“Para afianzar la fe”

“Para afianzar la fe”

Marcos 11, 11-25

Después que la muchedumbre lo hubo aclamado, entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo, y, como era ya tarde, se marchó a Betania con los Doce.

Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre.

Vio de lejos una higuera con hojas, y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos.

Entonces le dijo: –Nunca jamás coma nadie de ti.

Los discípulos lo oyeron.

Llegaron a Jerusalén, entró en el templo, se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas.

Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo.

Y los instruía diciendo: –¿No está escrito: Mi casa se llama Casa de Oración para todos los pueblos? Vosotros en cambio la habéis convertido en cueva de bandidos.

Se enteraron los sumos sacerdotes y los letrados, y como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su enseñanza, buscaban una manera de acabar con él.

Cuando atardeció, salieron de la ciudad.

A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: –Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.

Jesús contestó: Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: «Quítate de ahí y tírate al mar», no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá.

Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis.

Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas.

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Cuando hablamos en términos de fe, no tan sólo nos estamos refiriendo a creer en Dios y sus obras, sino que además debemos de destacar, que la fe no es de Dios, es nuestra y su acción así como su cuidado y posterior crecimiento, depende de la atención que le dediquemos a ella, ya que no radica en una afirmación, sino en una muy concreta forma de vida.

De hecho en el mismo evangelio se remarca cómo ante la negativa de no encontrar fruto en la higuera, limita su finalidad, ya que si para eso está y no da fruto, no está cumpliendo su cometido y no es necesario que esté dando falsas esperanzas.

Pareciese una acción no muy propia de Jesús, pero sin embargo el hecho dio mayor fruto, ya que Pedro reconoce el suceso al volver y verla seca, cayendo en cuenta de que su fe se afianzó cada vez un poco más en Jesús; esa fe que es necesario esté firme, a tal grado que pueda obrar sobre sí las maravillas de Dios.

Aún mas aquellas de las que el mismo Pedro será depositario, porque la finalidad de la higuera no era secarla, era dar un elemento más en la confianza creciente y total hacia Jesús. 

De igual manera en nosotros, con una pizca de fe, bien orientada y abierta a las manifestaciones diarias de Dios, reconocerá y se afianzará día a día, pero si la descartamos y a todo le llamamos circunstancias o coincidencias, entonces no estaremos viendo lo que realmente hay detrás del hecho que pretende afianzar mas tu propia fe, y ser cada vez naturalmente una manifestación viva del amor de Dios.

“Corpus Christi”

“Corpus Christi”

Marcos 14, 12-16. 22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: –¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?

Él envió a dos discípulos, diciéndoles: –Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde esta la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?”

Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.

Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: –Tomad, esto es mi cuerpo.

Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron.

Y les dijo: –Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.“Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

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La fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, donada hacia nosotros, es una muestra de la máxima expresión de su amor, es el vestigio que tenemos día a día el celebrar la Sagrada Eucaristía de su presencia y sobre todo del milagro de estar con nosotros y darse como alimento.

Milagro que obra a través del Sacerdote en el mismo nombre de Jesucristo, bajo la acción del Espíritu Santo, el cual transforma los elementos como lo es el pan en su carne y el vino en su sangre, de una manera sacramentada, es decir, no físicamente, sino con toda su divinidad.

El vino ya consagrado así como hostia, dejan de ser en su ser lo que son, para cambiar de substancia, es lo que llamamos la transubstanciación, si los vemos físicamente veremos el mismo pan y el mismo vino, porque los accidentes de esa materia como lo es el olor, el sabor, la textura, la forma Dios la respeta y permanece, pero en realidad es el mismo Jesucristo presente y vivo que ha llegado a quedarse bajo esa forma como algo muy sencillo y accesible a nosotros, así tan connatural como es el alimentarnos.

Por ello cada vez que tengamos la posibilidad de acercarnos a la mesa del altar, es justo que nos unamos a Él en comunión, porque se nos da como pan de vida para el camino de esta vida y más fácilmente reconocer y esperar la misma vida que ya nos dio pero siempre a su lado eternamente y en felicidad, la cual ya adoramos en la custodia para gozar de lo mismo en el cielo, pero en todo su amor y en toda su plenitud sin límites ni limitantes.

“Malos entendidos”

“Malos entendidos”

Marcos 10, 32-45

En aquel tiempo, los discípulos iban subiendo camino de Jerusalén, y Jesús se les adelantaba; los discípulos se extrañaban y los que seguían iban asustados.

Él tomó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: –Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del Hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los letrados, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará.

Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: –Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.

Les preguntó: –¿Qué queréis que haga por vosotros?

Contestaron: –Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

Jesús replicó: –No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?

Contestaron: –Lo somos.

Jesús les dijo: –El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar?

Contestaron: –Lo somos.

Jesús les dijo: –El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

Jesús, reuniéndolos, les dijo: –Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.

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No es ninguna coincidencia que a veces nos encontremos ante situaciones laborales, personales, familiares o de amistad con malos entendidos, que en realidad no son ningún problemas ya que son conceptos que se pueden aclarar con un diálogo afable.

La situación suele llegar a menos en la medida que esos malos entendidos en realidad son intenciones particulares, dónde la persona desea que así sean las cosas, según conforme a su propio deseo, sin respetar la claridad que presenta la otra parte.

Como con Jesús, quien confiaba a los suyos el plan de Dios sobre su persona y la redención misma, pero cada quien lo adecuaba a su interés personal, por ello ni tardos ni perezosos se le acercan Santiago y Juan, a posicionarse en su mal entendida conquista del Reino.

De igual manera solemos adecuar la Palabra de Dios a mi concepto particular, permitiéndonos desvirtuarla a la finalidad para la que es dada, y por conclusión amar a un dios a mi medida según mis conceptos y reglas.

