“Y si no perdonas, ¿qué pasa?”

“Y si no perdonas, ¿qué pasa?”

Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis no uséis muchas palabras como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que se lo pidáis. Vosotros rezad así: Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno. Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas».

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Parece que el perdonar se ha convertido en un lujo empapado de soberbia y vanidad, dónde la persona se lo reserva para darse importancia y así acentuar la llamada de atención en su persona, se piensa que será la mejor manera de solucionar sus propios dolores, sin embargo no se toma en cuenta que por el contrario se acentuarán aun más sus propias fatigas.

Y es que vivir con una carga de resentimiento, orgullo e indignación, no ayuda mucho para conque con toda la libertad y estabilidad se tomen las siguientes decisiones en la vida, aquellas que marcarán la siguiente pauta. En realidad estarás decidiendo con un peso no resuelto en tu vida que hasta inconscientemente te roba la estabilidad y la paz, por lo que mientras no perdones, todo estará impregnado con esta tinta que adolece internamente.

Olvidamos que perdonar o pedir perdón no tan sólo es un acto externo, no le estamos haciendo el favor a nadie, al contrario, los mayormente beneficiados somos nosotros que liberamos nuestra mente y corazón de ataduras voluntarias que tan sólo lo que hacen es fermentar el mal adoptado y externarlo cuando más no podemos.

Terapéuticamente los más sano es perdonar, pero también no darle importancia y olvidar. Las personas realmente libres, no son las que andan en la calle y van por doquier, sino que son aquellas que no tienen ninguna atadura inclusive en su corazón. Así que si perdonas, ya sabes lo que pasa y si no, también.

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