“La cosas como son”

“La cosas como son”

Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: –«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día.

Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico.

Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.

Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas».

Pero Abrahán le contestó: Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.

El rico insistió: Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.

Abrahán le dice: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen».

El rico contestó: «No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán».

Abrahán le dijo: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto».

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Invariablemente solemos pensar tan sólo buscando todos los beneficios de manera personal, como que somos el primero y el principal objetivo de nuestra vida, que no tiene nada de raro, ya que es muy legitimo cuidar de sí mismos, para poder estar sanos y dispuestos para los deberes así como para los demás, ya que indispuestos es imposible.

En ocasiones mientras todo fluya a la perfección para nosotros, no importa tanto el resto del mundo, pero cuando las cosas no van tan bien y nos llega a suceder una inconveniente situación, entonces requerimos de toda la consideración posible como una excepción a la regla, porque se trata de nosotros. Si no fuimos caritativos, requerimos la caridad, si no fuimos amables, aquí solicitamos la amabilidad, etc… a tal grado de exigir lo que no dimos, sin ceder nuestras posturas para con los demás.

Lo mismo acontece la parábola del Rico Epulón, donde jamás se dignó hacer la más mínima obra de caridad, pero en su crisis la requiere y hasta entonces se torna compasivo cuando es inútil ya.

Por eso las cosas como son, todo en este mundo es claro y nuestra forma de vida ya dice lo que deseamos, pensamos y obramos, por lo que al final no esperes algo distinto que no va con tu ideal ficticio de bondad alejado abismalmente de tu realidad mundana. Ahí tenemos todo a la mano, si no lo aprovechamos no es culpa del creador, sino de nuestra voluntaria distracción.

“¿Somos capaces de…?”

“¿Somos capaces de…?”

Mateo 20, 17-28

En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo: –«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».

Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: –«¿Qué deseas?»

Ella contestó: –«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».

Pero Jesús replicó: –«No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?»

Contestaron: –«Lo somos».

Él les dijo: –«Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: –«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que, los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos». Mira, Señor, con bondad las ofrendas que te presentamos y por este santo intercambio de dones, líbranos de la esclavitud del pecado.

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Buscar un fin en la vida, es muy bueno y válido, habla de un proyecto de vida; sin embargo llegar a esa meta implica los medios de los cuales te valdrás para obtenerla, por lo que existen en éste rubro varias vertientes, unas fáciles y otras con esfuerzo. Claro ellas dependen totalmente del medio ya sea legítimo o ilegítimo.

En el caso del evangelio, independientemente de la confusión que en su momento impera en sus discípulos por no entender “El Reino de los cielos y su misión” buscan un objetivo concreto, estar cerca de Jesús en su reino, pero los medios que usan en su momento, como lo es utilizar y enviar por delante a su mamá, habla de cobardía buscando llegar por  medio de influencias y favores, eso habla de la discapacidad de las personas de trabajar para merecer el lugar.

Actitud nada nueva en nuestros tiempos, ya que realmente hoy encontramos personas  preparadas, dignas de altos cargos y responsabilidades que no están donde deberían, sino que nos encontramos con otras usurpando los lugares, aquellos quienes no dan el ancho y por ende no dan el servicio ni cubren la responsabilidad esperada.

Por ello al buscar nuestros objetivos, realmente en conciencia preguntarnos si somos capaces de llegar, de luchar, de comprometernos, de donarnos y entregar todo por ello. La actitud servicial ayuda a ubicar tus metas y hacerlas sin dificultad realidad, porque además de tu esfuerzo real y entregado no sólo serás capaz de… sino a su vez digno de… Animo al final el Señor le da a cada uno lo que realmente merece.

“Todas sus obras las hacen para ser vistos…”

“Todas sus obras las hacen para ser vistos…”

Mateo 23,1-12

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas.

Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame “Rabbí”.

»Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie “Padre” vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar “Doctores”, porque uno solo es vuestro Doctor: Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».

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Me pregunto, ¿a quién no le agrada ser reconocido en lo que hace?, yo creo que a todos, aunque en realidad a algunos nos da pena cuando menos en lo público, cuando en lo personal y discreto siempre es un aliciente.

