“Hablar con Testimonio”

“Hablar con Testimonio”

Juan 1, 29-34

En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: “Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Éste es aquél de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que Él sea dado a conocer a Israel”.

Entonces Juan dio este testimonio: “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre Él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquél sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ese es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.

____________________

La eficacia de una palabra, radica en su verdad y no en su idea, y no depende de lo bello que se exprese ya sea magistral o artísticamente, sino en el impacto que conlleve en la propia vida.

Es ahí cuando el transmitir un mensaje exprese aquello que contiene, porque cuando es todo una simple idea muy bien estructurada, no hace mucho, pero cuando viene reforzada después de asimilarla con la propia vida, transforma por el mismo testimonio que la sostiene.

Juan Bautista habla no solamente de lo que le fue revelado, sino de aquello de lo que es testigo, no le cuentan, él lo vivió en la cercanía con Dios y con Jesús en su momento.

Aquí no entran los supuestos, ni la imaginación, ni lo que opina el otro o uno mismo según andemos ese día de ánimos, sino de los hechos que hablan por sí mismos y por quienes los vieron y vivieron de manera presencial. Es decir se habla lo que es y no lo que se supone porque en ello radica la verdad.

Es por ello mejor hablar de lo que conocemos y nunca de los que suponemos, ya que los supuestos hablan de nuestra falta de conocimiento ante la verdad. Eso es el testimonio.