“La Madre de Dios”

“La Madre de Dios”

Lucas: 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa hacia Belén y encontraron a María, a José y al niño, recostado en el pesebre. Después de verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño y cuantos los oían, quedaban maravillados. María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.

Los pastores se volvieron a sus campos, alabando y glorificando a Dios por todo cuanto habían visto y oído, según lo que se les había anunciado.

Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús, aquel mismo que había dicho el ángel, antes de que el niño fuera concebido. 

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Al inicio del año se nos presenta a María, precisamente como aquella mujer nueva que inicia una nueva vida, un nuevo proyecto, ya no con las mismas responsabilidades, ni con la mismas capacidades, sino con nuevos dones para desarrollarse en una etapa de crecimiento en la que Dios la invita, ella accede, proclama un Sí que empapa el cielo y la tierra con una total y alegre aceptación, porque ahora crece como madre.

María es el modelo de actitud ante una oportunidad que se nos brinda con este inicio en nuevo ciclo de trescientos sesenta y cinco días, que se encuadran con el título de año, el cual ofrece la motivación para realizarla desde hoy con entusiasmo, pero a su vez con ahínco y dedicación. 

Actitud que para verla realizada eficazmente, es necesario a la par cambiar nuestro propio esquema de vida, ya que deseamos que todo cambie, que todo sea mejor, que todo nos brinde una nueva oportunidad, tenemos toda la intención y el ánimo, queremos incluso un mundo mejor, pero nosotros no cambiamos en lo absoluto, no hacemos lo mínimo para mejorar, ya que ni las dietas las podemos cumplir, y así no se puede, porque todo lo nuevo con tu viejo Yo, no se funden en una sola persona y realidad que eres tú.

María muestra una nueva etapa con un cambio radical en su vida, de ser mujer libre, de ser esposa, ahora es madre, por lo que adopta una actitud muy adecuada cuando se necesita y eficaz que da frutos incluso de santidad.  

Es por ello, como ejemplo, que si quieres estar limpio y radiante, y esa es tu intención, pero no te bañas, es imposible ocultar nuestra suciedad por más que lo desees. Un nuevo Yo necesita una nueva forma de vida, un nuevo esquema, un nuevo camino para andar, e incluso nuevas amistades, porque a veces por donde navegamos caemos en donde los demás carecen de lo que yo carezco y ahí permanecemos. Una vida nueva, inicia con un nuevo Tú, y sé cómo un buen libro, que cuando se edita para una nueva edición, su contenido es el mismo pero ahora corregido y aumentado. 

“Vivir el hoy más que nunca”

“Vivir el hoy más que nunca”

Juan 1, 1-18 

En el principio ya existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el principio él estaba con Dios. Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. El era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron. 

Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino testigo de la luz.
Aquel que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba; el mundo había sido hecho por él y, sin embargo, el mundo no lo conoció. 

Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre, sino que nacieron de Dios. 

Y aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. 

Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando: “A éste me refería cuando dije: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’ ”. 

De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por  medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado. 

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Se termina un ciclo en el tiempo marcado por el inicio de un año nuevo, tiempo que recuerda las esperanzas y las alegrías, así como de igual manera las tristezas y las penas. Pero independientemente como hayan sido, de nosotros depende cuáles son las que queremos enfatizar y las que volvamos a hacer presentes de manera vivencial sean actuales o no.

La realidad es que se nos olvida vivir, y no porque estemos muertos, sino porque caemos en la paranoia social promovida por el momento de remover y volver a vivir el pasado, que como su mismo nombre lo dice, ya es pasado, ya dejó de ser, pero nos volcamos melancólicamente reviviendo algo que ya pasó, pero lo volvemos a encarnar cuando en realidad ya se vivió y no hay necesidad de volverlo a experimentar, ya tuvo que haber dejado su impronta de madurez y crecimiento en su momento, pero parece no haberse asimilado cayendo en el mismo bache intencionalmente, por cierto, esta es una costumbre nada sana.

Por otro lado de igual manera se nos invita arrebatadamente a evadirnos de la realidad haciendo planes maratónicos a futuro pensando en lo que se desea pero que no es, imaginando y a su vez rechazando la realidad que no se quiere porque se espera algo mejor.

