“Celosos del trabajo”

“Celosos del trabajo”

Lucas 9, 46-50

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: —El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.

Juan tomó la palabra y dijo: —Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.

Jesús le respondió: —No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro.

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En ciertas ocasiones cuando estamos realizando un trabajo de manera eficaz, claro que amerita el reconocimiento, lo malo es que por lo general no se suele dar, ya que lo que resulta evidente, es cuando algo no sale bien, y es que olvidamos que el bien lo contemplamos como lo ordinario y lo hacemos de manera silenciosa, sin mayor aspaviento, pero el mal es escandaloso y ruidoso, además de que le seguimos el juego.

No dudo en reconocer que un buen trabajo conlleva los frutos que naturalmente surgen en su momento. Pero a veces, aún haciéndolo bien, brotan inseguridades que nos hacen replantear lo que hacemos y dudamos de nuestra eficacia laboral obteniendo como reacción un ataque a quien a la par de nosotros mismos hace una buena labor en el mismo rubro.

Nos sentimos atacados por la competitividad que no deja de ser motivacional, tornando nuestra actitud en celos del trabajo de los demás. Pero eso no deja de ser un reflejo personal de nuestros asuntos no resueltos e inseguridades obtenidas desde la infancia que debemos enfrentar como fantasmas que atacan de vez en cuando o que los llamamos en esas circunstancias.

El verdadero celo no debe ser aquel que hace de tus inseguridades, no impidas que otro haga el bien al igual que tu, no está en tu contra, sino que el celo real debería ser a no permitirte bajar la guardia, porque por ahí se filtra el resto de actitudes negativas que se alimentan de nuestros temores. 

Pues hay que ser celosos del trabajo pero exigido a nosotros mismos y no a los demás, y si los demás lo hacen mejor, son un modelo a superar. Porque cualquier otro celo, te destruye junto con el bien que hacen los que están a tu alrededor y eso no viene de Dios.

“Los que están a nuestro favor”

“Los que están a nuestro favor”

Marcos 9, 38-43.45.47-48

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: —Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.

Jesús respondió: —No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Y, además, el que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al infierno. Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

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Cuando en la vida nos vamos desenvolviendo con soltura y poco a poco vamos definiendo tanto nuestros gustos, amistades y necesidades, nos unimos a círculos afines a nuestro pensar y actuar, dígase en la escuela, en la zona que vives y hasta en la propia familia; de alguna manera todos somos selectivos y hasta exclusivistas.

No tiene nada de raro el que busquemos naturalmente las simpatías con las que congeniamos, es una tendencia natural que al final la hacemos racional y aceptamos como una elección aprendida. 

Pero eso no significa que el resto de la humanidad tenga que estar a nuestro favor, no tienen que pensar como yo ni actuar y razonar a nuestra manera. Cuando somos inmaduros esto lo canalizamos como rechazo e incomprensión, haciéndonos los mártires relegados de la sociedad, que es una manera eficaz de llamar la atención.

En realidad la base de nuestra ideología debe estar fundamentada en la verdad y de ahí partir para que todo lo que se desprenda de ella brille con su propia autenticidad. Una vez que estemos del lado de la verdad en sí misma, no intentaremos imponernos porque será un punto de convergencia, háblese de religiones o de asuntos políticos ya que a veces la confundimos con ideologías o filosofías que defienden lo que llaman “su verdad” particular, que no es la verdad en sí misma.

Aquí debemos de no buscar que nos den por nuestro lado, sino a aquellos que están no sólo en favor de una ideología, sino de la verdad en sí misma. Esos son los que están a nuestro favor, digo si es que nosotros estamos en la verdad. Y si hay otros que la proclaman, tener en claro que no es de uso exclusivo porque al final estarán del lado de aquél que es la verdad, Dios.

Por ello no esperes que estén a tu favor, aunque tengas toda la razón, no permitas que los que no quieren vivir la autenticidad y la valentía del amor de Dios, la bifurcarán para sus propios y egoístas propósitos, tu no te canses de vivirla y proclamarla, ya en el camino encontrarás aquellos que sin proclamarlo estarán a nuestro favor.

“Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael”

“Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael”

Juan 1, 47-51

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: Ahí tienes a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.

Natanael le contesta: ¿De qué me conoces?

Jesús le responde: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

Natanael respondió: Rabí, tú eres Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

Jesús le contestó: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y le añadió: Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.

