“Seguirlo”

“Seguirlo”

Mateo 8, 18-22
En aquel tiempo, al ver Jesús que la multitud lo rodeaba, les ordenó a sus discípulos que cruzaran el lago hacia la orilla de enfrente. En ese momento se le acercó un escriba y le dijo: “Maestro, te seguiré a donde quiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en donde reclinar la cabeza”. Otro discípulo le dijo: “Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre”. Pero Jesús le respondió: “Tú, sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos”. 

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Ante los miedos al compromiso que implica una sana relación humana, se dan cada vez con  más frecuencia, ya que el mundo de hoy vive despersonalizado, aparentando tras una pantalla o un celular ser quien no se es, aunque también existen los que se presentan valientemente tal cual son.
Las relaciones humanas han venido a menos, existe más comunicación, pero menos trato directo, por lo que si somos temerosos de poder entablar una real relación con otra personas, ya que implica responder a una amistad, que siempre ha sido lo más ordinario, pero que ahora no se da tan fácilmente, implica el estar presente, el amar, el responder a las peticiones entre ambas personas. Pero todo eso da pavor y no se sigue ni a nada, ni a nadie.
Resulta en todo un reto seguir a Jesús, aunque lo encontremos en todos los medios como un anuncio de la buena nueva, solemos descartarlo ya que lo superfluo está a pedir de boca y resulta en una común alienación de la que da miedo salir y pensar diferente. Por eso la mayoría opina lo que opinan los demás, así no se comprometen. 
Olvidamos que seguir al Señor no es cambiar tu vida por un traje religioso, es dar testimonio en el mundo con valentía siendo tú mismo, tan sólo descartando aquello que te impide vivir una felicidad plena y llena de armonía y amor, eso mismo que Dios ha planeado que tengamos desde toda la eternidad, pero que renunciamos por el pecado al que fácilmente nos imponemos.
Es de héroes poderle decir al Señor: “Te seguiré a dondequiera que vayas”, que de igual manera se podría decir: “Te llevaré a dondequiera que yo vaya”, y sin cambiar para nada el entorno común, ni las amistades, porque a ellos mismos puedes darles testimonio sin exagerar del amor y de una vida digna sin el pecado por medio.
El Reino se construye desde dentro, y no desde fuera, inicia por ti y el resto se te facilitará porque ya la llevarás de ganar, el primer paso es seguirlo, el segundo es seguir.