De una manera pasada o futura, no vivimos el ahora, el hoy, el aquí, el presente, se nos pasa la vida en el mundo de lo etéreo, lo irreal, desaprovechando si disfrutar la familia, tus padres, tus hijos, tus hermanos, tus amigos, los que están ahí porque te aman aunque su manera de expresarlo no sea tan verbal como deseamos escucharlo, pero ahí están. Gózalos, vívelos, y aunque te queden muchos años, siempre es bueno hacerlos presentes hoy y siempre. Sin colgarte fantasmas pasados, ni futuros inexistentes, sino el ahora que no es estático, sino dinámico como un continuo evento de sucesos que ya estás viviendo. 

Vive más que nada el aquí y el ahora, lo demás viene y se va, pero los tuyos si los tienes concierte mente siente su presencia y su amor para que así inicies un nuevo año. 

Feliz Año Nuevo.

“La Sagrada Familia”

“La Sagrada Familia”

Lucas: 2, 41-51

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.
Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia”. Él les respondió: “¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?” Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.

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La familia constituida por Jesús Nuestro Salvador, María Santísima y San José. La Sagrada Familia es reflejo de la Trinidad y modelo de toda familia.

La devoción popular a la Sagrada Familia se propagó en gran escala a partir del siglo XVII. Entre los papas modernos, Pío IX en 1847 y León XIII en 1892 promovieron esta devoción. La solemnidad de la Sagrada Familia se celebra en el domingo de la octava de Navidad.

El ejemplo de Nazaret
De las alocuciones del papa Pablo sexto

Alocución en Nazaret 5 de enero de 1964

Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio.

Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá e una manera casi insensible, a imitar esta vida.

Aquí se nos revela el método que nos hará descubrir quién es Cristo. Aquí comprendemos la importancia que tiene el ambiente que rodeó su vida durante su estancia entre nosotros, y lo necesario que es el conocimiento de los lugares, los tiempos, las costumbres, el lenguaje, las prácticas religiosas, en una palabra, de todo aquello de que Jesús se sirvió para revelarse al mundo. Aquí todo habla, todo tiene un sentido.

Aquí, en esta escuela, comprendemos la necesidad de la disciplina espiritual si queremos seguir las enseñanzas del Evangelio y ser discípulos de Cristo.

¡Cómo quisiéramos ser otra vez niños y volver a esta humilde pero sublime escuela de Nazaret! ¡Cómo quisiéramos volver a empezar, junto a María, nuestra iniciación a la verdadera ciencia de la vida y a la más alta sabiduría de la verdad divina!

Pero estamos aquí como peregrinos y debemos renunciar al deseo de continuar en esta casa el estudio, nunca terminado, del conocimiento del Evangelio. Mas no partiremos de aquí sin recoger rápida, casi furtivamente, algunas enseñanzas de la lección de Nazaret.

Su primera lección es el silencio. Cómo desearíamos que se renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros, que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y en extremo agitada vida moderna. Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento y la interioridad, enséñanos a estar siempre dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y la doctrina de los verdaderos maestros. Enséñanos la necesidad y el valor de una conveniente formación, del estudio, de la meditación, de una vida interior intensa, de la oración personal que sólo Dios ve.

Se nos ofrece además una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social.

Finalmente, aquí aprendemos también la lección del trabajo. Nazaret, la casa del hijo del artesano: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente; restablecer la conciencia de su dignidad, de manera que fuera a todos patente; recordar aquí, bajo este techo, que el trabajo no puede ser un fin en sí mismo, y que su dignidad y la libertad para ejercerlo no provienen tan sólo de sus motivos económicos, sino también de aquellos otros valores que lo encauzan hacia un fin más noble.

Queremos finalmente saludar desde aquí a todos los trabajadores del mundo y señalarles al gran modelo, al hermano divino, al defensor de todas sus causas justas, es decir: a Cristo, nuestro Señor.

Oración a la Sagrada Familia

S.S. Pablo VI

Sagrada Familia de Nazaret:
enséñanos el recogimiento, la interioridad;
danos la disposición de escuchar las buenas inspiraciones
y las palabras de los verdaderos maestros;
enséñanos la necesidad del trabajo,
de la preparación, del estudio,
de la vida interior personal, de la oración,
que sólo Dios ve en lo secreto;
Enséñanos lo que es la Familia,
su comunión de amor,
su belleza simple y austera,
su carácter sagrado e inviolable.
Amén

Fuente: Corazones.org

“Llevaron al niño…”

“Llevaron al niño…”

Lucas 2, 22-35 

Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones. 

Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor.
Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo: 

“Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos, luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”. 

El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”. 

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Una de las responsabilidades que contraen los padres con respecto a sus hijos, es el orientarlos de tal manera que vayan aprendiendo todos aquellos valores, de tal manera que reconozcan tanto el bien como el mal, sobre todo para que conociendo la diferencia sepan elegir el bien.