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La Creación implica tanto la material como la espiritual, de tal manera que las Sagradas escrituras nos hacen conciencia de esos seres maravillosos y espirituales que a la par existen y de igual manera tienen una misión. entre ellos encontramos a los Santos Arcángeles, son siete, pero en esta fecha encabezan la lista Miguel, Gabriel y Rafael, que  lideran un aspecto del plan de Dios sobre la creación material. 

Expongo una pequeña información al respecto:

Hoy celebramos la fiesta de los tres Arcángeles que nombra la Sagrada Escritura

La palabra Arcángel proviene de dos palabras. Arc = el principal. Y ángel. O sea “principal entre los ángeles. Arcángel es como un jefe de los ángeles.

San Miguel.

Este nombre significa: “¿Quién como Dios? O: “Nadie es como Dios”.

A San Miguel lo nombre tres veces la S. Biblia. Primero en el capítulo 12 del libro de Daniel a donde se dice: “Al final de los tiempos aparecerá Miguel, al gran Príncipe que defiende a los hijos del pueblo de Dios. Y entonces los muertos resucitarán. Los que hicieron el bien, para la Vida Eterna, y los que hicieron el mal, para el horror eterno”.

En el capítulo 12 del Libro del Apocalipsis se cuenta lo siguiente: “Hubo una gran batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron contra Satanás y los suyos, que fueron derrotados, y no hubo lugar para ellos en el cielo, y fue arrojada la Serpiente antigua, el diablo, el seductor del mundo. Ay de la tierra y del mar, porque el diablo ha bajado a vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo”.

En la Carta de San Judas Tadeo se dice: “El Arcángel San Miguel cuando se le enfrentó al diablo le dijo: ‘Que te castigue el Señor’”.

Por eso a San Miguel lo pintan atacando a la serpiente infernal.

La Iglesia Católica ha tenido siempre una gran devoción al Arcángel San Miguel, especialmente para pedirle que nos libre de los ataques del demonio y de los espíritus infernales. Y él cuando lo invocamos llega a defendernos, con el gran poder que Dios le ha concedido. Muchos creen que él sea el jefe de los ejércitos celestiales.

San Gabriel. 

Su nombre significa: “Dios es mi protector”.

San Gabriel arcángelA este Arcángel se le nombra varias veces en la S. Biblia. Él fue el que le anunció al profeta Daniel el tiempo en el que iba a llegar el Redentor. Dice así el profeta: “Se me apareció Gabriel de parte de Dios y me dijo: dentro de setenta semanas de años (o sea 490 años) aparecerá el Santo de los Santos” (Dan. 9).

Al Arcángel San Gabriel se le confió la misión más alta que jamás se le haya confiado a criatura alguna: anunciar la encarnación del Hijo de Dios. Por eso se le venera mucho desde la antigüedad.

Su carta de presentación cuando se le apareció a Zacarías para anunciarle que iba a tener por hijo a Juan Bautista fue esta: “Yo soy Gabriel, el que está en la presencia de Dios” (Luc. 1, 19).

San Lucas dice: “Fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, a una virgen llamada María, y llegando junto a ella, le dijo: ‘Salve María, llena de gracia, el Señor está contigo’. Ella se turbó al oír aquel saludo, pero el ángel le dijo: ‘No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios. Vas a concebir un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será Hijo del Altísimo y su Reino no tendrá fin’”.

San Gabriel es el patrono de las comunicaciones y de los comunicadores, porque trajo al mundo la más bella noticia: que el Hijo de Dios se hacía hombre.

San Rafael.

Su nombre significa: “Medicina de Dios”.

Fue el arcángel enviado por Dios para quitarle la ceguera a Tobías y acompañar al hijo de éste en un larguísimo y peligroso viaje y conseguirle una santa esposa.

Su interesante historia está narrada en el día 7 de febrero. San Rafael es muy invocado para alejar enfermedades y lograr terminar felizmente los viajes.

Tomado de EWTN.com

“Pros y contras en el mismo plan”

“Pros y contras en el mismo plan”

Lucas 9, 18-22

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: —¿Quién dice la gente que soy yo?

Ellos contestaron: —Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

El les preguntó: —Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Pedro tomó la palabra y dijo: —El Mesías de Dios.

El les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: —El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día.

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Es ya un instinto nato el proyectar todos nuestros planes en una dimensión ideal siempre con el rubro de que todo saldrá bien, como si todo fluyera viento en popa y en pro de nuestros intereses, y claro, eso nos da ánimos y nos entusiasma para no parar y seguir adelante.

Sin embargo tenemos que dar margen a la más mínima posibilidad de fallos, pérdidas y replanteamientos en el proceso, y eso sin miedos, dándole el nombre concreto a los problemas posibles sin evadirlos. 

