“Ya llegarán esos días”

“Ya llegarán esos días”

Lucas 5, 33-39

En aquel tiempo, dijeron a Jesús los fariseos y los letrados: —Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio los tuyos, a comer y a beber.

Jesús les contestó: —¿Queréis que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que se lo lleven, y entonces ayunarán.

Y añadió esta comparación: —Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque se estropea el nuevo, y la pieza no le pega al viejo.

Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque revientan los odres, se derrama, y los odres se estropean. A vino nuevo, odres nuevos. Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: «Está bueno el añejo».

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En ciertas ocasiones, cuando se nos habla de manera apocalíptica, es decir, remarcando el final de los tiempos, como que solemos maravillarnos o en definitiva no hacer caso y pensar que no pasa nada, cuando menos aún, sin embargo solemos ya tensos, y no necesariamente por lo que vaya a venir, sino porque en realidad remarcamos en exceso el futuro inmediato, y aunque no sea una realidad nos preocupa todo. 

Esa constante tensión por el remarcar lo que aún no pasa, hace que perdamos el rumbo, que desatendamos el presente real e inmediato, por ideas y situaciones que si en su momento serán reales, ya las hacemos presentes ineficazmente, pero si de malas todo el tiempo. Perdemos las oportunidades tanto de dar como de recibir ese cariño que nos merece, enfocamos nuestra mente en fantasmas inexistentes que nos quitan la paz, porque son solamente nuestros y producto de nuestra limitada imaginación que en su momento no puede generar algo más real y concreto inmediato.

Si hoy no pasa nada de eso que nos amenaza, ¿por qué vivir en ello?, cuando llegue ya lo atenderás, pero no hay por que descartar la vida con lo que no es, pero si desterrando lo que sí. Jesús sabiamente ya lo remarca, “ya llegarán esos días” pero mientras tanto, hay que aprovechar lo que generosamente Dios nos otorga en cada momento y día a día. 

Así que desde que Dios amanece, utiliza lo que se te ha brindado al máximo sin exageraciones ni extremos, tan normal y ordinario como se nos da, porque mientras no llega eso a lo que le temes, vive tu hoy con los pies en la tierra pero elevando tu corazón al cielo para conjugar lo mejor de ambos mundos.

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