Porque si los dejan elegir por su propia cuenta, hay que considerar muy seriamente que al tener un alma sin juicio ni criterio alguno, son totalmente manipulables, adoptarán como suyo todo, porque no saben decidir, pueden presentarles el mal como lo ordinario y rechazar todo lo que esté catalogado como bien. 

Es por ello que no es recomendable según los sistemas actuales de educación, así como los mentados derechos de los niños, dejarlos a la deriva a que decidan por su cuenta, ya que quedan débiles y vulnerables para ser manipulados por todos excepto sus padres.

Esa enseñanza de valores paternal viene junto la presencia amorosa y respetable que les acompaña durante el crecimiento, por eso, José y María, conscientes de una paternidad responsable llevaron al Niño siguiendo las sanas y santas tradiciones, que hoy en día, sin saber si los hijos las aceptarán les son negadas con el pretexto de la libertad futura que tendrán, que al final no deja de ser una descomprometida irresponsabilidad, que sin variar en su momento afectará cobrando la respectiva factura negativa que nunca falta.

Por ello, nada cuesta llevarlos a conocer a Dios y sus tradiciones, puesto que los valores que siembras en ellos, son los que darán fruto a su debido tiempo, y si no, pues como siempre, resultará lo desees o no todo lo contrario, y no como una maldición o la ira de Dios, sino como una consecuencia lógica de lo sembrado, ya que nadie da lo que no tiene ni ha recibido. Hay que llevarlos…

“Los Santos Inocentes”

 “Los Santos Inocentes”

Mateo 2, 13-18 

 

Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. 

José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo. 

Cuando Herodes se dio cuenta de que los magos lo habían engañado, se puso furioso y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, conforme a la fecha que los magos le habían indicado. 

Así se cumplieron las palabras del profeta Jeremías: En Ramá se ha escuchado un grito, se oyen llantos y lamentos: es Raquel que llora por sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya están muertos. 

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Todavía no hablan, y ya confiesan a Cristo

De los sermones de san Quodvultdeus, obispo

Sermón 2 sobre el Símbolo

Nace un niño pequeño, un gran Rey. Los magos son atraídos desde lejos; vienen para adorar al que todavía yace en el pesebre, pero que reina al mismo tiempo en el cielo y en la tierra. Cuando los magos le anuncian que ha nacido un Rey, Herodes se turba, y, para no perder su reino, lo quiere matar; si hubiera creído en él, estaría seguro aquí en la tierra y reinaría sin fin en la otra vida.

¿Qué temes, Herodes, al oír que ha nacido un Rey? Él no ha venido para expulsarte a ti, sino para vencer al Maligno. Pero tú no entiendes estas cosas, y por ello te turbas y te ensañas, y, para que no escape el que buscas, te muestras cruel, dando muerte a tantos niños.

Ni el dolor de las madres que gimen, ni el lamento de los padres por la muerte de sus hijos, ni los quejidos y los gemidos de los niños te hacen desistir de tu propósito. Matas el cuerpo de los niños, porque el temor te ha matado a ti el corazón. Crees que, si consigues tu propósito, podrás vivir mucho tiempo, cuando precisamente quieres matar a la misma Vida.

Pero aquél, fuente de la gracia, pequeño y grande, que yace en el pesebre, aterroriza tu trono; actúa por medio de ti, que ignoras sus designios, y libera las almas de la cautividad del demonio. Ha contado a los hijos de los enemigos en el número de los adoptivos.

Los niños, sin saberlo, mueren por Cristo; los padres hacen duelo por los mártires que mueren. Cristo ha hecho dignos testigos suyos a los que todavía no podían hablar. He aquí de qué manera reina el que ha venido para reinar. He aquí que el liberador concede la libertad, y el salvador la salvación.

Pero tú, Herodes, ignorándolo, te turbas y te ensañas y, mientras te encarnizas con un niño, lo estás enalteciendo y lo ignoras.

¡Oh gran don de la gracia! ¿De quién son los merecimientos para que así triunfen los niños? Todavía no hablan, y ya confiesan a Cristo. Todavía no pueden entablar batalla valiéndose de sus propios miembros, y ya consiguen la palma de la victoria.

Oración

Los mártires Inocentes proclaman tu gloria en este día, Señor, no de palabra, sino con su muerte; concédenos, por su intercesión, testimoniar con nuestra vida la fe que confesamos de palabra. Por nuestro Señor Jesucristo.