Hay que visualizar de una manera realista para estar preparados ante cualquier inconveniente. Lo malo es cuando los negamos y elevamos nuestras expectativas tan alto, que de dicha altura son más propensas a estrellarse, y claro a quejarnos más. 

Jesús es muy claro al respecto, porque sabe que dentro de su plan existe la muerte y la llama por su nombre de una manera muy clara. Ciertamente a sus discípulos no les parece ese plan, pero es necesario retomarlo, no solamente congratularse en lo bueno, sino mantenerse firmes ante la adversidad.

Claro que aunque nos adviertan de lo negativo, jamás lo entenderemos sino cuando ya sea una realidad y la experiencia nos lo haga comprender de manera vivencial, pero así es como crecemos y nos fortalecemos.

Por ello, sin tapujos, no olvides que aunque Dios está siempre de nuestro lado, permitirá los pros y te dará soporte en los contras, porque tu plan, implica el mismo plan de Dios, y todo para un mayor bien al final.

“Información falsa”

“Información falsa”

Lucas: 9, 7-9

En aquel tiempo, el rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. Pero Herodes decía: “A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?” Y tenía curiosidad de ver a Jesús.

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Dentro de un mundo que se dedica a compartir información desde todos los tiempos, donde la situación se agudiza al tener los medios de difusión inmediata, nos encontramos con el problema de la veracidad. Estamos sobre saturados de información, por lo que resulta un tanto difícil autentificar tanto la fuente como el transmisor. 

Problema nada nuevo, porque en el mismo evangelio nos encontramos que al mismo rey le llegaba la información parcial, algo le comunicaban, pero si el medio era ineficaz y no confiable, donde impregna los datos con su propia opinión, el resultante obtenido es una mentira o un verdad incompleta.

Lo mismo nos puede acontecer, puesto que nuestro deber es, antes de emitir cualquier juicio es documentarnos, para así identificar si lo que conocemos acerca de una persona o situación es lo correcto, o si de por medio hay alguna mala interpretación.

Por ello la curiosidad no está de más, ya que incita a la búsqueda y profundización de una verdad. Hay que tener cuidado con nuestros informantes, saber si son confiables o si son simples repetidores de palabras indiscriminadas, además de conocer los hechos y las personas involucradas para completar el poder dar fe a la información recibida.

En medio de tanta manipulación y manejo de información deteriorada y falsa, debemos cuidar la verdad que al final es la que nos hace crecer y conocer la realidad tal cual es para no inventar, ni divulgar información falsa.

“De confianzas hablamos”

“De confianzas hablamos”

Lucas 9, 1-6

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: —No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.

Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.

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Hoy en nuestros días, además de literalmente ser un robo legal las mentadas aseguradoras, quieren manipularnos entre sus juegos mentales para darnos la ilusión de protección, cuando en realidad a veces nunca utilizaremos esos servicios, pero sí les pagamos porque si no nos va peor, digo hablando de finanzas. Eso nos hace olvidar ya sea consciente o inconscientemente la Providencia Divina, porque cuando Dios pide es porque ya dio previamente y utiliza la circunstancia para el crecimiento personal. Confianza que ahora depositamos en alguien pagado y con sus múltiples restricciones para no hacerlo.

Todas estas fantasías de seguridad están enfocadas a un sector muy concreto y limitado de nuestra vida, como lo es el auto, la casa, y la atención médica en caso de necesidad. Pero eso no lo es todo en la vida, no aseguran tu paz, ni tu felicidad, ni tu tranquilidad, tampoco las relaciones familiares y de amistades, mucho menos el dolor ante una dificultad, y por supuesto no te garantizan la vida por más que pagues.

Sin embargo la confianza a la que nos invita Jesús, es una plataforma de base sobre la que se sostiene totalmente nuestra vida y obrar, sin ésta confianza así como seguridad, andaremos buscando suplentes que la brinden. 

Es aquella confianza que nos hace salir sin ningún preparativo para el camino, a sabiendas de que somos enviados en Nombre de…, Aquel quien provee en la travesía lo necesario porque sabe a dónde vamos; llama a la travesía estudio, trabajo, familia, hijos, hermanos, padres, y todo lo que se te ha dado en el camino.

Aquí es necesaria de tu parte esa confianza (claro que a Dios) que no se paga, y que es más efectiva que cualquier otra ya que “de confianzas hablamos” y no de negocios que caducan al mes o, al año según la pagues.

