pero da la casualidad de que a Jesús lo reconocemos por lo general con un amor auténtico mientras pasa la infancia, porque posteriormente en las siguientes etapas de la vida parece no tan grato amarle y seguirle, pero da la casualidad que al llegar la edad adulta o vejez, místicamente surge nuevamente el amor a Dios.

Mira, qué casualidad, tan sólo cuando eres vulnerable y te ves frágil convenientemente recurrimos a Dios para sanar nuestras necesidades y solventar las penas, pero cuando estamos sanos y llenos de vida, pensamos que las podemos solos. Ahh pero que no te suceda algo negativo porque entonces convenientemente lo vuelves a buscar, tan sólo en las crisis y la necesidad.

Sin embargo vemos que nosotros a Jesús no le convenimos ya que ningún provecho saca de nosotros, no le somos útiles, pero por el contrario aún así no deja de amarnos, ni nos busca tan sólo cuando tiene necesidad, su amor es pleno y constante. Los inestables somos nosotros que no sabemos valorarlo, sino cuando nos es necesario y a veces por orgullo ni eso.

Pues ya es una ventaja que de conveniencia lo busques, pero recuerda que en la medida que lo niegues con la vida, al no tomarlo en cuenta incluso en tus alegrías y fortalezas, estarás dando a conocer cómo deseas que la relación de Dios se de contigo. Abre tu corazón y tu mente que no cuesta nada y el beneficio es mayor, porque de la conveniencia se pasa a la necesidad de amarlo en toda circunstancia y en todo tiempo.