“La cerrazón”

“La cerrazón”

Mateo 13, 10-17

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron: —¿Por qué les hablas en parábolas?

El les contestó: —A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del Reino de los Cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: «Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure». Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

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La cultura como en todos los tiempos, llega a un cúlmen para luego venir a decadencia, dicha cultura va unida junto al tipo de educación que se brinda en su momento, porque aún así varía de región en región y no se diga de país en país, más con eso de la globalización, la educación se centra no tanto en las tradiciones y las culturas, sino en lo económico laboral.

De tal manera que cuando cierran una puerta, lo hacen para abrir otra canalizada a sus propios criterios como lo es lo económico. Lo malo es que dejan de lado esos principios fundamentales y valores que complementan a la persona, y aunque se dicen muy desarrollados en la tecnología y evolución de sus ciudades, la realidad apunta a un vacío y una infelicidad de las personas que las habitan, es ahí dónde menor sentido se tiene del valor de la vida y donde se dan más los suicidios.

Y es que el problema radica en esa voluntaria cerrazón de mentes y corazones resaltando tan sólo un positivismo práctico, que literalmente deshumaniza, deja vacíos junto con un desarraigo que va desde la propia identidad, la familia, así como la cultura en general.

Es por ello que en ese esquema no pueden ver los dones de Dios, tan sólo sus mentes están programadas para ver lo material y encausadas a los netos intereses monetarios. Es necesaria una educación que abarque todos los valores de las artes en humanidades, tan desvaloradas hoy en día, para devolver un sentido de la vida y a su vez dar pie a reconocer lo trascendental, que es donde Dios se manifiesta.

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