Amar y seguir a Dios implica la verdad en ambas partes en toda su plenitud, sin reinterpretaciones y mucho menos en seguimientos parciales, hay que entender hacia donde vamos porque así sabremos manejar mucho mejor la situación con un grato conocimiento de razón. De lo contrario es seguro que nos perderemos en el mar de nuestra propia ignominia.

“¿Qué nos toca?”

“¿Qué nos toca?”

Marcos 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decirle a Jesús: –Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.

Jesús dijo: –Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más –casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones–, y en la edad futura, vida eterna.

Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros.

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Claro que un trabajo bien hecho merece una justa retribución, lo malo es que por lo general la solicitamos invariablemente en denominación monetaria, que en parte es lo normal, pero en la vida existen muchas y mayores situaciones en que la paga es enormemente diferente y totalmente gratificante sin un solo centavo de por medio.

La realidad, es que aquello que se paga en monedas, de igual manera se va sin dejar nada a su paso o casi nada, mientras que un trabajo como lo es educar a los hijos y dedicarles tiempo, visitar a la familia, sobre todo los más ancianos, y en general lo que pinte en obra de caridad, la retribución llega invariablemente como si fuera magia, pero sabiendo que son gracias de Dios.

A lo mejor puedes pensar que guardarle cincuenta pesos a tu hijo en vez de sacarlo a pasear y comprarle un helado, es lo mejor, resulta contraproducente, porque los cincuenta de igual manera se van a ir, contigo o sin ti, pero lo que hubieras sembrado con ese helado lleno de cariño habría dado mas fruto.

Es por ello que hay que trabajar, sin preguntar que nos irá a tocar, porque la paga llega sola según el trabajo, así mismo según la dedicación, y así en todos los aspectos de la vida. Eso es lo que nos va a tocar, lo que tú trabajes.

“¿Quién lo hace difícil?”

“¿Quién lo hace difícil?”

Marcos 10, 17-27

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: –Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

Jesús le contestó: –¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios.

Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.

El replicó: –Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.

Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: –Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo–, y luego sígueme.

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.

Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: –¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!

Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: –Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios.

Ellos se espantaron y comentaban: –Entonces, ¿quién puede salvarse?

Jesús se les quedó mirando y les dijo: –Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.

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Existen relaciones y situaciones tan simples que a primera vista son fáciles de llevar, más sin embargo en ocasiones tendemos a complicarlas un poco, es un hecho que cada vez más deseamos que todo sea más fácil y accesible sin el mayor mínimo esfuerzo, pero si algo lo implica, entonces lo consideramos ya una carga y algo difícil de llevar.

En éste evangelio se nos presenta un caso de un joven que en base a sus bienes materiales, la vida en su entorno le resulta resuelta y fácil de llevar, todo desde su perspectiva es fácil, claro en bandeja de plata nada duele. 

Pero resulta que precisamente Jesús viendo que el joven se siente omnipotente lo invita a una simple acción, seguirlo en un nuevo esquema de sencillez sin apego a la seguridad económica, que en sí mismo no implica ningún problema, pero entonces nosotros lo convertimos en un problema y aquel ideal de ser bueno desde la bondad prefabricada no funciona para ellos.

Es aquí donde nosotros somos los que hacemos que lo simple se vea difícil, Dios no exige nada que no haya dado ya, pero nosotros somos los que creamos esas dependencias a cosas, personas y situaciones, que aunque sean un infierno, permanecemos en ellas.

Por ello ante el amor de Dios de darnos y proveer todo lo que tienes, no le hagas al feo diciendo que además de lo que aprovechas, ante una simple obra de caridad digas que es muy difícil de hacer.

“La Santísima Trinidad”

“La Santísima Trinidad”

Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

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Uno de los misterios más grandes dentro de nuestra fe es La Santísima Trinidad, sin embargo no lo referimos a algo oculto secretamente, sino a una realidad tan grande que nuestra más basta inteligencia no alcanza a comprenderla ni a abarcarla, cuando menos en esta vida.

Sin embargo grandiosamente se nos revela aquello que de suyo basta para nuestra felicidad y salvación; tenemos un Padre, un Hijo y un Espíritu Santo, cada uno con toda la dignidad e individualidad de una persona, con una misión, con una acción concreta, pero sin embargo es un solo Dios, y cada uno es Dios.

Cómo es eso, pues no tiene caso que nos estemos quebrando el cerebro para descifrarlo, ya que comprenderlo en su ser no es el objetivo, sino lo que en realidad hace en toda la creación y concretamente en nosotros que nos descubrimos inteligentemente reconocidos como objeto de su amor, ya que sus mismos dones a diferente escala nos son participados y eso ya es una grata comprehensión de su ser.

Cuando nos libremos de esta limitada humanidad material, entonces será cuando lo veremos cara a cara y entonces comprenderemos enteramente su ser y sobre todo su amor. 

Sin embargo en el mismo credo afirmamos en algo el ser de Dios y su acción así como su misión, por lo que es bueno recordarlo enfatizando que creemos en Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo:

El Credo

El credo contiene toda la Fe católica.

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su Único hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracias del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos. subió a los cielos, y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Se divide en 12 artículos:

1° Art: “Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.”

a) Creo: Pongo mi Fe en que todo es verdad y una doctrina infalible, revelada por Dios.

b) Dios: ¿Quién es?

Es el ser infinitamente perfecto, creador de todo. Hay un solo Dios verdadero que premia a los buenos y castiga a los malos.

¿Cómo se puede probar la existencia de Dios por la razón?

1- Es la causa primera (nadie lo creo). Todo efecto tiene causa

2- La naturaleza tiene un orden

3- Todos los hombres, en la voz de la conciencia, saben lo que es bueno o malo. Esto es porque todos tienen un mismo creador.

