“¿Qué es lo que te alegra?”

“¿Qué es lo que te alegra?”

Lucas: 15, 1-10

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Éste recibe a los pecadores y come con ellos”.
Jesús les dijo entonces esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: `Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse. ¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido’. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente”.

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La alegría es algo que nos es común a todos, sin embargo se manifiesta de diferentes maneras y en diferentes niveles, sin embargo no significa que sea más intensa en una persona que en otra, porqués cuestión de expresividad, ya que mientras alguien lo expresa con una sonrisa apenas figurada, habrá quien hasta desee explotar de euforia extrovertida.

Habrá a su vez qué diferenciar aquella alegría que suscita una transformación de raíz, a la que tan sólo es circunstancial y pasajera, en lo que precisamente el evangelio remarca que una de las virtudes a tener e esa alegría que da gozo, que se queda, que mueve todo el ser y nuestro actuar a tal grado de pincelar toda la actividad del día, esa que proviene de la gracia de Dios, como la que le propone el ángel Gabriel a María en el episodio de la anunciación. “Alégrate llena de Gracia, el Señor está contigo” (Lucas 1,28).

Es una alegría que no es como la que se nos da en éste mundo, pero sí se manifiesta en ese rubro, con el respaldo de la paz y armonía que conlleva nuestra mente y corazón para hacer lo que se requiere en el justo momento.

Sin embargo dicha alegría deberá ser sana, para no confundirla con aquellas dependencias que como una dosis, es necesaria para poder ser feliz por un momento para luego volver a nuestra tristeza y volver a pedir la dosis en el juego de nunca acabar. Y no me refiero a estupefacientes y drogas, sino a esa dosis de atención desmedida, de comer compulsivamente, de tratar de dominar a quien amamos, entre cientos más dependencias, etc… 

Por eso habrás que descubrir qué es lo que te alegra, porque si te alegra el sufrimiento de los demás, no es sana tu actitud, pero si tu alegría nace de tu interior y se proyecta a través de todo tu ser motivando a los demás, entonces es un don que en tu salud Dios ha puesto en ti para los demás. Busca lo que te alegra y te gratifica, no lo que te alegra y te daña. Todo se puede con la gracia de Dios.

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