“Tráiganmelo”

“Tráiganmelo

Mateo 17, 14-20

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: —Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo.

Jesús contestó: —¡Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.

Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: —¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?

Les contestó: —Por vuestra poca fe.

Os aseguro que, si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.

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Cientos de veces me ha tocado escuchar personas que solicitan constantemente oración de intercesión por alguna persona o algún problema particular y, claro con mucho gusto lo hago e invito a aquellas amistades e inclusive a mi misma comunidad a pedir por dicha causa.

Otras veces escucho gritos de desesperación a pedir por los pecadores y su conversión, incluso en el ritual de la Adoración Nocturna Mexicana, se lee “México, México, conviértete al Señor tu Dios” como tres veces seguidas. Claro es una frase que se remonta al momento histórico de la persecución religiosa en México bajo las armas, llamada La Cristiada, algo similar con lo que pasa en medio oriente en la actualidad.

Podemos sin cesar hacer una oración muy constante y profunda por cualquier situación que lo amerite, es muy bueno, pero lo optimo sería como el mismo Jesús lo dice: “Tráiganmelo”, es decir, hay que acercarlo a Él, porque aunque nuestra fe sea muy basta, no hay como tratar directamente al autor de la vida y del amor.

Si no los acercamos a Dios, sería muy similar el decirle a un doctor qué padecimientos tiene una persona muy estimada que viva en China, donde el doctor sólo puede dar recomendaciones, pero al informante, nada directo puede hacer por el enfermo porque necesita verlo. Y por más gritos de dolor que peguemos a los cuatro vientos, nada es comparable a estar presente con el Maestro.

El verdadero cambio no se da si la persona no quiere y no está presente, porque aunque Dios haga todo lo posible por cambiar un corazón rebelde, requiere de su permiso y voluntad para hacer su obra y, a fuerzas nada. Por ello lo mejor es estar y conocer al Señor, hablarle de lejos y remarcar que se es pecador, no creas que ayuda mucho. Mejor llévaselo y preséntale al Señor Jesús, Como Él dice: “Tráiganmelo”.

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