No siempre es muy bueno dicho reconocimiento, porque cuando se busca explícitamente, entonces se pierde la finalidad de la obra o acción en sí misma, tan sólo tratando de ensalzarse uno mismo. De esa manera mengua la calidad del servicio porque se busca sólo la mención honorífica.

Aquí es donde solemos hacer las cargas pesadas a los demás para dicho fin, los utilizamos. Cuantas veces no escuchamos que personas o instituciones andan proclamando a los cuatro vientos por todos los medios sus “obras de caridad”, como si fueran los redentores del mundo, cuando en realidad mientras más presumen, menos hacen.

La caridad no se auto-promociona, de igual manera los títulos, ahí hay que tener cuidado porque muchas veces no son lo que pintan. Las grandes obras de asistencia y caridad son mucho mayores en número y calidad que las anunciadas pagadas, pero solo vemos lo que se nos trasmite públicamente, la Iglesia asiste múltiples centros asistenciales, de ancianos, de niños, de enfermos, de necesidades urgentes y jamás las pública, no por eso hay que negarlas. Por lo que fluye más un buen ejemplo, en silencio y testimoniado, que un anuncio publicitario pagado.

Además de que lo pagado suele costar y tener consecuencias caras, a diferencia de la gratuidad que se vende sola, con consecuencias sólo positivas. Por eso la invitación es a hacer las cosas sin ser vistas ni publicadas, que solas se defienden y difunden sin esfuerzo a su debido tiempo, con una recompensa grandiosa, también a su debido tiempo.

“Sean compasivos”

“Sean compasivos”

Lucas 6,36-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá».

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Uno de los dones o virtudes, como lo queramos llamar, es la compasión, ordinariamente la definimos como tan sólo un sentimiento por el dolor ajeno, sin embargo Jesús invita primeramente a sus discípulos antes de verse o cuidarse ellos mismos, tener la atención de ver la situación del prójimo que está a nuestro lado, sentir compasión para entrar en sintonía con el dolor ajeno y realmente dar una solución directa y concreta.

No se lo está pidiendo al resto del mundo, te lo pide a ti, que siendo cristiano, es decir, seguidor de Cristo, por ende discípulo, somos los primeros que debemos de evitar aquello que recomienda: no juzgar, no condenar, perdonar, dar; claro iniciando con la compasión, que sin ésta, los demás dones suelen no ser eficaces, porque no se trata de posturas intelectuales, sino de hechos concretos.

Pareciese que eso se lo pide a los demás, pero en realidad es para nosotros, que dentro de nuestros círculos eclesiales adolecemos de ello, somos los primeros en sentirnos salvos y los últimos en tener esa compasión con la que inicia la misericordia.

La corrección del mundo no inicia por remarcar las faltas de los demás, que para eso manifestamos tener doctorado, la corrección del mundo inicia por el Yo más intrínseco de mi ser, una vez sanado brota la compasión, porque si eres capaz de manejar tus propias debilidades, entonces podrás atender las de tus propios hermanos, si es que se da el caso y, si eres la persona adecuada para ayudar. Si no inicia la ayuda compasión, no hay verdadera sanción.

“No lo cuenten a nadie…”

“No lo cuenten a nadie…”

Marcos 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: –«Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Estaban asustados, y no sabía lo que decía.

Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: –«Éste es mi Hijo amado; escuchadlo».

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: –«No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

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Dentro de la acción maravillosa de Dios, además de su inmensa y poderosa intercesión, nos encontramos con un aspecto que parece hemos olvidado y ese es el trato personal, a veces creemos que Dios obra multitudinariamente, pensando que hemos sido olvidados y que tan sólo mediante nuestra búsqueda de lo divino es como obtendremos nuevamente su atención. Por supuesto eso es una concepción falsa gregaria pero adoptada de manera personal.

Olvidamos la acción personal de Dios en cada una de nuestras vidas, dejamos de paso las oportunas intercesiones asimilándolas tan sólo como mera oportunidad o suerte, por lo que las hacemos parecer como si no importara. Es que estamos tan llenos de necesidad de atención, que no dudamos en hacer alarde de lo que públicamente se ve como un milagro espectacular en nuestras vidas, utilizándolo como el gancho para ser el centro de atención.

