“…Para la vida del mundo.”

“…Para la vida del mundo.”

Juan 6, 41-51

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: —¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?

Jesús tomó la palabra y les dijo: —No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios». Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

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Hoy en nuestros días, así como antaño, después de que se llega a cierta edad, como que comienza la preocupación por mantener una eterna juventud y una vida que si se pudiera fuera eterna. Claro que de dicha obsesión sembrada desde la infancia con juguetes de eterna belleza idealizada, resulta benéfica para los mercaderes que lucran con los cosméticos y todos los productos que prometen casi la fuente de la eterna juventud. No se diga de los cirujanos plásticos y nutriólogos que abundan por doquier haciendo su magia y su dinero.

Pero la realidad nos dice que sea como sea, por más que se invierta en ese rubro, al final, todo se acaba y llega el ciclo natural de la vida con la muerte física.

Sin embargo olvidamos que existe un elixir maravilloso que no solamente da vida y belleza eterna, sino que además da felicidad, paz, alegría, sabiduría, entre otros múltiples dones más. Hace aceptar la realidad de la vida como sus etapas y desarrollos con la más tranquila calma. Y no sólo eso, sino que también da la vida eterna.

Lo más extraordinario es que eso es muy, pero muy caro, porque tienes que vender y deshacerte de todo tu egoísmo, de todo tu odio, de toda tu envidia, de todas tus inseguridades, de todos tus resentimientos, de todo tu orgullo y vanidad. Sí, sale muy caro, porque nadie quiere deshacerse de eso por aquello de las cadenas y dependencias que se tienen con los mismos.

Pero la excelente noticia, es que ese elixir es totalmente gratuito, se nos da día a día en la Sagrada Eucaristía, donde el sacerdote en nombre de Cristo y por obra del Espíritu Santo se realiza el milagro de la transubstanciación, dónde ese pan y ese vino, se transforman en el mismo Cristo, vivo y presente en su Sangre, así como en su Carne. Se nos da como alimento para la vida eterna, la felicidad y el apoyo para el camino de esta vida física. 

Así que ya sabes, lo mejor es que es gratis, déjate embellecer y hazte uno con el mismo autor y la belleza misma, únete en común unión a través de la Eucaristía y empieza a disfrutar el gozo y la alegría de la vida eterna.

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