“¿Como si no supieras?”

“¿Como si no supieras?”

Mateo 19, 16-22

En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: —Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno, para obtener la vida eterna?

Jesús le contestó: —¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

El le preguntó: —¿Cuáles?

Jesús le contestó: —No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo.

El muchacho le dijo: —Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?

Jesús le contestó: —Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres —así tendrás un tesoro en el cielo— y luego vente conmigo.

Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

—————————————

Ordinariamente Dios en su infinita misericordia y bondad nos coloca muy sabiamente donde conoce que ahí podremos desarrollar los dones que sabe nos ha regalado, porque nos conoce desde antes de nacer, siempre dando la libertad de utilizarnos o no, pero realmente sabe lo que te dio.

En el ínter de autodescubrir nuestras capacidades, tratando de compaginar nuestra vida con el ideal que deseamos ser y tener, con la auténtica realidad; vamos entre tiras y tirones ubicando nuestro ser y actuar. A veces perdemos el piso, andamos entre los etéreos sueños idealizados de personas, situaciones y cosas, pero la realidad se encarga de volver a ponerte los pies en tierra. 

Claro que no nos gusta, porque duele no aceptar la realidad, pero aunque los sueños no son reales, sí son una motivación que debemos de ubicar muy bien en su lugar. Debemos entender que precisamente lo real es el lugar donde podemos practicar todo aquello que nos lleva a la santidad, no en lo ideal ni en las tan buenas intenciones pero super vacías de obras que al final siguen quedando en nada.

Bien sabemos todo lo que tenemos que hacer y nos hacemos los que perdemos la memoria como si no supiéramos nuestros deberes y responsabilidades, que aunque sean en casa, en el trabajo o en la escuela, bien intencionadas y bien realizadas, son bastas para santificarte con ellas, ya vendrán otros compromisos, pero si no podemos santificarnos con lo poco y lo ordinario, es una muestra de que no podrás con una misión super especial en tu vida aunque la pidas.

No nos hagamos que no sabemos lo que tenemos que hacer en el día a día, que no lo queramos hacer es otra cosa, y esa misión, ese trabajo, ese proyecto, ese apostolado fuera de tus responsabilidades locales, no vaya a ser una evasión de lo que te toca hacer