“Reciban el Espíritu Santo…”

“Reciban el Espíritu Santo…”

Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: –Paz a vosotros.

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: –Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: –Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

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Uno de los últimos pasos del plan de Dios, claro hablando en términos de redención, es el momento en que envía el Espíritu Santo, ya que ahora sí, la humanidad restaurada del pecado, ya pagada con creces por su mismo Hijo, al entregarse a la muerte para darnos nueva vida, sanando con un dolor único y purificador a una escala que trasciende las distancias y los tiempos, ahora esa humanidad es dignamente receptiva a la plenitud del Espíritu Santo.

Es ese Pentecostés que llega motivando desde el interior de nuestras almas aquellos gérmenes ya depositados por el creador en nuestro ser, aquellos que Él mismo desea hacernos poseedores conscientes para en conjunto hacerlos trabajar hasta dar a su tiempo el fruto esperado.

Dones que ahora sí pueden expandirse en medio de la comunidad receptiva y sabedora de lo otorgado para crecer aún más, pero no tan sólo económicamente, eso está garantizado como añadidura de un don bien trabajado, sino además en gracia y santidad.

Ya San Pablo nos invita a crecer, porque sabe que hoy sí lo podemos hacer y es una oportunidad al alcance de la mano, para aprovecharla, cosa que antes de la Pascua de Cristo no se podía en toda la extensión de la palabra, sino en modo de mantenimiento básico a causa del pecado, todo en la misericordia de Dios al no dejarnos de su mano sin alguna gracia que a pesar del mal en nuestros corazones alcanza a obrar. Por eso Pablo en su primera carta a los corintios, capítulo 13, nos exhorta a adquirir los dones más excelentes, y no conformarnos con lo poco que el pecado deja ver, qué aunque básicamente basta, no es suficiente ante tan gran gracia.

Por ello hay que estar siempre dispuestos a enriquecernos primero de los dones de Dios, digo ahora que se puede, y en consecuencia a la par de los bienes materiales, porque una obra sin la otra queda vacía.

 

Ven, Espíritu Santo,

Llena los corazones de tus fieles

y enciende en ellos

el fuego de tu amor.

Envía, Señor, tu Espíritu.

Que renueve la faz de la Tierra.

 

Oración:

Oh Dios,

que llenaste los corazones de tus

fieles con la luz del Espíritu

Santo; concédenos que,

guiados por el mismo Espíritu,

sintamos con rectitud y

gocemos siempre de tu consuelo.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.

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