“Alimento selectivo”

“Alimento selectivo”

Juan 6, 52-59

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: –«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo: –«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

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Obligadamente tenemos un gusto gastronómico muy peculiar, el cual ha sido forjado a través del tiempo con el sazón propio del medio, las personas y el ambiente en que te desarrollaste, por consiguiente tu paladar y gusto, reconocerá como la más perfecta aquella comida que te hacía Mamá y que te revoca a los momentos felices en curso, así sea una sopa casera o un pan con leche, y aunque las recetas sean las mismas, los condimentos semejantes, no habrá mejor que la que yo conozco, o mas bien la que me enseñe a comer aunque no fuera perfecta.

Ya con el pasar del tiempo, nuestro gusto se refina y amplía, más sin embargo no deja de ser selectivo. Jesús nos da un nuevo menú, claro, parecería grotesco y algo hasta canibal, digo, si es que se toma textualmente la frase, de “comer su carne y beber su sangre”, nada que ver con el gusto gastronómico, pero sí con el alimentarse.

Y es que Jesús no repara en darnos lo que providencialmente necesitamos para tener vigor y fuerzas, sino que también nos brinda lo que nos da fortaleza y paz, además de los demás dones que se desprenden de éstos y los regalados por medio del Espíritu Santo, al cual le estamos permitiendo reforzar los dones propios que puede poseer nuestra espiritualidad.

Para ello es necesario alimentarnos además del Pan de Vida, que realmente sacia todas las hambres y en caso de tenerlas, a saberlas manejar y sobrellevarlas.

Podríamos pensar que con un Padre Nuestro basta o una oración matinal, o un persignado antes de dormir, cosas buenas y muy bien intencionadas, pero nada que ver con el comulgar en la Eucaristía ya sea de cada día o la dominical. 

Si somos selectivos inclusive en lo espiritual, recuerda que no es lo mismo comer bocadillos que un plato fuerte, y también recuerda que tú eres lo que comes. porque se nota. Aliméntate sanamente, en tu vida y en tu espíritu.