“Te ruego por ellos…”

“Te ruego por ellos…”

Juan 17, 1-11a.

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti».

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Marcar la diferencia con los propios hechos y la propia vida nunca ha sido fácil, sobre todo cuando en el ínter aquellos que permanecen estáticos se sienten ofendidos en su pereza. La valentía, aquella que se manifiesta en medio de la prudencia y la sencillez, al contrario de la que se presenta con amenazas y violencia, es la que debe prevalecer, sobre todo en aquellos quienes firmemente desean un cambio.

Entrar al mundo con un esquema de valores le duele, por ello es necesario el apoyo en la oración para fortalecernos, y como lo dijera Jesús mismo en el Evangelio de San Juan 15,5 “Sin mí, nada pueden hacer”, se refiere a que esta obra tan grande y específica requiere de Jesús mismo, de su presencia e intercesión.

Nosotros por nuestra propia cuenta llegaremos hasta donde donde las fuerzas alcancen, y el mundo se encarga de ponernos trabas para hacerlo más prontamente, además que la obra del Señor precisamente es de Él, y nosotros indignos administradores en los que ha depositado su confianza.

Es por ello que Jesús está el pendiente de los suyos, es decir, de nosotros a la vez, ya que confrontar al mundo con el testimonio requiere de mucha oración para resistir e implorar victoria, porque a su lado, todo es posible, por ello ruega e intercede constantemente por nosotros, porque nos ama y sabe que somos suyos, para que nos sintamos como tal y sobre todo, actuemos conscientes de esta gracia como tal.

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