“Abolir”

“Abolir”

Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

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Abolir v. tr. Suspender o dejar sin vigor una ley o una costumbre mediante una disposición legal: abolir la pena de muerte. abrogar. Ésta es la definición que nos dá el diccionario de la lengua española, la cual ser refiere a cambiar quello que no es ya válido.

En el caso del evangelio con jesús, es muy claro que no viene a cambiar aquella misma ley que Dios ha dado, porque Dios no cambia ni se desdice ante la verdad ya dada, su intención es en realidad retomar todos aquellos aspectos olvidados de la misma ley que son los que le dan su verdadero sentido, para que se aplique y se viva alegremente en plenitud.

El problema radica prácticamente en nuestro entorno así como en nuestras propias vidas, cuando la ley no me agrada, cuando quisiera que fuera distinta, cuando la tomo en cuenta pero parcialmente, con sus debidas pausas e intermitencias. Es entonces cuando en realidad soy yo quien cambia la ley o la reinterpreta no en base a la verdad plena en sí misma, sino en mi mentira que la llamo pseudo verdad.

Somo nosotros los que abolimos la ley y la cambiamos a nuestro placer, ciertamente es un acto válido porque nada te lo impide, lo puedes hacer, pero no es lícito. Por ende trae consigo sus propias consecuencias en base a nuestra nueva legislación tan vulnerable como nuestra voluntad.

Reconocemos el principio de la misma, pero en la práctica no la vivimos, la aceptamos de palabra, pero no de acción. Deseamos el bien de ella hacia nosotros, pero no las consecuencias negativas que conlleva el mal vivirla. Entonces, como el principio teórico es divino, el autor es Dios, pero ante el fruto de su consecuencia negativa, culpamos al autor mismo, cuando el autor mismo de tu pseudo ley eres tan sólo tu, así como el mismo generador de sus propios males.

Por ello si te atreves a abolirla y cambiarla, que sea por otra mejor, más sana y perfecta; pero si no, No la llames ley, cuando de suyo ya es una degeneración de tu propia dignidad y la de los demás, ni eches culpas, cuando quien la abolió fuiste tú. Por el contrario, si la vives y testimonias, serás grande.