“Necesidad o hábito”

“Necesidad o hábito”

Lucas: 18, 1-8

En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:
“En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: `Hazme justicia contra mi adversario’.
Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando’ “.
Dicho esto, Jesús comentó: “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?”.

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A veces tenemos en la conciencia una alarma que se activa curiosamente tan sólo en situaciones que nos estremecen, haciendo que abandonemos temporalmente nuestro mundo de las ideas, por las que navegamos el noventa y nueve por ciento del tiempo, y asentándonos en el evento real, que veces es de dolor, a veces de alegría.

Ese tomar conciencia en medio del dolor o la alegría, estimula en nuestro sentido religioso para dirigirnos a Dios, ya sea para pedir ante alguna necesidad o para dar gracias. Sin embargo, no es una constante sino una ocasión, la cual parece normal en nuestras vidas, porque le damos importancia tan sólo a la mente unida al sentimiento; por ende resulta que a Dios lo tomamos en cuenta cuando nos nace.

Cuando Jesús habla de su obra, no es para idealizarla o mantenerla como una muy buena intención, sino que nos trasmite hechos factibles en el aquí y el ahora, para aplicarlo a situaciones reales y no tan sólo a las ideas desconectadas con la vida, así llamadas espirituales, que navegan en el mundo de lo etéreo de lo abstracto, nada concreto y real aunque te digas que tienes mucha fe.

Sin embargo la oración es un medio espectacular que interconecta ambos mundos, tanto el ideal como el real, haciéndolo más eficaz y convergente con nuestras ideas, ya que aplicamos la verdad a lo que le corresponde, sin la necesidad de sufrir por solicitar cosas y situaciones que no son viables y mucho menos reales.

Es por ello muy conveniente tener el hábito de la oración, así como tenemos el hábito del aseo diario, porque conocemos su conveniencia y sus beneficios, orar cuando nos nace, no crea historial para la vida eterna, sin embargo, la oración diaria es una herramienta que  dice mucho de ti ante Dios y ante la humanidad. Se te invita a que la oración no sea una necesidad, sino un hábito. Inténtalo y verás la diferencia del hacerla al no hacerla.

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