“¿Sabemos descansar?”

“¿Sabemos descansar?”

Mateo 11, 28-30

En aquel tiempo, Jesús dijo: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”.

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Caminando durante este tiempo especial de gracias como lo es el adviento, nos encontramos con la propuesta del descanso, pero no estamos hablando de las ya esperadas y conocidas vacaciones de navidad, que por lo general es con lo que relacionamos los descansos, sino que la propuesta es más profunda, va al ámbito de nuestra tranquilidad, de nuestra fe, de nuestra esperanza, de nuestra paz, ya que se nos propone dejar la tensión que causan todas las circunstancias negativas de la vida, donde no dan cabida a un cambio de vida ni en nosotros ni en los demás, que muchas veces deseamos.

Ese descanso, se refiere a depositar nuestra confianza en Dios, puesto que ahora llega aquel que transformará toda alma destruida y deteriorada por el pecado, aquel pecado que aparenta haber llegado para quedarse ya como una situación ordinaria en nuestras vidas y la cultura,  pero que sabemos no es así.

Hay que dejar de cuidarnos en demasía y dejar de cuidar a los demás con tensión, ya está por llegar aquel que al transformar cada una de nuestras almas, otorgará todas esas gracias y herramientas necesarias al restaurarnos, dando cabida a todo lo que conlleva poder estar purificados y ser templos vivos del Espíritu Santo.

Es una garantía que debe despejar los miedos y saber que ya viene aquél que lo hará posible todo, ya no dependerá de nosotros el cuidar el bienestar y la tranquilidad moral, porque Él hará posible todo eso que al momento no lo era.

Aquí es donde se nos invita a saber descansar, dejar de pensar que todo depende de nosotros, ya viene esa ayuda, por lo que hay que saber dejar nuestra confianza en Dios, nada fácil cuando llevamos toda una vida al pendiente de los nuestros. Hay que saber descansar, porque tensos y atareados es imposible tener tiempo para vislumbrar esas gracias, con la tendencia a no aprovecharlas, porque impuestos al ritmo desenfrenado y saturados de quehaceres podemos caer en la trampa de creer que si no hacemos todo a ese ritmo fallamos a los nuestros.

Es tiempo de espera, seamos capaces de poder decir, “Ven, Señor Jesús” y date el tiempo de descansar junto con María, su madre, en su regazo.