“San Juan Apóstol y Evangelista”

“San Juan Apóstol y Evangelista”

Juan 20, 2-8 

El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: -«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían! juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

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SAN JUAN el Evangelista, a quien se distingue como “el discípulo amado de Jesús” y a quien a menudo le llaman “el divino” (es decir, el “Teólogo”) sobre todo entre los griegos y en Inglaterra, era un judío de Galilea, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago el Mayor, con quien desempeñaba el oficio de pescador.

Junto con su hermano Santiago, se hallaba Juan remendando las redes a la orilla del lago de Galilea, cuando Jesús, que acababa de llamar a su servicio a Pedro y a Andrés, los llamó también a ellos para que fuesen sus Apóstoles. El propio Jesucristo les puso a Juan y a Santiago el sobrenombre de Boanerges, o sea “hijos del trueno” (Lucas 9, 54), aunque no está aclarado si lo hizo como una recomendación o bien a causa de la violencia de su temperamento.

Se dice que San Juan era el más joven de los doce Apóstoles y que sobrevivió a todos los demás. Es el único de los Apóstoles que no murió martirizado.

En el Evangelio que escribió se refiere a sí mismo, como “el discípulo a quien Jesús amaba”, y es evidente que era de los más íntimos de Jesús. El Señor quiso que estuviese, junto con Pedro y Santiago, en el momento de Su transfiguración, así como durante Su agonía en el Huerto de los Olivos. En muchas otras ocasiones, Jesús demostró a Juan su predilección o su afecto especial. Por consiguiente, nada tiene de extraño desde el punto de vista humano, que la esposa de Zebedeo pidiese al Señor que sus dos hijos llegasen a sentarse junto a Él, uno a la derecha y el otro a la izquierda, en Su Reino.

Juan fue el elegido para acompañar a Pedro a la ciudad a fin de preparar la cena de la última Pascua y, en el curso de aquella última cena, Juan reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús y fue a Juan a quien el Maestro indicó, no obstante que Pedro formuló la pregunta, el nombre del discípulo que habría de traicionarle. 

Es creencia general la de que era Juan aquel “otro discípulo” que entró con Jesús ante el tribunal de Caifás, mientras Pedro se quedaba afuera. Juan fue el único de los Apóstoles que estuvo al pie de la cruz con la Virgen María y las otras piadosas mujeres y fue él quien recibió el sublime encargo de tomar bajo su cuidado a la Madre del Redentor. “Mujer, he ahí a tu hijo”, murmuró Jesús a su Madre desde la cruz. “He ahí a tu madre”, le dijo a Juan. Y desde aquel momento, el discípulo la tomó como suya. 

El Señor nos llamó a todos hermanos y nos encomendó el amoroso cuidado de Su propia Madre, pero entre todos los hijos adoptivos de la Virgen María, San Juan fue el primero. Tan sólo a él le fue dado el privilegio de llevar físicamente a María a su propia casa como una verdadera madre y honrarla, servirla y cuidarla en persona.

Fuente: Aciprensa.com

“San Esteban Protomártir”

“San Esteban Protomártir”

Mateo10, 17-22

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero, cuando los enjuicien, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque, en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes. 

El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre, a su hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin se salvará”.
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A San Esteban se le llama “protomartir” porque fue el primer mártir de toda la historia católica. San Esteban era uno de los hombres de confianza de los apóstoles; habló y defendió muy bien a Jesús, que entre los judíos generó cierto desconcierto. Por tal razón, la tradición señala que fue llevado ante el Tribunal Supremo de la Nación, el Sanedrín, para ser acusado con falsos testigos, los cuales argumentaron que Esteban afirmaba que Jesús iba a destruir el templo y a acabar con las leyes de Moisés.

Sin embargo, el santo no se atemorizó, y por el contrario, pronunció un impresionante discurso en el cual fue recordando toda la historia del pueblo de Israel (Hechos 7) y a través del cual exhortó a los judíos a rectificar, reprendiéndolos por haber llegado al extremo de no sólo no reconocer al Salvador, sino de haberlo además crucificado.

Llenos de ira, éstos lo arrastraron fuera de la ciudad y lo apedrearon.

Los que lo apedreaban dejaron sus vestidos junto a un joven llamado Saulo (el futuro San Pablo que se convertirá por las oraciones de este mártir) y que aprobaba aquel delito. Mientras lo apedreaban, Esteban decía: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”. Y de rodillas dijo con fuerte voz: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”. Y diciendo esto, murió.