La obra de Dios necesita un poco más de madurez en nuestras vidas, no creas que todo lo que el Señor realiza en ti es para proclamarlo a los cuatro vientos, eso ya es vanidad, sino que es un regalo tan preciado y privado que puede hacernos crecer a nosotros en lo personal, además si lo proclamas te aseguro que nadie mas que tú lo entenderá, porque es para ti, los demás tratarán de entenderlo pero a su muy propia manera de pensar e impregnada de sus situaciones circunstanciales que les adolecen.

Ese milagro o mensaje no es para ellos, es para ti y tan sólo para ti, ya tendrás la oportunidad de dar testimonio del mismo con tu propia vida y los hechos que a partir de ello podrás realizar, eso es lo que en realidad los hará comprender tu situación y la acción de Dios, entonces será más digerible porque los hechos hablarán por sí mismos.

Es por ello que Jesús remarca no contarlo a nadie, como diciendo, todo a su tiempo, es mayor el testimonio de vida que las propias palabras en nuestro caso, por ello en su momento, no se lo cuentes a nadie y disfruta de la acción de Dios en tu vida.

“…Amen a sus enemigos…”

“…Amen a sus enemigos…”

Mateo: 5, 43-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos. Porque, si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.

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La primera pregunta evidentemente será: ¿por qué? No tengo obligación de amar a quien me daña. Esa suele ser una reacción defensiva impresa en nuestra naturaleza instintiva, la cual se vuelve racional y ordinaria en nuestro entorno, mas sin embargo no mengua la capacidad de amar, por lo general el amor lo solemos identificar con la atracción y la sensación de protección.

Pero el amor es algo más, a veces amamos a quienes ó lo que es fácil de amar, sobre todo lo que en tu personal criterio cubre tus propias expectativas afectivas. Por eso lo que desagrada o causa dolor lo descartamos inmediatamente, resultando difícil aceptarlo conscientemente.

La diferencia inicia a remarcarse cuando descubrimos que no sólo dependemos de los instintos recónditos intrínsecamente y arcaicos impresos en nuestra naturaleza, como lo es la reacción, recordemos que poseemos de igual manera algo tan recónditamente connatural a nosotros como lo es la inteligencia racional así como la espiritualidad.

Capacidad que Jesús mismo invita a no sub-utilizar, ya que es un avance enorme en nosotros mismos, sobre todo como la principal característica que nos define como humanos, por ello pide crecer hasta utilizar la predisposición de amar; si Dios mismo no tuviera esa capacidad que nos comparte, entonces cuantos de nosotros le seríamos repulsivos y desagradables, nos rechazaría, sin embargo Él mismo demuestra ese amor pleno para amarte tal cual eres, con tus pros y tus contras, y sabe que puedes crecer en la oportunidad de aceptarte, aceptar a los otros y amar con la misma semejanza del amor de Dios.

Una de las formas de ver que tan grande es la capacidad de tu amor, es cuando puedes amar a tus enemigos, ahí lo puedes comprobar, ya que amar a los amables es fácil, cualquiera lo podría hacer, aunque hoy en día creo que hasta eso se le dificulta a las nuevas generaciones. La muestra la podemos dar nosotros, porque amar inclusive a los que no quieren amar, define nuestra bendita capacidad de amar.

“…Si su justicia no es mayor…”

“…Si su justicia no es mayor…”

Mateo: 5, 20-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos. Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”.

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No acabo de entender el por qué las normas y sus límites no llegan por lo general jamás a su objetivo, es decir, que un policía cumpla su deber al 100% sin dejarse manipular e interferir, no se diga igual de un abogado, político, presidente, gobernante, director, obispo, consagrado, trabajador, obrero, jefe, madre o padre de familia, en fin, cualquier oficio, llámese como se llame, bien conocemos la norma a seguir en cada uno de ellos, sus deberes, derechos y obligaciones.

La cosa es, que aunque sepamos a ciencia cierta hasta con comas y puntos nuestra labor, creo que no damos el 100%, la medida la tomamos del consenso común, es decir, como hagan las cosas los demás, así lo hago yo, porque de esa medida en cierta manera yo algo hago y de ahí en descenso.

