“Familiarizándonos”

“Familiarizándonos”

Juan 16, 23b-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre».

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Cuando conocemos ya sea a una persona, a una institución, un nuevo trabajo e inclusive un nuevo accesorio en el hogar, nos vamos paso a paso de manera muy cuidadosa hasta comprenderle casi del todo, y por ello el trato no se da de igual manera que con las relaciones ya afianzadas en el tiempo. 

Es un hecho que entramos en una fase de hacerlo familiar en nuestro entorno; así pues precisamente en esa fase Jesús presenta el evangelio de una manera amigable, sencilla, afable, en parábolas, con comparaciones muy entendibles mientras lo hacemos nuestro, para una vez aceptado y asimilado, podamos profundizar aún más en el misterio revelado.

Ya con esa confianza, entonces puede el Señor hablar tan clara y profundamente como es necesario en nuestro crecimiento espiritual, ya que no basta con un mínimo, sino que al contrario, siempre habrá cada vez algo nuevo que nos haga crecer constantemente a la estatura de nuestro Padre Celestial, y eso será un camino presente hasta la patria eterna.

Es por ello que hay que permitir familiarizarnos con Jesús, con su palabra, con su obra, y entonces la exigencia de crecimiento será tan propia como nuestra fe y amor al Señor, sin presiones externas, sino un asiduo y constante acercamiento tan pleno que aunque a veces duro, siempre le buscaremos cada vez mas con una automotivación en la que sólo Dios basta.