“Dignidad multi-nivel”

“Dignidad multi-nivel”

Juan 13, 16-20

Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: –«Os aseguro, el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: «El que compartía mi pan me ha traicionado». Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy.

Os lo aseguro: El que recibe a mi enviado me recibe a mí; el que a mí me recibe, recibe al que me ha enviado».

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Si las relaciones humanas y sociales, se estandarizaran por categorías, creo que seguirían abiertas al debate de una lista interminable, porque continuamente hacemos distinciones y exclusiones.

Podríamos afirmar que en el ámbito de la fe no existe eso, o más bien, no se debería de dar, pero tan humanos como limitados y condicionados estamos a la cultura que vivimos, que en realidad a veces se remarcan más en el mismo seno de la iglesia, con la sectorización de grupos y pastorales, algo natural y bueno pero inmaduro aún.

Jesús constantemente remarca que dichas diferencias las hacemos nosotros, porque en el plan divino la división no está proyectada, y hablando en el plano laboral, tan importante es el obrero como el administrador y dueño. El tipo de trabajo no rebaja la dignidad de la persona, sino que la desarrolla.

De tal manera que tan sólo podemos hablar de una sola dignidad, y esa es la del ser humano, la de la persona, no la del rol laboral o social. Es muy distinto cuando una persona directamente desea denigrar su propia dignidad con el pecado inmerso hasta la médula de sus huesos o con su actividad ilícita, la cual denigra a su persona y pretende denigrar a los demás.

Por ello, el trato debe estar basado en la dignidad, y esa es una sola, irremplazable en todos los niveles sociales, pero desgraciadamente excluida en algunos de ellos. Pero recuerda que tu dignidad no te la da el otro, sino que de suyo es un regalo que viene de Dios, la cual hay que cuidar y mantener, defendiéndola de no ser pisoteada por quienes no valoran la propia misma.