Como nadie da el cien en lo que hace, pues yo tampoco, si los otros no cumplen, ¿por qué yo si debo?, con lo cual se van degradando las personas y depreciando los valores reales y fundamentales.

Al final resulta que cuando alguien hace las cosas muy bien, ese resulta raro entre los conformistas. Jesús remarca precisamente eso: “Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán en el Reino de los cielos.” Hay que ser mejor que los modelos, quienes aplican los valores oficialmente a medias, porque los uniformes y las investiduras vienen a menos cuando no se vive lo que se promulga con total autenticidad.

Ya lo remarcan las escrituras, en Apocalipsis, 3,16 “Así, porque eres tibio, y no frío ni caliente, estoy por vomitarte de mi boca”. Nuestra justicia debe de brillar más que la mediocridad, no te permitas ser común hasta en el pecar, tu justicia debe ser mayor, eso es lo que marca la diferencia.

“Fiesta de La Cátedra de San Pedro”

“Fiesta de La Cátedra de San Pedro”

Mateo: 16,13-19

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.

Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella.

Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.

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Hoy se celebra la festividad de la Cátedra de San Pedro, una ocasión solemne que se remonta al cuarto siglo y con la que se rinde homenaje y se celebra el primado y la autoridad de San Pedro.

La palabra “cátedra” significa asiento o trono y es la raíz de la palabra catedral, la iglesia donde un obispo tiene el trono desde el que predica. Sinónimo de cátedra es también “sede” (asiento o sitial): la “sede” es el lugar desde donde un obispo gobierna su diócesis. Por ejemplo, la Santa Sede es la sede del obispo de Roma, el Papa.

Antes de rezar el Ángelus en este día, el Papa Juan Pablo II recordó que “la festividad litúrgica de la Cátedra de San Pedro subraya el singular ministerio que el Señor confió al jefe de los apóstoles, de confirmar y guiar a la Iglesia en la unidad de la fe. En esto consiste el ‘ministerium petrinum’, ese servicio peculiar que el obispo de Roma está llamado a rendir a todo el pueblo cristiano.

Misión indispensable, que no se basa en prerrogativas humanas, sino en Cristo mismo como piedra angular de la comunidad eclesial”. “Recemos -dijo- para que la Iglesia, en la variedad de culturas, lenguas y tradiciones, sea unánime en creer y profesar las verdades de fe y de moral transmitidas por los apóstoles”.

La cátedra es en realidad el trono que Carlos el Calvo regaló al papa Juan VIII y en el que fue coronado emperador el día de Navidad del año 875. Carlos el Calvo era nieto de Carlomagno. Durante muchos años la silla fue utilizada por el papa y sus sucesores durante las ceremonias litúrgicas, hasta que fue incorporada al Altar de la Cátedra de Bernini en 1666.

Tradiciones, leyendas y creencias afirmaron durante muchos años que la silla era doble y que algunas partes se remontaban a los primeros días de la era cristiana e incluso que la utilizó San Pedro en persona. La silla ha sido objeto de numerosos estudios a lo largo de los siglos y la última vez que fue extraída del nicho que ocupa en el altar de Bernini fue durante un período de seis años, entre 1968 y 1974. Los análisis efectuados en aquella ocasión apuntaban a que se trataba de una sola silla cuyas partes mas antiguas eran del siglo VI. Lo que se había tomado por una segunda silla era en realidad una cubierta que servía tanto para proteger el trono como para llevarlo en procesión.

Todos los años en esta fecha, el altar monumental que acoge la Cátedra de San Pedro permanece iluminado todo el día con docenas de velas y se celebran numerosas misas desde la mañana hasta el atardecer, concluyendo con la misa del Capítulo de San Pedro.

Fuente: VIS – Servicio Informativo Vaticano

“La gente de este tiempo es una gente perversa”

“La gente de este tiempo es una gente perversa”

Lucas: 11, 29-32

En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y éste comenzó a decirles: “La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.

Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás”.

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Desde que me acuerdo y me dicen que se acuerdan, he escuchado por doquier, que estos tiempos son tiempos muy cambiados, muy difíciles, cuando el mismo Jesús lo remarca ya en su tiempo.

