“No lo cuenten a nadie…”

“No lo cuenten a nadie…”

Marcos 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: –«Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Estaban asustados, y no sabía lo que decía.

Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: –«Éste es mi Hijo amado; escuchadlo».

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: –«No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

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Dentro de la acción maravillosa de Dios, además de su inmensa y poderosa intercesión, nos encontramos con un aspecto que parece hemos olvidado y ese es el trato personal, a veces creemos que Dios obra multitudinariamente, pensando que hemos sido olvidados y que tan sólo mediante nuestra búsqueda de lo divino es como obtendremos nuevamente su atención. Por supuesto eso es una concepción falsa gregaria pero adoptada de manera personal.

Olvidamos la acción personal de Dios en cada una de nuestras vidas, dejamos de paso las oportunas intercesiones asimilándolas tan sólo como mera oportunidad o suerte, por lo que las hacemos parecer como si no importara. Es que estamos tan llenos de necesidad de atención, que no dudamos en hacer alarde de lo que públicamente se ve como un milagro espectacular en nuestras vidas, utilizándolo como el gancho para ser el centro de atención.

La obra de Dios necesita un poco más de madurez en nuestras vidas, no creas que todo lo que el Señor realiza en ti es para proclamarlo a los cuatro vientos, eso ya es vanidad, sino que es un regalo tan preciado y privado que puede hacernos crecer a nosotros en lo personal, además si lo proclamas te aseguro que nadie mas que tú lo entenderá, porque es para ti, los demás tratarán de entenderlo pero a su muy propia manera de pensar e impregnada de sus situaciones circunstanciales que les adolecen.

Ese milagro o mensaje no es para ellos, es para ti y tan sólo para ti, ya tendrás la oportunidad de dar testimonio del mismo con tu propia vida y los hechos que a partir de ello podrás realizar, eso es lo que en realidad los hará comprender tu situación y la acción de Dios, entonces será más digerible porque los hechos hablarán por sí mismos.

Es por ello que Jesús remarca no contarlo a nadie, como diciendo, todo a su tiempo, es mayor el testimonio de vida que las propias palabras en nuestro caso, por ello en su momento, no se lo cuentes a nadie y disfruta de la acción de Dios en tu vida.

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