“¿Milagros Anónimos?”

“¿Milagros Anónimos?”

Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: —Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.

Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente, preguntando: —¿Quién me ha tocado el manto?

Los discípulos le contestaron: —Ves como te apretuja la gente y preguntas: «¿Quién me ha tocado?»

Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. El le dijo: —Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: —Se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: —No temas; basta que tengas fe.

No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: —¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: —“Talitha qumi” (que significa: contigo hablo, niña, levántate).

La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

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En el Evangelio de éste día encontramos una situación un tanto común pero no tan buena en el plan de Dios, y es que la mujer enferma, aunque su confianza en Jesús es muy grande pensando que bastaría con tan sólo tocarlo se curaría; de una manera discreta y anómima ella procede.

Más sin embargo es imposible que un milagro pueda ser anómimo, que no implique a ambas partes, ya que la acción requiere de las dos: Dios y la persona. En la mayoría de los casos desearíamos que así fuera, ya que uno obteniendo su sanación de igual manera anónimamente me desaparezco sin compromiso ni agradecimiento alguno.

Eso no lo permite Jesús, y aunque para los demás la búsqueda de esa persona en medio de la muchedumbre descontrolada y eufórica sea un absurdo, la obra de Dios debe completarse con el agradecimiento y la toma de conciencia del don recibido, sobre todo para que éste de más frutos y sea un notorio testimonio de fe en la comunidad.

Además no puede quedar en la pasada el milagro, porque se inició con ello un proceso de fe que culminará en la santidad. Al igual nosotros debemos ser conscientes de que los milagros requieren del mínimo agradecimiento y acción de nuestra parte, pero si no somos capaces de retornar lo mínimo, Dios no deja de hacer el milagro, pero quien no lo permite que obre en su plenitud eres tu. Déjalo hacer su obra en ti, que quien sale ganando eres tu y sin pedirte nada que no puedas dar en lo ordinario de tu vida.

“Lo aprovechas, u otros lo hacen”

“Lo aprovechas, u otros lo hacen”

Mateo 8, 5-17

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó diciéndole: —Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.

El le contestó: —Voy yo a curarlo.

Pero el centurión le replicó: —Señor, ¿quién soy yo para que entres bajo mi techo? Basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes: y le digo a uno «ve», y va; al otro, «ven», y viene; a mi criado, «haz esto», y lo hace.

Cuando Jesús lo oyó quedó admirado y dijo a los que le seguían: —Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos; en cambio a los ciudadanos del Reino los echarán afuera, a las tinieblas.

Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Y al centurión le dijo: —Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído.

Y en aquel momento se puso bueno el criado.

Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles. Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él con su palabra expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades».

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No dudo en remarcar todas las bendiciones que Dios en su infinita bondad y misericordia a pesar de nuestra constante negativa sigue otorgándonos sin problema de su parte. Podría remarcar tan sólo los bienes y alimentos que pone al alcance de la mano para uso personal, que es lo que más pedimos y en lo que más se centra nuestra mente.

Sin embargo, damos por hecho que la parte de la gracia y la providencia divina está garantizada, y lo es, pero habría que ver si de nuestra parte realmente hacemos un uso provechoso de ellas, porque parece que esas gracias no las valoramos como tal, olvidamos que al mínimo en cada pueblo tenemos de una a dos iglesias donde a díario se celebra la eucaristía y tenemos los sacramentos a disposición.

Cuántos otros no tienen nada al alcance y sin embargo su trabajo aunque a veces no tan bien remunerado nos beneficia cómodamente desde nuestro escritorio, porque son los que producen lo que vitalmente tu consumes.

La cuestión es que todo aquello que hoy se te da generosamente a manos llenas, no se desperdiciará, y si a tí no te importan los bienes espirituales de Dios, otros a quienes menos pienses les serán dados y los aprovecharán con frutos mayores a los que tú mismo has trabajado tan sólo en lo material. Aprovecha, que de ésto no habrá diario.

“San Pedro y San Pablo”

“San Pedro y San Pablo”

Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe y preguntaba a sus discípulos: –¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?