Dios es:

Único: Porque sino sería contradictorio, no habría Dios verdadero.

Infinitamente grande.

Espíritu purísimo: No tiene cuerpo.

Un ser simplísimo: No tiene partes ni mezclas.

Eterno: Siempre existió, existe y existirá.

Inmutable: No cambia.

Infinitamente bueno (La suma bondad, todo lo bueno viene de Dios).

Omnisciente: Infinitamente sabio, conoce y sabe todo.

Omnipotente: Dios lo puede todo.

Atributos de Dios:

Santo           : Ama la virtud y aborrece el mal.

Justo            : Premia o castiga según las obras.

Misericordia: Va y busca al pecador, y lo perdona si se arrepiente de corazón.

Fiel               : Cumple las promesas y amenazas que hace.

Inmenso       : Esta en todas partes (no se puede medir); pero no todo es Dios. Esta en todos lados por escénica (todo su ser), por presencia (Todo lo ve y sabe) y por potencia (le da y conserva el ser).

Dios esta en tres lugares en forma especial:

En el cielo.

El alma del Justo.

En el templo.

La Santísima Trinidad:

Dios es el principio de todo; y el fin de todas las cosas, son para él y su mayor gloria por lo que es Dueño y Señor de todas las cosas.

En Dios hay tres personas realmente distintas que son el verdadero y único Dios .

Las tres personas son:

Dios Padre, se le atribuye la omnipotencia (la creación).

Dios Hijo, se le atribuye la sabiduría y redención.

Dios Espíritu Santo, se le atribuye la bondad.

c) Creador:

Creo todo de la nada, lo creo por amor.

El hombre tiene una dignidad mayor porque tiene alma (es lo más importante que tiene el hombre). El alma tiene dos potencias:

1- Inteligencia: Para conocer la verdad.

2- Voluntad: Para amar y alcanzar el bien.

El hombre elige que hacer, los animales no, por eso somos libres.

2° Art.: “Creo en Jesucristo, su Único hijo, Nuestro Señor…”

1- ¿Quién es Jesucristo? (SJ. 1, 1-16)

† † † En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio con Dios. Todo fue hecho por El, sin El nada se hizo. Cuanto ha sido hecho, en El es vida, y la vida es la luz de los hombres; la luz luce en las tinieblas, y las tinieblas no la sofocaron.

Hubo un hombre enviado de Dios, de nombre Juan. Este vino como testimonio, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por él. No era él la luz, sino el testimonio de la luz.

Existía la luz verdadera que, con su venida a este mundo, ilumina a todo hombre. Estaba en el mundo; el mundo fue hecho por El, y el mundo no lo conoció. Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. A todos los que lo reciben les da el ser hijos de Dios; los que no nacieron ni de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de querer de hombre, sino de Dios.

Y el Verbo se hizo carne, y habitó con nosotros, y nosotros vimos su gloria, gloria cual de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan daba testimonio de El y gritaba: “Este es del que yo dije: El que viene detrás de mí ha sido antepuesto a mí, porque era primero que yo”.

Tenía que salvar a la humanidad por lo cual tenia que ser hombre, pero como la dignidad de la ofensa se mide por la dignidad del ofendido la ofensa era infinita, entonces también tenia que ser Dios para que el padecimiento sea infinito.

En Jesucristo hay una sola persona, que es divina, y dos naturalezas, divina y humana; esta unión se llama Hipostática.

Dios de todo mal saca bien: Por el bautismo somos miembros del cuerpo místico de Cristo, la Iglesia, y por los méritos de Cristo tenemos más gracia que la que hubiéramos tenido sin pecado original.

2- ¿Porque la diversidad de nombres?

Principales títulos de Nuestro Señor:

Jesús: Significa “Dios salva”. (Hechos 4,12; 9,14; Sgo 2,7; SJ 15,16; etc.).

Cristo: “Mesías = Ungido”. Se ungía a los reyes, sacerdotes y algunos profetas, y su misión es: sacerdote, profeta y rey.

Hijo de Dios: Este título se usaba para quienes tenían una filiación intima con Dios. (Lc 22,70;  Mt. 6,9).

Señor: Es el nombre con el cual Dios se reveló a Moisés. Representa su dominio sobre el pecado, naturaleza, muerte, etc.

Razones de la divinidad de Cristo: (SJ 3,1-21)

– Las profecías de la sagrada escritura.

– Los milagros que hizo en confirmación de su divinidad.

– La resurrección de Jesucristo después de su muerte en Cruz.}

– La pureza de su doctrina y moral, dignas solamente de Dios.

– La fundación de la iglesia y su estabilidad a través de los tiempos, a pesar de las persecuciones de sus enemigos.

3° Art.: “…que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen…”

– El Espíritu Santo hizo la obra porque es bondad y amor. En el momento de la concepción ya existía antes sólo como Dios, en la concepción Jesús es engendrado, no creado, para ser también humano.

– San José solo es Padre adoptivo, lo crió.

– La madre es la Santísima Virgen María, la cual fue siempre virgen (antes, durante y después del parto).

4° Art.: “…padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado…”

Significa que Cristo no redimió y para ello tuvo que sufrir mucho, aunque lo hizo por amor, y no podemos ignorarlo, no debemos ser desagradecidos. Esto ocurrió en la época de Pilatos, es real.

5° Art.: “…descendió a los infiernos, al tercer día resucito de entre los muertos…”

No se refiere al infierno sino al limbo de los justos, este era el lugar a donde, hasta nuestra redención, iban las almas de los que morían en gracia de Dios. Las puertas del cielo estaban cerradas por el pecado original y Cristo las abrió llevando a las almas justas.

Así se cumple la profecía que dice que “hasta los muertos les llegará la buena noticia”.