 

“Los que escuchan…”

“Los que escuchan…”

Lucas 8, 19-21

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.

Entonces le avisaron: —Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.

El les contestó: —Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra.

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De suyo es una bendición de Dios entre la normalidad de los dones recibidos, tener el regalo inapreciable de la audición, ciertamente viene en el paquete sensorial del que hemos sido dotados para a manera de instinto usarlos y seguir adelante en esta vida.

Pero el uso de dicho paquete de sentidos viene acompañado con múltiples dones donde los podemos poner a dar frutos, ya que no se limitan a su función básica. Ciertamente sería una pena dejarlos subutilizados. Por ello Jesús reconociéndolos y sabiendo lo que su Padre nos ha regalado, nos invita a sublimarlos a una función mayor, como lo es no solamente oír, que eso hasta las aves del campo lo saben hacer, por ello se nos invita a algo que podemos hacer y eso es saber escuchar.

Precisamente por la escucha recibimos el alimento sabio y oportuno de la Palabra de Dios, que al igual que la Eucaristía y como un complemento nutren nuestra alma, sostienen nuestra espiritualidad y fortalecen para saber recibir los acontecimientos de la vida ya sean alegres o tristes.

Un ejemplo de escucha que llega a una transformación del corazón, es la que manifiesta su propia familia y en concreto su madre María, quien lo sigue buscando y además como primera discípula lo sigue escuchando. No lo busca como muchos otros que tan solo quieren ser escuchados y recibir la salud de un curandero, aquellos que solo ponen su centro de atención en su necesidad, pero que no abren ni su mente ni su corazón a además sanar el alma.

La escucha da de sí mucho más de lo que esperamos, pero hay que prestar nuestros oídos a Dios, a los hermanos e inclusive a nosotros mismos, ya que nuestro ser y conciencia hablan a gritos que anhelan lo mejor de ti y Dios no se diga, es el primero que lo nota al ver tu sufrimiento por no escuchar por cual vía andar.

“Toda palabra contiene una realidad”

“Toda palabra contiene una realidad”

Lucas: 8, 16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “Nadie enciende una vela y la tapa con alguna vasija o la esconde debajo de la cama, sino que la pone en un candelero, para que los que entren puedan ver la luz. Porque nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.

Fíjense, pues, si están entendiendo bien, porque al que tiene se le dará más; pero al que no tiene se le quitará aun aquello que cree tener”.

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En el mundo de las elucubraciones y los raciocinios, éstos se van dando, conforme nuestro esquema básico de pensamiento haya sido estructurado, eso depende de la cultura en la que nos desarrollamos, la cual ya tiene un esquema muy bien definido y estudiado.

Es por ello, que cuando hablamos de conceptos y las palabras que los representan, la aplicación a la realidad será conforme nuestro esquema intelectual lo proceso según lo aprendido, de tal manera que mientras para unos una vaca será considerada alimento, para otros será un animal sagrado con toda una conceptualización y justificación de por medio, que se hace verdad y se defiende a capa y espada.

Lo que no podemos aceptar, es cuando el concepto lo pretendemos cambiar antagónicamente, de tal manera que pierda su eficacia y por ende su verdad. Ya el evangelio lo remarca, “Nadie enciende una vela y la tapa con alguna vasija o la esconde debajo de la cama, sino que la pone en un candelero”.

De igual manera se pretenden cambiar conceptos ancestrales que rayan en el absurdo, hacen polémica, pero hay que tener muy el claro, que al final en el medio o desde el principio, la verdad siempre sale a relucir. 

La Palabra contiene una realidad que no se puede negar, y aunque se le cambie el concepto, su verdad quedará intacta, porque esa es inalienable. Por ello conviene vivir en el verdad, es lo más sano, porque si no, hasta eso perderemos si no lo adecuamos a la intrínseca realidad.

“Instruyendo”

“Instruyendo”

Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: —El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.

Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.

Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: —¿De qué discutíais por el camino?

Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: —Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.

Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: —El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.

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Es un hecho que nadie nace con un conocimiento inducido, es decir, sabiéndolo todo, sino que en el transcurso de una vida, vamos incrementando nuestro conocimiento día a día, y digo una vida, porque no es exclusivo de tan sólo una etapa de la vida como lo puede ser desde la infancia con preescolar, primaria, secundaria, bachillerato, universidad, postgrados u doctorados, ya sea según el interés de cada quien y, se desee más o se quede uno estancado en alguna de las anteriores etapas.