Ellos contestaron: —Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.

El les preguntó: —Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: —Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

Jesús le respondió: —¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.

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Festejamos en este día a dos grandes pilares de la Iglesia, los cuales han sido depositarios de la confianza de Dios para llevar a cabo dentro del plan de Dios su obra a través del tiempo. Personajes que conociendo las circunstancias de su tiempo saben aprovecharlas a tal grado de no limitarse a su espacio y localidad. 

Hombres que saben mirar más allá, que su experiencia de vida cercana a jesús en el caso de Pedro y de profunda conversión en el caso de Pablo, fueron el complemento que Dios utilizó para llegar a la plena difusión de la Palabra de Dios, así como la justa Guía de la Iglesia naciente.

Se les llama pilares por su profunda doctrina que incluso en momentos difíciles al interno de la comunidad de los cristianos han puesto en claro los principio y fundamentos siempre en miras a la verdad, sin descartar pero tampoco sin entrar en confusión con el Judaísmo del cual proceden como una etapa en la misma historia de la salvación.

Hombres valientes, entregados, con sus defectos, pero al final, santos, no por lo que son, sino por lo que llegaron a crecer y ser a los ojos de Dios, basados sobre todo en el amor y fidelidad a Nuestro Señor Jesucristo.

Pidamos su protección y guía para obtener algo de su sabiduría, entrega, valentía y santidad.

“Pero no se hundió…”

“Pero no se hundió…”

Mateo 7, 21-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros? Yo entonces les declararé: Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente». Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los letrados.

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Una de las no cualidades de aquellas personas que carecen de momentos de esa paz restauradora que ubica todo en su lugar para saberlo administrar, es el deseo de ver derrotadas e infelices a aquellas personas que sobresalen alrededor de nosotros. Aquellas que a pesar de las dificultades salen a flote, y mientras más se mantengan de pie a pesar del dolor,  a esos envidiosos más les adolece su propio orgullo.

Y es que aquellos que adolecen de la fe, le atribuyen a la suerte la no caída de sus selectivos enemigos, sabiendo que en realidad su dolor les impide reconocer que no es la suerte, sino la confianza que esas personas han depositado en Dios.

Claro que ellos mismos los podrán atacar, pero “quién los separará del amor de Cristo” (Rom 8,35), ciertamente los herirán, pero olvidan que su dolor los hace cada vez más fuertes, y que en realidad al que atacan es a Dios que es quien los sostiene, por ello no los verán caer.

Es esa fortaleza que Dios otorga en medio de las luchas para seguir adelante, sobre todo los que desean amarlo y seguirlo, y no es un premio que les da, sino una gracia creciente que va en la base de un amor recíproco. 

Simplemente por eso no se hundió, porque su fe y su amor concretos están bien basados y reforzados con el testimonio siempre en la verdad y en la confianza en Dios.

“Impuestos a lo mal hecho”

“Impuestos a lo mal hecho”

Mateo: 7,15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuidado con los falsos profetas. Se acercan a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?
Todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Todo árbol que no produce frutos buenos es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los conocerán”.

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Hoy en nuestros días carecemos de modelos confiables, no porque se dude de ellos, sino porque entre tantos modelos y maneras de actuar, sobre todo los que lideran, tanto en lo político como en lo religioso cada cual impone su estilo, al que obligadamente nos tenemos que imponer, porque no se tiene más.

Sin embargo, el Señor se hace cargo de que por algún medio conozcamos la verdad, ya sea aprendida en las experiencias de la historia o indirectamente por otras personas y circunstancias que la han vivido y la comparten, para informar cómo y a quién hay que seguir y obedecer.

Dentro del conformismo y cuando más no se puede hacer por cambiar a nuestros guías y líderes, nos imponemos abnegadamente a hacer las cosas mal hechas como lo piden nuestros modelos del momento.

