“Partícipes o asalariados”

“Partícipes o asalariados”

Juan 10, 11-18

En aquel tiempo, dijo Jesús: –«Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen; igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».

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El rendimiento en lo laboral estrictamente hablando se distingue abismalmente cuando se es participe o dueño del negocio, a diferencia de ser un asalariado o empleado de confianza.

Y es que tanto en un lado como en el otro, aunque se comparte una misma responsabilidad laboral, el rendimiento no es el mismo por la razón de que nos autocolocamos en estatus ideológicos denigrantes.

El trabajo es una bendición de Dios tanto en una postura como en la otra, ya que es una labor conjunta que en diferente responsabilidad se desarrolla para el bien de los mismos como de la sociedad, por lo que aportan. 

Sin embargo Jesús se coloca y nos invita a tomar el ejemplo y la postura del buen pastor, indistintamente del cargo laboral, porque la responsabilidad ejercida eficazmente también aporta a la santidad.

Pero si nos pasamos la vida quejándonos de lo que de suyo ya es una bendición, entonces no estamos valorando las gracias que Dios nos dio para ejercer dicha labor, como lo es la vida, la salud, la fuerza, la voluntad, y por ende negamos nuestro fin de crecer y desarrollar las propias capacidades, como el asalariado, que vive eternamente acosado por su insatisfacción sin hacer nada para cambiarla. 

Por el contrario hay que ser conscientes de que somos partícipes y agentes efectivos de cambio, haciendo eso que parece que no aporta; si no lo hicieras, se notaría y hará falta porque de suyo es valioso lo que hacemos. 

Por ello como el buen pastor, hay que darlo todo, porque todo se nos da responsablemente para responsablemente hacer uso de ello.