Todo cambio implica una crisis ante la novedad, despegarse de lo antiguo nunca ha sido fácil, hasta para tirar un suéter viejo nos cuesta, cuanto no más los nuevos paradigmas de los tiempos que se van presentando, más bien conocidos como épocas.

Pero en realidad los cambios son llevaderos, la adaptación aunque cuesta se da sólo con un poco de dolor mientras pasa la transición. Lo malo es que en realidad lo más duro creo que, como Jesús lo remarca es encontrarte con gente perversa, no necesariamente tienen que ser maniacos o asesinos en serie, a esos se les nota y expresan su postura sin tapujos.

De los que si debemos de tener cuidado son de aquellos que aparentan dulzura, nobleza y amabilidad; esos si manipulan la situación perversamente con cara de buenas gentes, esos los tenemos cerca, esos cuando pueden y se presta la ocasión no se la piensan para dañarte.

Claro también entre ellos realmente encontramos la gente buena y sincera, nada que decir de ellos, mas que su mérito por conservarse así. Usualmente viven en situaciones de pecado, que cuando mencionas o insinúas su falta, se sienten ofendidos e intachables, su herramienta de defensa es el ataque verbal, y el desprestigio ajeno, pisoteando al otro para mantener su situación.

Sin embargo señales de pecado notorias, así como de invitación a la gracia, las encontramos por doquier, tan evidentes que hasta los animales las notan con su agrado o rechazo.

Pero la gente malvada ante Jesús se defiende pidiendo una señal, por ello Jesús remarca: “perversa” que ante su presencia son capaces de negarlo y pedirle signos viendo su obra completa.

Por eso los deja solos con su ceguera voluntaria, donde las señales seguirán siendo claras, “como la de Jonas” pero si las rechazan, ya es responsabilidad de ellos. Cualquiera con una pizca de sentido común los podrá enjuiciar, como aquellos que reconocieron la evidencia de las obras de Dios, como la reina de Saba, que era no creyente y lo reconoció en la sabiduría de Salomón; aunque no dudo que estas personas, aunque les expliquen los signos claros, sigan defendiendo su ceguera.

La invitación es a retirarte de esa gente falsa y perversa, o en el peor de los casos, a no ser una de esas personas. No es rechazo, no hacerlo con indiferencia, sino con los buenos días bien dados en la caridad, pero sin seguirles el juego.

“…No hablen mucho….”

“…No hablen mucho….”

Mateo: 6, 7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar, serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.

Ustedes, pues, oren así: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.

Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.

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Cuando hablamos de la oración, es muy variada, con múltiples formas y expresiones, no podemos limitarnos a una sola o en caso extremo afirmar que no sabemos orar, sin embargo Jesús nos recuerda cuán sencillo es, basta elevar la voz y clamar al Padre lo que le queramos decir.

Modelo perfecto de oración es el Padre Nuestro, del cual podemos desprender cada vez más un diálogo más profundo. Es una gracia que dediquemos un momento por pequeño que sea al creador, manifestando nuestro agradecimiento y amor, y por que no, hasta nuestro desagrado en caso de que así se presente.

Sin embargo me gustaría simplemente recordar que el evangelio es claro al respecto de la verdadera oración, no sólo es dirigirle la palabra a Dios, no sólo es acordarnos de Él, no sólo es recitar unas palabras como si fueran un sortilegio protector mágico al inicio o al final del día.

Eso no es tan sólo la oración. Se nos recuerda que la oración va acompañada de la acción, es imposible pedir perdón y no perdonar, ofender y quedar impunes, no es sólo hablar la oración, es hacer eficaz y propio aquello que oramos, sea de agradecimiento, perdón, arrepentimiento, necesitad, salud, etc… Conlleva la actitud correcta en el momento correcto y con la petición correcta, es un conjunto: intención-petición-oración-acción-santificación.

Pero si nos quedamos en el puro hablar, entonces no decimos mucho, porque no expresamos todo, incluyendo la mente y el cuerpo, sólo las palabras y esas no dicen mucho, dice más tu acción. Y esa es la oración que transforma y te lleva a vivir lo que pides y a recibir lo que anhelas, inicia con el Padre Nuestro y termina con el amor concreto a toda la creación, tanto la visible como la invisible.