Por ello Jesús nos dice que no cedamos ante esa falsa o impuesta autoridad, porque nuestra confianza se verá quebrantada, y literalmente seguiremos a falsos profetas que no predican la verdad, sino su conveniente falsedad disfrazada de verdad.

La clave para detectarlos y no corromper nuestros valores denigrándolos al seguir una actitud manipulada por gente sin escrúpulos ni conciencia es muy clara y sencilla, ya que sus obras y actitudes hablan de todo su ser y pensar, como dice el evangelio: “Por sus frutos los conocerán”.

Al ver sus obras, la decisión de seguirlos es nuestra, pero no te permitas rebajarte e imponerte a hacer al igual que ellos todo mal hecho. 

“Las perlas no son para los cerdos”

“Las perlas no son para los cerdos”

Mateo 7, 6.12-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos».

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Hay que tener en cuenta que el proceso de madurez en la vida de cada persona varía exponencialmente, aunque tengan los mismos estudios y la misma edad, ya que eso no es garantía, es muy distinto el desarrollo emocional, el desarrollo intelectual, el desarrollo físico, el desarrollo espiritual y por ende la madurez como cúspide del proceso.

De igual manera los intereses en cada quien distan en la misma proporción y quizá un poco mas ya que aquí entran los gustos y las tendencias. Más si hemos iniciado un proceso Kerigmático de evangelización que inicia con el bautismo, se afianza en la confirmación y se complementa con las catequesis que van desde la infancia hasta la edad adulta, porque de igual manera se cultiva la fe, entonces depende en el peldaño que vayas será lo mayormente comprensible la fe.

Con esto no quiero decir que se es o se consideran más importantes, al contrario, vamos en el mismo riel y siempre será Dios novedad mientras deseemos estar más cerca de Él no importa la preparación, por lo que hay que saber participar de la misma fe en el nivel que se encuentre la otra persona, ya que no le podemos exigir a un pagano que no conoce a Dios que se porte como a quien no se le dificulta ya la oración y comunión profunda, ni sin miedos a realizar la caridad.

Si exigimos algo que no conocen de raíz, corremos el riesgo de que no lo valoren o se sientan atacados, reaccionando defensivamente con ofensas que podrían rallar en la blasfemia, más aun nosotros seríamos los imprudentes que expondríamos la fe al insulto.

Si sabes que te van a atacar, no seas tú quien les provoque, porque las perlas no se le dan a lo cerdos, las pisotearán en su propio cieno, esos animalitos ni las conocen ni las aprovechan, analógicamente a quienes no valoran la fe hay que darles algo más ligero y digerible, para que al final se den cuenta del tipo de perla que están recibiendo.

“Falsa ayuda”

“Falsa ayuda”

Mateo 7, 1-5

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No juzguéis y no os juzgarán. Porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano».

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No me cabe la menor duda de la buena intención de las personas en cuanto a ayudar a los demás se refiere, hay quien lo hace totalmente en un espíritu de servicio altruista y desinteresado, hasta quienes cobran los favores.

Pero lo que más me preocupa es aquella ayuda que te brindan a su muy particular manera de cada persona, aquella que según sus criterios sería la mejor para el bien de la otra persona, que en realidad no es ayuda porque pretenden estar a tu disposición cuando en realidad están truncando el verdadero respaldo, además de mezclar los propios problemas y traumas en su solución.

Te ayudan a su manera, con muy buena intención, pero sin estar capacitados para ello y aunque tengan los recursos a la mano no los utilizan. Es más lo que estorban que lo que ayudan, y en el plano de la fe, no se diga, te juzgan con un juicio acomodado a su vida para no ser severos ni contigo, ni consigo mismos; moralmente no pueden, su pecado se los impide, y lo que suelen hacer es remarcar tu pecado para desviar la atención del suyo.

Falta autenticidad, estar capacitados y libres de tapujos personales para poder ayudar, falta integridad, si no a su vez tu problemas se los comerá enteros, hay que ver claro para poder ayudar, porque las vigas que nos ciegan, sólo dejan ver el mal, pero no la solución. Hay que quitar la hipocresía y entonces ya estarás de raíz ayudando, si no, será una falsa ayuda.

