“¿Interés?, ¿Servicio?”

“¿Interés?, ¿Servicio?”

Juan 6, 55.60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: —Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?

Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: —¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.

Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: —Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: —¿También vosotros queréis marcharos?

Simón Pedro le contestó: —Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.

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Es un hecho por demasía claro, el que Dios conozca en su totalidad a cada uno de sus hijos, tanto en sus pensamientos, como en sus obras, ya que no hay nada oculto para Él, ni aunque nadie más sepa tus secretos, y basándonos en éste hecho podemos afirmar con toda certeza lo mismo que remarca el evangelio de hoy: “Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar”.

Claro que nosotros creemos poder manejar la imagen personal y la situaciones, pero en realidad tanto Dios como nosotros sabemos cuál es nuestro interés y qué beneficio pensamos adquirir. 

Más de eso se encarga Jesús con toda la calma del mundo y a su vez con toda la caridad, puesto que ante aquellos que lo siguen, basta presentarles la verdad para que los que desean unirse lo hagan plenamente y los que no, descubran sus planes.

Por otro lado no es una selección de personal hecha por Jesús según sus gustos, va más allá, es un plan que implica el llamado del Padre a compartir la misión que se les encomendará, es decir es una vocación, y en el camino requiere una respuesta que se descubre mientras le conocen aún mejor.

Aquellos que saben no obtendrán su beneficio material, la fama o el renombre, son los primeros al revelarse que la decisión viene del Padre, son los primeros que sucumben, porque saben que no podrán dar el ancho, y esforzarse no vale la pena para sus metas.

Sin embargo a aquellos que responden al llamado que desde el principio viene del Padre, y ante la aceptación de seguirlo, son los que reciben en confianza el resto de dones para el trabajo encomendado.

Parece que este llamado es tan sólo para los Apóstoles, pero el llamado a la santidad aquí es para todos los discípulos, es decir incluidos nosotros, los que pretendemos ser como nuestro Señor y Maestro: Jesús. Ya que la misión no será a la Patagonia, ni a los países sub desarrollados o aquellos que no conocen a Jesús, sino que iniciará en tu propia casa, y si ve Jesús que eso está resuelto porque lo haz hecho muy bien, entonces llegará la siguiente, junto con las bendiciones para realizarla.

Es por ello que, cuando pretendemos seguir al Señor, que aunque Él lo sabe todo, necesita que lo sepas y te lo digas a ti mismo para no autoengañarnos ni a nosotros ni a los demás. Si vas a hacer algo extra de lo que te toca realizar, ¿lo harás por servicio o por algún interés?.