La resurrección es verdad:

(Hechos 3,15; SJ 20, 19-29; Lc. 24,5-6).

Jesús se le apareció a numerosas personas luego de haber muerto y tenía un cuerpo glorioso. Podía comer y se lo podía tocar con lo cual tenia cuerpo; y propiedades del cuerpo glorioso como atravesar paredes.

Características del cuerpo glorioso:

1- Atravesar las paredes. Sutileza.

2- Agilidad (Iva a donde quería con solo pensarlo).

3- Impasible (Sin dolor).

4- Claridad (es como una luz que irradia el cuerpo).

Esta resurrección no es igual a las del evangelio (SJ 11,38-44) hechas por Cristo, sino eterna por eso toma el cuerpo glorioso. La única persona con este cuerpo es Cristo ya que el resto lo tendrá al fin del mundo.

La divinidad de Jesús estaba con el alma y el cuerpo, al resucitar se une el cuerpo y alma humano ya que la divinidad no se puede dividir.

6° Art.: “…subió a los cielos, y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.”

– Subió a los cielos en la ascensión.

– Esta a la derecha porque tiene la misma gloria.

¿Para que subió a los cielos?

1°- Para tomar posesión del reino que conquisto con su muerte.

2°- Para prepararnos un lugar en la gloria.

3°- para ser mediador y abogado delante del Padre eterno.

Jesús como naturaleza humana esta en el cielo y en la eucaristía; y con naturaleza divina en todas partes (porque es Dios). La ascensión a los cielos fue por sus propios medios, porque él quiso y tenía el poder para hacerlo. En cambio la Virgen María fue llevada por los ángeles, por eso se la llama asunción.

7° Art.: “Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y muertos.”

Vivos y muertos quiere decir buenos y malos. (Ecle 7,40).

Acuérdate de los novísimos o postrimerías y no pecarás; estos son:

1- Muerte: Ocurre cuando el alma se separa del cuerpo. A todos nos va a tocar, igual que el juicio, pero no sabemos cuando por lo que hay que vivir siempre bien.

2- Juicio: Ocurre inmediatamente después de la muerte; hay que pensar como vivimos ya que se nos va a juzgar según nuestras obras y la sentencia será infierno o cielo eternamente.

Habrá 2 juicios:

Particular: después de muertos.

Final: Se confirma la sentencia y se hace publica, este será al fin del mundo.

3- Infierno: En el hay sufrimiento por siempre, hay 2 tipos de penas:

Espirituales: del alma (Ej. privación de ver a Dios).

Corporales: del cuerpo (Ej. el fuego).

4- Cielo: Van las almas que mueren en gracia de Dios o las que han purgado, en el purgatorio, las penas de sus pecados. El purgatorio es temporario y el cielo eterno, donde lo más importante es ver a Dios.

El limbo de los niños: Sin bautismo no se puede ir al cielo y sin uso de razón no se puede condenar, por eso existe “el limbo de los niños” para los que mueren sin ser bautizados. 

( la existencia del limbo de los niños no es una verdad dogmática, sino solamente una hipótesis teológica. )

El vigente Catecismo de la Iglesia Católica, resumen oficial de la doctrina de la Iglesia, dice respecto a este tema:

En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: “Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis” (Mc 10, 14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo Bautismo.

Catecismo, 1261

Fin del mundo: Cristo vendrá a juzgar a los vivos y muertos al fin del mundo, donde confirmará la sentencia particular. Aunque hay señales remotas (Apostasía general, predicación del evangelio por todo el mundo) y cercanas (Conversión de los Judíos, anticristo y cataclismos) en la biblia no se sabe cuando será por eso como dijo Cristo hay que: “Velad y orad”.

8° Art.: “Creo en el Espíritu Santo,…”

Es la 3° persona de la Santísima Trinidad, que es tan verdadero Dios como el Padre y el Hijo. Se le atribuye la santificación de las almas y la dirección de la Iglesia. Éste bajo en pentecostés sobre los apóstoles y la iglesia (Hechos 2,1-4).

Los dones no dependen del hombre, aunque éste debe pedirlos y una vez recibidos usarlos, sino del espíritu Santo que los infunde. Los infunde en nosotros para aumentar nuestras virtudes .

9° Art.: “…la Santa Iglesia Católica,…”

Creemos en la Iglesia Católica que fue fundada por Cristo. Esto incluye al Papa que posee infalibilidad (no se puede equivocar) en temas de religión y costumbres, y el magisterio de la Iglesia que es la encargada de formular los preceptos, estudiar la palabra de Dios, los misterios, establecer los dogmas, beatificaciones y todos los asuntos de relacionados con la religión. Al estar integrada por personas es de suponer que no es perfecta y tiene errores pero nunca importantes como beatificar a alguien que no es santo, confundir un dogma, etc. ya que Dios la asiste como el mismo lo dijo.

Y llegándose Jesús, les habló diciendo: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo cuanto yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo “. (Mt. 28, 18-20)

10° Art.: “…la comunión de los santos,…”

No importa donde estemos, las almas de los integrantes de la Iglesia forman un cuerpo cuya cabeza es Cristo. Estamos todos unidos y debemos orar los unos por lo otros. Estando en la tierra debemos rezar por nuestro prójimo y las almas del purgatorio; las almas que están en el cielo no necesitan de nuestra oración aunque pueden interceder por nosotros, claro esta que solo interceden ya que solo Dios tiene “poder” de hacer lo que quiere. Las almas del infierno no tienen salvación posible, lamentablemente están perdidas eternamente.

11° Art.: “…el perdón de los pecados,…”

Nadie es perfecto y la mayoría algo mal ha hecho pero no importa la gravedad ya que si estamos realmente arrepentidos y nos acercamos a Dios para servirle en adelante todo nos perdonará porque su misericordia es infinita. Para ello el mismo Jesús creo el sacramento de la confesión. 