“Natividad de San Juan Bautista”

“Natividad de San Juan Bautista”

Lucas: 1, 57-66. 80

Por aquellos días, le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.
A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: “No. Su nombre será Juan”. Ellos le decían: “Pero si ninguno de tus parientes se llama así”.
Entonces le preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamara el niño. El pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.
Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos y en toda la región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban impresionados: “¿Qué va a ser de este niño?” Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.
El niño se iba desarrollando físicamente y su espíritu se iba fortaleciendo, y vivió en el desierto hasta el día en que se dio a conocer al pueblo de Israel.

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“La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja”, explicaba el Obispo San Agustín (354-430) en sus sermones ya en los primeros siglos del cristianismo.

“Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan”, añadía el Santo Doctor de la Iglesia.

San Juan Bautista nació seis meses antes de Jesucristo. En el primer capítulo de San Lucas se narra que Zacarías era un sacerdote judío casado con Santa Isabel y no tenían hijos porque ella era estéril. Estando ya de edad muy avanzada, el ángel Gabriel se le apareció a Zacarías de pie a la derecha del altar.

El mensajero divino le comunicó que su esposa iba a tener un hijo, que sería el precursor del Mesías, y a quien pondría por nombre Juan. Zacarías dudó de esta noticia y Gabriel le dijo que quedaría mudo hasta que todo se cumpla.

Meses después, cuando María recibió el anuncio de que sería madre del Salvador, la Virgen partió a ver a su prima Isabel y se quedó ayudándole hasta que nació San Juan.

Así como el nacimiento del Señor se celebra cada 25 de diciembre, cercano al solsticio de invierno (el día más corto del año), el nacimiento de San Juan es el 24 de junio, alrededor del solsticio de verano (el día más largo). Así, después de Jesús los días van a más y después de Juan, los días van a menos hasta que vuelve “a nacer el sol”.

La Iglesia señaló estas fechas por el siglo IV con la finalidad de que se superpongan a dos fiestas importantes del calendario greco-romano: “día del sol” (25 de diciembre) y el “día de Diana” en el verano, cuya fiesta conmemoraba la fertilidad. El martirio de San Juan Bautista se conmemora cada 29 de agosto.

El Profeta del Altísimo

El 24 de junio de 2012, con ocasión de esta fiesta, el entonces Papa Benedicto XVI afirmó que el ejemplo de San Juan Bautista, llama a los cristianos “a convertirnos, a testimoniar a Cristo y anunciarlo a tiempo y contra el tiempo”.

En sus palabras previas al rezo del Ángelus, recordó la vida de San Juan Bautista e indicó que “si se excluye la Virgen María, el Bautista es el único santo de quien la liturgia festeja el nacimiento, y lo hace porque está estrechamente relacionado con el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios”.

“Desde el seno materno, en efecto, Juan es el precursor de Jesús: su prodigiosa concepción es anunciada por el Ángel a María como signo de que “nada es imposible a Dios”.

Benedicto XVI recordó que “el padre de Juan, Zacarías, marido de Isabel, pariente de María, era sacerdote del culto judío. Él no creyó enseguida al anuncio de una paternidad ya inesperada y por este motivo quedó mudo hasta el día de la circuncisión del niño, al cual él y su mujer le dieron el nombre indicado por Dios, es decir Juan, que significa ‘el Señor hace gracia’”.

“Animado por el Espíritu Santo, Zacarías habló así de la misión del hijo: ‘y tú niño serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor preparando sus caminos, para hacer conocer a su Pueblo la salvación mediante el perdón de los pecados’”.

Explicó que “todo esto se manifestó 30 años después, cuando Juan bautizaba en el río Jordán, se puso a bautizar, llamando a la gente a prepararse, con aquel gesto de penitencia, a la inminente venida del Mesías, que Dios le había revelado durante su permanencia en el desierto de Judea”.