Lo anterior tan sólo lo es en relación al conocimiento científico que nos prepara para ejercer una carrera u oficio. Sin embargo, en el plano del conocimiento de la fe, acontece exactamente lo mismo, ya que la fe no se limita al puro sentimiento divergente en cada uno de nosotros, no implica la importante voluntad únicamente, sino que además se concretiza y acrecienta con el estudio de lo sagrado.

El inicio de éste caminar espiritual se da con el Kerygma, es decir el primer anuncio que implica el aceptar el amor a Dios y la evangelización, pero que continúa con la catequesis, y no me refiero a tan sólo la que prepara para la primera comunión o la confirmación, que es donde la mayoría nos atoramos, teniendo por ende un conocimiento de Dios a veces a nivel infantil o en su defecto puberto.

Imagínense si San Pablo o San Pedro se hubieran quedado en esa fe infantil, sin una profundización teológica de los misterios de Dios, ya me imagino cómo hubieran sido escritas sus cartas, que ciertamente a Palabra de Dios no hubieran llegado. Pero si han sido un modelo a tal grado de considerarlas de inspiración Divina y Sagradas, ciertamente lo son por el grado de conocimiento de Dios, su amor y espiritualidad a la que llegaron, con una dedicación y entrega incondicional a la causa de la redención del género humano, es decir, haciéndose uno con Cristo.

Ciertamente nosotros no somos ellos, pero ese conocimiento que manifiestan de Dios, no lo es tan sólo porque les nace del corazón, sino que como el mismo Evangelio lo explica, Jesús les dedicaba su tiempo para Instruirlos, es decir, profundizar en el conocimiento de Dios de manera teológica y espiritual, así como en la fortaleza humana psicológica para saber entender la situación humana y su comportamiento, no para juzgarla, sino para manejarla con compasión.

Ese conocimiento de Dios es al que nos invita Jesús a estar en constante crecimiento, pero si nos damos por bien pagados con lo recibido en el kindergarten, creo que ya es ventaja el sabernos persignar. No hay mayor excusa que nuestro propio interés, por lo que la invitación a conocerle siempre cada vez más, está al alcance de la mano, y aunque el pleno y grandioso misterio de Dios sea inalcanzable, lo poco y mucho a su vez que aquí se nos revela, es suficiente para llegar a comprenderlo en su momento al estar en su presencia en la vida eterna. Pero mientras a darle al estudio con la catequesis de adultos,  ya que no basta con decirle Señor, Señor, !ahh¡ y que no falte la caridad de por medio.

“De tierra se trata”

“De tierra se trata”

Lucas 8, 4-15

En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: —Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena, y, al crecer, dio fruto al ciento por uno.

Dicho esto, exclamó: —El que tenga oídos para oír, que oiga.

Entonces le preguntaron los discípulos: —¿Qué significa esa parábola?

El les respondió: —A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del Reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. El sentido de la parábola es éste: La semilla es la Palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la Palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. Lo de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la Palabra, la guardan y dan fruto perseverando.

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Por lo general de esta parábola no intento darle ninguna explicación adicional ya que de suyo la explica el mismo Jesús de manera perfecta, por lo que no me atrevería a desvirtuarla o a cambiarle la menor intención, sin embargo hay un aspecto que me agradaría compartir y es el siguiente.

Cuando en la parábola se habla de los tipos de terrenos, es muy claro que encontramos una gran variedad de ellos con efectos totalmente distintos, y algo que me llama la atención es el hecho de que el Señor que va sembrando la semilla, a pesar de que el terreno no sea óptimo, sin embargo la sigue otorgando sin distinción, porque al final quien se dará cuenta si esa semilla germina y dará fruto, no depende ya totalmente de Dios, sino que nos ha hecho corresponsables de la administración de la misma. 

Si ciertamente la semilla ya lleva todo el potencial para ser algo grande y dar fruto, el que crezca y madure, nos implica, porque si no lo hace, no lo es porque la semilla sea mala, sino porque el resto nos toca a nosotros, el cuidarla, regarla, abonarla, y dedicarle atención a diario. Si nos quejamos de que no da fruto o se seca y hacemos un reclamo de ello, es porque lo que a Dios le concierne ya lo hace, pero olvidamos que la queja implica nuestra falta de acción al respecto, aunque reconocemos todo su poder y su obrar, eso no significa que le toque todo, quedando al desnudo nuestra falta de compromiso.

Porque el fruto de dicha semilla, de la tierra depende, y esa tierra nos corresponde aportarla, ya existe, sólo falta utilizarla para ese fin, y esa tierra, somos nosotros.