12° Art.: “… la resurrección de la carne y la vida eterna.” 

La muerte no es definitiva, no solo perdura el alma que va al cielo, purgatorio o infierno según sus actos sino que al fin del mundo Cristo vendrá a juzgar a los vivos y muertos y quienes merecieron el cielo, y el purgatorio ya que este es un paso previo para purificar al alma, resucitaran y tendrán un cuerpo glorioso como el de Jesucristo luego de su resurrección. El cuerpo glorioso ya se explico en el articulo 5° 

“Todos cuentan”

“Todos cuentan”

Marcos 10, 13-16

En aquel tiempo, la gente le llevó a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos trataban de impedirlo. Al ver aquello, Jesús se disgustó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Después tomó en brazos a los niños y los bendijo imponiéndoles las manos. 

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Es ya casi una norma social que en ciertos lugares de viviendas se pongan limitaciones acerca de lo niños, en donde por igual suelen solicitar que no se tengan ni habiten ahí, porque provocan la pérdida de la paz del pseudo sacro recinto.

Lo mismo pasa en ciertos eventos sociales y celebraciones familiares, se especifica en la recepción “no niños”, porque no son bienvenidos, cuando sí es viable de vez en cuando se pueda disfrutar de un sano esparcimiento sin la responsabilidad de los mismos.

En otros lugares ciertamente es conveniente por la restricción de las edades, ya que lo que presenciarán no es apto para menores, aunque en realidad a veces tampoco es apto aún para los mayores. Aquí habría que cuestionar la calidad del evento y lo sano del mismo.

Sería un absurdo que en la Iglesia pase lo mismo, donde se pida que a los niños no los lleven al templo por juguetones o por chillones, eso sería inaceptable, porque precisamente será donde se sembrará el conocimiento y el amor a Dios, además de lo que ya hace la propia familia, el resto se afirma y complementa en la iglesia.

Es fundamental y básico dentro del desarrollo de los pequeños fundamentar la misma confianza en Dios, que es la etapa de vida en donde se asienta ese vínculo tanto con la familia como con Dios, pero si los hacemos de menos, cuando no son tomados en cuenta, crecen con la impresión de que no son importantes ni dignos de ello, ni tampoco será importante acudir al lugar del encuentro con el Señor.

Es por ello que para Jesús todos cuentan, nadie queda excluido y menos los niños, ya que serán los futuros cristianos que darán luz en medio de un mundo cada vez más en tinieblas, porque si los excluyes, ya se habrán perdido en medio de su propia sombra y oscuridad. No lo olvides, si para ti no cuentan, para Dios sí.

“Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote”

“Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote”

Lucas 22, 14-20

Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos, y les dijo: –He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el Reino de Dios. Y tomando una copa, dio gracias y dijo: –Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios.

Y tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: –Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.

Después de cenar, hizo lo mismo con la copa diciendo: –Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.

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Definición de la palabra “sacerdote”: un mediador autorizado para ofrecer sacrificios a Dios en reconocimiento de Su dominio supremo y en expiación por los pecados.

Muchas religiones paganas tienen sacerdotes que ofrecen sacrificios según sus conceptos de la divinidad. Pero Dios se reveló a Israel como el Unico Dios verdadero y prohibió la idolatría en el Primer Mandamiento. Los sacerdotes de Israel debían ofrecer sacrificio sólo a Dios.

A diferencia del profeta que comunica el mensaje de Dios a los hombres, el sacerdote es mediador de los hombres ante Dios.

“Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados” -Hebreos 5,1

Sacerdocio común de los fieles y sacerdocio ministerial

El sacerdocio ministerial se diferencia esencialmente, y no sólo de grado, del sacerdocio común de los fieles: “El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico se ordena el uno para el otro, aunque cada cual participa de forma peculiar del sacerdocio de Cristo. Su diferencia es esencial no solo gradual. Porque el sacerdocio ministerial, en virtud de la sagrada potestad que posee, modela y dirige al pueblo sacerdotal, efectúa el sacrificio eucarístico ofreciéndolo a Dios en nombre de todo el pueblo: los fieles, en cambio, en virtud del sacerdocio real, participan en la oblación de la eucaristía, en la oración y acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la abnegación y caridad operante” (LG 10).

Nuevo Testamento

Cristo es Dios y hombre. Como tal es el definitivo Profeta y Sacerdote de la Nueva Alianza. 

Dios lo ha dicho y hecho todo en su Hijo quien, como Hombre, Eterno y Sumo Sacerdote, se ofreció a si mismo una vez y por todas en la Cruz. El es al mismo tiempo sacerdote y víctima de valor infinito y por lo tanto su sacrificio acaba con la necesidad de los antiguos sacrificios que debían repetirse constantemente. Al no necesitarse los antiguos sacrificios, tampoco se necesita el antiguo sacerdocio. Hay un sólo sacerdocio porque hay un sólo sacrificio.

Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos – Jesús, el Hijo de Dios – mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. -Hebreos 4,14-15

Sacerdocio de los fieles bautizados 

Los cristianos de otras iglesias, por lo general, reconocen como nosotros que en el N.T. hay un solo sacerdocio, el de Jesucristo, el Sumo Sacerdote. También por lo general reconocen la doctrina del sacerdocio de todos los fieles, como dice la Escritura:

Pero vosotros sois “linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido,” para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz  -I Pedro 2,9

Este pasaje de San Pedro muestra que los miembros de la Iglesia del N.T. tienen un sacerdocio común como lo tenía Israel en el A.T.:

“seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.” Estas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel. Exodo 19, 6

Pero, ¿cómo podemos ser todos sacerdotes si Jesús es el único sacerdote?