“Cuando un día, desde Nazaret, viene Jesús mismo para hacerse bautizar, Juan primero rechazó, pero luego aceptó, y vio el Espíritu Santo posarse sobre Jesús y oyó la voz del Padre celeste que lo proclamaba su Hijo”.

El Santo Padre explicó que la misión de San Juan Bautista no se había cumplido hasta entonces, pues “poco tiempo después, se le pidió que anticipara a Jesús también en la muerte violenta. Juan fue decapitado en la cárcel del rey Herodes y así dio pleno testimonio del Cordero de Dios, a quien él, primero que todos, había reconocido e indicado públicamente”.

Benedicto XVI también recordó que “la Virgen María ayudó la anciana pariente Isabel a llevar hasta el último la concepción de Juan”. “Ella ayude a todos a seguir a Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, que el Bautista anunció con gran humildad y ardor profético”, concluyó.

Fuente: Aciprensa.com

“Las prioridades”

“Las prioridades”

Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: no estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.

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Dentro de las etapas naturales del crecimiento infantil en nuestra vida, desde luego que iniciamos a hacer prioridades con la propia familia, diciendo cuando le preguntan a un niño, que a quién quiere más, hará una elección selectiva en base de quien saca mayor provecho y lo complace más.

Pero esa es una elección totalmente inmadura e infantil, lo malo es que a una gran mayoría de personas que no les han enseñado una educación con valores, crece hasta los ochenta años con la misma actitud preferencial.

Hace falta practicar el discernimiento que no va tan sólo a beneficiar a mi propia persona, sino que además incluye a los demás, y no tan sólo a tu familia, sino también a tu entorno comunitario, ya que tus prioridades tendrán un impacto a nivel social.

Por ello en lo que elijas en tu vida trata de buscar tu bien, pero a su vez el bien de los demás, porque muchas veces lo que eliges para tí, va en detrimento de los otros, y eso no se vale, porque si eso te lo aplicarán a ti, entonces sí respingarías.

Las prioridades siempre lo serán en cualquier circunstancia, porque quien es acomodaticio denota una falta de respeto total a sus convicciones y por ende a los demás. Hay que saber elegir y servir fielmente para no ser dobles, ya que el principal valor, es decir Dios, te da sin problema lo que buscarías cuando estás cerca de Él, pero si picas aquí y allá a ver de dónde sacas mayor provecho, al final te quedaras sin nada, ni con uno, ni con otro. Organiza tus prioridades y el resto sale sobrando.

“Vista sana”

“Vista sana”

Mateo 6, 19-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Amontonad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los roan, ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro, allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!».

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Dentro de los múltiples dones que Dios nos ha regalado encontramos uno muy preciado: la vista, de la cual dependemos mayormente para realizar nuestras actividades diarias con mayor eficacia, sin embargo hoy en nuestros días no es vital para la supervivencia, por los medios con que contamos para su ayuda y beneficios.

Pero esa vista receptora depende mucho hacia dónde la dirijamos, podemos canalizarla a descubrir las maravillas de la creación o podemos anclarla en observar tan sólo amargamente lo que nos lleva a la infelicidad y al mal.

Somos receptores que al final manifestamos aquello de lo que nos hemos saturado, negativamente considerándolo ya como lo ordinario en nuestras propias vidas, cuando un cambio abrupto para corregir eso es necesario en ciertas etapas, a manera de purga y purificación.

Hemos sido hechos para manifestar esa luz que entra por nuestra vista, por lo que cuando no lo hacemos, entonces lo que se ve, es esa ausencia, ese vacío, esa nulidad, habrá oscuridad y no manifestarás nada, pero si se verá tu vacíes.

Es por ello que no tan sólo hay que cuidar la vista, sino que hay que ver aquello que nos da luz, hay que tener vista sana, aquella que hasta un ciego puede tener, porque no tan sólo entra por los ojos, sino que se asimila en el corazón; que todo en ti sea luz, y no vean cuan vacío estas, porque aunque bien te vistas y te cuides externamente, si no tienes esa luz, por más caro que sea tu cuidado nada manifestarás.