Todos los bautizados están unidos a Cristo y participan incluso de su sacerdocio. La mayoría de los protestantes creen, como los católicos, en el sacerdocio universal de los fieles en cuanto a que todos los creyentes ofrecen a Dios oraciones y alabanzas unidos a Cristo.

Sin embargo la fe católica enseña una realidad mas completa sobre el sacerdocio de los fieles: Todos los bautizados somos sacerdotes porque, por la gracia, formamos parte del Cuerpo Místico de Cristo (edificio espiritual).

Acercándoos a él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo.
– I Pedro 2,4-5

El bautismo fue el comienzo pero la unión con Cristo debe alimentarse y crecer. Esto significa que todo cristiano debe continuamente ofrecer su vida al Padre en Cristo, morir al hombre viejo y vivir una vida nueva. Es una relación íntima y constante. Ningún cristiano es sacerdote por si mismo pero, en Cristo, todo Cristiano debe ser sacerdote, haciendo de su vida una continua ofrenda.

San Pablo le enseña esto a los que ya eran bautizados:

Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual. Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto. -Romanos 12,1-2

Por eso los bautizados tenemos el derecho y deber de ofrecer nuestras vidas y recibir la gracia. Jesús nos ha proveído para ello principalmente por medio de los sacramentos, la participación en la liturgia de la Iglesia y del sacrificio de la Santa Misa.

El sacrificio de la Santa Misa

Cristo se ofreció al Padre en la Cruz. Este sacrificio se hace presente en la Misa para que nosotros podamos ofrecer nuestras vidas y unirnos a El. Esto es posible porque el sacerdocio del N.T. es muy superior al del A.T. La ofrenda de animales no logra la unión con Dios. Pero ahora es Cristo, Dios y hombre, quien se ofrece, como vimos arriba, para expiar por nuestros pecados y romper las barreras que nos separaban de Dios.

Sacerdocio Ministerial en el A.T.

En el mismo Exodo 19 donde se nos narra sobre el sacerdocio de todos los fieles (según vimos arriba, Cf. Ex 19,6), encontramos la existencia de un sacerdocio ministerial en el A.T.:

Dijo Yahveh a Moisés: «Baja y conjura al pueblo que no traspase las lindes para ver a Yahveh, porque morirían muchos de ellos; aun los sacerdotes que se acercan a Yahveh deben santificarse para que Yahveh no irrumpa contra ellos.» Ex. 19,21-22

Este pasaje, como también la existencia de sacerdotes como Melquisedec, contemporáneo de Abrahán y Jetró, el suegro de Moisés, demuestran que habían sacerdotes aun antes de la Ley de Moisés y el sacerdocio levítico.

Dios transfirió el sacerdocio exclusivamente a la tribu de Leví que se había mantenido fiel a Dios. El libro del Levítico contiene las reglas detalladas para el sacerdocio. Se trata de un sacerdocio organizado con clérigos menores, los levitas y a su cabeza el sumo sacerdote. Los sacerdotes se elegían entre los descendientes de la tribu de Leví y en especial de la familia de Aarón.

Sacerdocio Ministerial en el N.T.
Cristo quiso comunicarnos su vida, no sólo en el bautismo sino también en la Santa Misa y los otros sacramentos. Para recibirlos necesitamos que haya un sacerdocio ministerial que imparta estos sacramentos. Hay un paralelo entre el A.T. y el N.T. Hemos visto que en ambos hay un Sumo Sacerdote, un sacerdocio ministerial y un sacerdocio de los fieles.

El sacerdocio ministerial es esencialmente diferente al sacerdocio común de los fieles.
Los sacerdotes, actuando en la persona de Cristo, ofrecen el sacrificio de la Misa y perdonan los pecados. Cuando el sacerdote ofrece la Misa, es Cristo quien se ofrece; Cuando el sacerdote confiesa es Cristo quien perdona los pecados (Cf. Jn 20,22-23). Es Cristo quien actúa por medio de los sacerdotes para comunicar Su propia vida.

Los protestantes llaman a sus pastores “ministros” porque no han recibido el sacramento del orden. No participan del sacerdocio ministerial de Cristo y por eso no tienen el poder de ofrecer el sacrificio de la Santa Misa (en su lugar, dirigen un “servicio”). No pueden tampoco perdonar pecados en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Comparativa del sacerdocio:

Católicos

Sumo Sacerdote (Cristo)

Unico sacerdocio del N.T.
Sacerdocio ministerial
(Participan del sacerdocio de Cristo como todos los fieles y además reciben el sacramento del orden para servir a los fieles como pastores e impartirles los sacramentos.)
Sacerdocio de los fieles
(Participan de Cristo por el bautismo, crecen en esa unión por medio de la Eucaristía y otros sacramentos que reciben por medio del sacerdote ministerial)

Protestantes

Sumo Sacerdote (Cristo)

Unico sacerdocio del N.T.

No tienen sacerdocio ministerial

(Tienen pastores que pueden bautizar pero no ofrecer el sacrificio de la Santa Misa o impartir los otros sacramentos)

Sacerdocio de los fieles
(Participan de Cristo por el bautismo pero no lo reciben en la Eucaristía ni otros sacramentos)

El sacerdocio del N.T. no es el antiguo sacerdocio levítico

Pues bien, si la perfección estuviera en poder del sacerdocio levítico – pues sobre él descansa la Ley dada al pueblo -, ¿qué necesidad había ya de que surgiera otro sacerdote a “semejanza de Melquisedec,” y no «a semejanza de Aarón»? -Hebreos 7,11, Cf. 7,14

El sacerdote en la Santa Misa NO ofrece nuevos sacrificios. 

Cristo posee un “sacerdocio perpetuo”, por lo tanto su sacrificio es perpetuo. Ese sacrificio que ofreció en el Calvario hace 2000 años se hace presente en la Santa Misa, no es un nuevo sacrificio ni una repetición, sino el mismo y único sacrificio por el cual nos unimos a Cristo para salvarnos del pecado y entrar en la vida nueva:

Pero éste posee un sacerdocio perpetuo porque permanece “para siempre.” De ahí que pueda también salvar perfectamente a los que por él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor.  Así es el Sumo Sacerdote que nos convenía: santo, inocente, incontaminado, apartado de los pecadores, encumbrado por encima de los cielos, que no tiene necesidad de ofrecer sacrificios cada día, primero por sus pecados propios como aquellos Sumos Sacerdotes, luego por los del pueblo: y esto lo realizó de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.  -Hebreos 7,24-27

Pues no penetró Cristo en un santuario hecho por mano de hombre, en una reproducción del verdadero, sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro,”y no para ofrecerse a sí mismo repetidas veces al modo como el Sumo Sacerdote entra cada año en el santuario con sangre ajena. Para ello habría tenido que sufrir muchas veces desde la creación del mundo. Sino que se ha manifestado ahora una sola vez, en la plenitud de los tiempos, para la destrucción del pecado mediante su sacrificio. -Hebreos 9,24-26

El sacerdote es sacerdote EN CRISTO y no por cuenta propia. Es Cristo, actuando en el sacerdote, quien consagra y ofrece Su Cuerpo y Sangre en la Santa Misa. San Pablo lo explica:

Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados;  y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza. Y a causa de esa misma flaqueza debe ofrecer por los pecados propios igual que por los del pueblo. Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón. De igual modo, tampoco Cristo se apropió la gloria del Sumo Sacerdocio, sino que la tuvo de quien le dijo: “Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy.” -Hebreos 5,1-5

Los Apóstoles fueron los primeros sacerdotes y fueron ordenados por Jesús el Jueves Santo, cuando les dijo: “Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.”
-Lucas 22,19.

Hasta el fin de los tiempos

Cristo vino no sólo para una generación sino para estar con nosotros hasta el fin del mundo. Su sacrificio del Calvario ha de ser renovado perpetuamente para que todos puedan participar en El. Para ello se vale de los sacerdotes quienes actúan en su nombre y con su poder. Es por eso que San Pablo dice a Tito:

“El motivo de haberte dejado en Creta fue para que acabaras de organizar lo que faltaba y establecieras presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené” -Tt 1, 5.

Los obispos y sacerdotes reciben el sacramento del orden que viene de los apóstoles, como Tito lo recibió de Pablo, por medio de la ordenación. Esta línea que da ordenaciones que viene del mismo Cristo por medio de los Apóstoles se llama “sucesión apostólica”.

También vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo. -I Pedro 2,5.

“Santos Cristóbal Magallanes, Presbítero y Compañeros, Mártires”

“Santos Cristóbal Magallanes, Presbítero y Compañeros, Mártires”

Juan 12, 24-26
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna. El que quiera servirme que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre”.

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Cristóbal Magallanes (1869–1927) y compañeros mártires

El reloj, con su cansino y constante paso, está por marcar las siete de la mañana. La luz tenue del sol se asoma, tímida, en el horizonte, ahuyentando la niebla, que sacude sus vapores como sábana que se enrolla sobre el valle. El rocío dejó su huella en los arbustos; el campo está perfumado y huele a tierra mojada. Hace frío. Algunas aves comienzan a surcar el cielo, mientras mugen las vacas seguidas de un arriero; el paisaje se va pintando con la policromía del amanecer mientras se despierta la pequeña población de Totatiche, Jalisco, en el occidente de México.

En Totatiche hay una iglesia y en ella vive el párroco, el padre Cristóbal, quien es muy apreciado entre sus feligreses, por su celo pastoral: visita a los enfermos, da limosnas, es misionero entre los indígenas Huicholes de la zona; establece centros de catequesis para niños y adultos en toda la comarca, talleres de carpintería y zapatería, escuelas, y sanatorios y hasta una biblioteca. Promueve, además, la construcción de una presa y los músicos del pueblo le agradecen su entusiasmo para lograr la formación de su banda. Se deben al padre Cristóbal la fundación de un hospicio para huérfanos, el asilo para ancianos y las capillas en los ranchos de su jurisdicción. En Totatiche todos conocen cómo se gasta el padre Cristóbal en tantas cosas, además de las confesiones, la celebración de los Sacramentos y la promoción de vocaciones para el seminario ¡Cuánto puede hacer un buen sacerdote!

Estamos en un día de diciembre de 1926. La persecución religiosa en México pone los nervios de punta en todos. Unas cuantas mujeres, envueltas en sus rebozos, apresuran sus pasos hacia una casa. Va a comenzar la Misa que Cristóbal Magallanes celebra a escondidas, con gran piedad:  —In nómine Patris et Filii et Spiritus Sancti. —Et cum Spíritu tuo. Las respuestas se dicen en voz baja y profunda devoción. Hace cuatro meses los Obispos mexicanos ha tenido que decretar la suspensión del culto público como respuesta a la agria persecución que ha desatado el Gobierno contra la Iglesia Católica. Algunos fieles católicos se organizan, incluso con las armas, para restaurar la libertad religiosa y de culto. Los Obispos y la mayoría de los sacerdotes, por su parte, se oponen a la resistencia violenta y exhortan a acciones pacíficas, aunque la tropas del Gobierno buscan a sacerdotes entre sus escondrijos, a veces de casa en casa, para darles muerte. El párroco de Totatiche había escrito al respecto: “La religión ni se propagó, ni se ha de conservar por medio de las armas. Ni Jesucristo, ni los Apóstoles, ni la Iglesia han empleado la violencia con ese fin. Las armas de la Iglesia son el convencimiento y la persuasión por medio de la palabra”.

Durante aquella Misa clandestina, en la penumbra mañanera, los ojos del padre Cristóbal destilan gruesos lagrimones que corren por su rostro. Quizá ninguno de los presentes se da cuenta del profundo dolor que embarga a ese sacerdote enamorado de Dios, pastor celoso. Sufre sólo de pensar que ese día tendrá que salir huyendo, quizá para siempre, de su gente. Es consciente de que ya se acerca la hora de dar su vida por Dios. En las últimas horas han llegado noticias alarmantes en relación a otros sacerdotes de pueblos vecinos que fueron apresados por el Ejército Federal.

Luego de celebrar la Santa Misa sale corriendo del pueblo. No es una huída cobarde. Sabe que en muchos lugares necesitan de su atención sacerdotal y procura seguir vivo. Comienzan cuatro meses de agotadoras caminatas entre montañas y barrancas. Se detiene lo indispensable en algunas casas, donde consuela y anima a todos. Sus compañeros de viaje son el hambre y el frío. Pasa de un escondite a otro; se disfraza y actúa con sagacidad, mientras ejerce el ministerio sacerdotal. El 21 de mayo, cuando montado en mula se dirige a una fiesta religiosa, es descubierto por el ejército. Un soldado le pregunta: ¿Quién es usted? —Soy el párroco de Totatiche…, dijo valiente, sin vacilar.  —Pues móntese de nuevo y síganos…. Lo conducen al mismo pueblo donde vivía y lo meten en la cárcel, donde  para su sorpresa, encuentra a su vicario, el padre Agustín Caloca, sacerdote de 29 años de edad, oriundo de un pueblo de Zacatecas. El pueblo se arremolina en las afueras de la cárcel rogando por la libertad de los sacerdotes, sin resultado alguno.

La mañana del 25 de mayo, para ocultar su ya muy pronta ejecución, son conducidos a la casa municipal del pueblo llamado Colotlán. Sabemos que el señor Cura Cristóbal Magallanes le solicitó a su vicario, el Padre Agustín, la absolución sacramental, quien la recibió piadosamente de rodillas. El vicario la recibió luego de su párroco. Cuando Agustín advierte que llega el momento de morir dice: —Nosotros, por Dios vivimos y por Él morimos. Por su parte, el Padre Cristóbal ante sus verdugos, deja unas últimas palabras: — “Soy y muero inocente; perdono de corazón a los autores de mi muerte y pido a Dios que mi sangre sirva para la paz de los mexicanos desunidos. Viendo a su Vicario, muy afligido, le dijo: —Padre, sólo un momento y estaremos en el Cielo. Se oyeron los disparos del pelotón y poco después dos tiros de gracia, a corta distancia, sobre sus cabezas. La sangre de los dos sacerdotes no fue derramada en balde.

El 21 de mayo de 2000, en Roma, Juan Pablo II canonizó a Cristóbal Magallanes y a otros 24 compañeros mártires, sacerdotes y laicos.     Las vidas de estos hombres admirables se merece muchas páginas. Sirvan de estímulo para nosotros algunos hechos, contados por testigos presenciales, de los momentos últimos de varios de ellos. Quizá hagan en nosotros el mismo efecto que, muchos siglos antes describía así San Bernardo de Claraval: “confieso que, cuando pienso en los santos, siento arder en mí grandes deseos”.

“Reciban el Espíritu Santo…”

“Reciban el Espíritu Santo…”

Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: –Paz a vosotros.

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: –Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: –Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

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Uno de los últimos pasos del plan de Dios, claro hablando en términos de redención, es el momento en que envía el Espíritu Santo, ya que ahora sí, la humanidad restaurada del pecado, ya pagada con creces por su mismo Hijo, al entregarse a la muerte para darnos nueva vida, sanando con un dolor único y purificador a una escala que trasciende las distancias y los tiempos, ahora esa humanidad es dignamente receptiva a la plenitud del Espíritu Santo.

Es ese Pentecostés que llega motivando desde el interior de nuestras almas aquellos gérmenes ya depositados por el creador en nuestro ser, aquellos que Él mismo desea hacernos poseedores conscientes para en conjunto hacerlos trabajar hasta dar a su tiempo el fruto esperado.

Dones que ahora sí pueden expandirse en medio de la comunidad receptiva y sabedora de lo otorgado para crecer aún más, pero no tan sólo económicamente, eso está garantizado como añadidura de un don bien trabajado, sino además en gracia y santidad.

Ya San Pablo nos invita a crecer, porque sabe que hoy sí lo podemos hacer y es una oportunidad al alcance de la mano, para aprovecharla, cosa que antes de la Pascua de Cristo no se podía en toda la extensión de la palabra, sino en modo de mantenimiento básico a causa del pecado, todo en la misericordia de Dios al no dejarnos de su mano sin alguna gracia que a pesar del mal en nuestros corazones alcanza a obrar. Por eso Pablo en su primera carta a los corintios, capítulo 13, nos exhorta a adquirir los dones más excelentes, y no conformarnos con lo poco que el pecado deja ver, qué aunque básicamente basta, no es suficiente ante tan gran gracia.

Por ello hay que estar siempre dispuestos a enriquecernos primero de los dones de Dios, digo ahora que se puede, y en consecuencia a la par de los bienes materiales, porque una obra sin la otra queda vacía.

 

Ven, Espíritu Santo,

Llena los corazones de tus fieles

y enciende en ellos

el fuego de tu amor.

Envía, Señor, tu Espíritu.

Que renueve la faz de la Tierra.

 

Oración:

Oh Dios,

que llenaste los corazones de tus

fieles con la luz del Espíritu

Santo; concédenos que,

guiados por el mismo Espíritu,

sintamos con rectitud y

gocemos siempre de tu consuelo.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.