Los cristianos lo rescataron y dieron a su cuerpo digna sepultura.

Fuente aciprensa.com

“Navidad”

“Navidad”

Lucas 2, 1-14

Por aquellos días, se promulgó un edicto de César Augusto, que ordenaba un censo de todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad; así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con María, su esposa,que estaba encinta. 

Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada. 

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, vigilando por turno sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor.

El ángel les dijo: “No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”. 

De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!” 

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Nuevamente la gracia del Señor se volcado misericordiosamente con cada uno de nosotros y nos ha permitido participar una vez más de esta festividad que nos recuerda ese orden que nos es regalado dese lo más alto, no como una imposición, sino como una propuesta que mejora la calidad de vida, que nos llena de esperanzas, que nos da ya desde este mundo una infinita paz, la cuál inicia en las personas en particular, y se va extendiendo y manifestando en el ámbito social.

A veces olvidamos los regalos que ya tenemos y esperamos más, pero esa gratuidad la encontramos en la propia familia, aquella que a veces buscamos reemplazar, porque en su momento no la valoramos y pretendemos buscar una felicidad distinta en otro lado. 

En ocasiones la encontramos para cimentar una nueva relación ya sea amistosa o de compromiso permanente basada en el amor, pero la base, aunque a veces incompleta y falta de afectos proviene de los tuyos, aquella que aunque la desconozcamos, no la podemos negar, porque procedemos de ella en todo lo que somos.

Hoy celebramos a Jesús que viene a este mundo precisamente en medio de una familia, no la más perfecta, no la más solvente económicamente hablando, no la más educada y lujosa, pero una, que a pesar de todas las inconvenientes limitaciones, lo acepta y con ellos crece. 

Por ello el mayor regalo de José y María, es Jesús. Por ello tu mayor regalo es tu familia, que en Navidad te recuerda todo lo que has recibido, junto con ello además la reconciliación y la paz. Feliz Navidad.

“Noche Buena”

“Noche Buena”

Lucas 1, 67-79 

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, y ha hecho surgir en favor nuestro un poderoso salvador en la casa de David, su siervo. 

Así lo había anunciado desde antiguo, por boca de sus santos profetas: que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos aborrecen, para mostrar su misericordia a nuestros padres y acordarse de su santa alianza. 

El Señor juró a nuestro padre Abraham concedernos que, libres ya de nuestros enemigos, lo sirvamos sin temor, en santidad y justicia delante de él, todos los días de nuestra vida. 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos y a anunciar a su pueblo la salvación, mediante el perdón de los pecados. 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”. 

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En esta ocasión les comparto los esquemas para recostar El Niño Dios y la bendición para la cena de Navidad:

PARA ACOSTAR AL NIÑO DIOS

Antes de la Cena de Navidad se reúne la familia junto al Nacimiento.

1.- SE CANTA O SE ESCUCHA UN VILLANCICO

2.- ACTO PENITENCIAL

​Guía: Para preparamos a recibir a Dios que se hizo hombre para salvamos, reconozcamos que somos pecadores y que necesitamos su salvación.

​Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso..

3.- LECTURA DEL EVANGELIO

​Guía: Recordemos lo que pasó aquella bendita noche hace casi 2,000 años:

Evangelio según san Lucas 2,1-14:

​En esos días, el emperador dictó una ley que ordenaba hacer un censo en todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de la Siria. Todos iban a inscribirse a sus respectivas ciudades. También José, como era descendiente de David, salió de la ciudad, de Nazaret de Galilea y subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Cuando estaban en Belén llegó el día en que debía tener su hijo. Y dio a luz a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la sala común.

​En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. El ángel del Señor se les apareció y los rodeó de claridad la gloria de Dios. Como estaban muy asustados, el ángel les dijo: «No teman, pues he venido para comunicarles una buena nueva que será motivo de alegría para todo el pueblo: Hoy ha nacido para ustedes en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo Señor. En esto lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

​De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron en torno al ángel, y cantaban a Dios: Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra, gracia y paz a los hombres. Palabra del Señor.

​Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.

4.- ACOSTAMIENTO DEL NIÑO

​Guía: Antes de colocarlo en el nacimiento, “X” (el más pequeño de la familia) va a darnos a besar al Niño Dios

5- VILLANCICO.- (Se canta o se escucha mientras se besa al Niño). Al terminar

6- PETICIONES

​A cada petición responderemos Todos: Te lo pedimos, Señor.

Guía: Pidámosle al Niño Dios que así como es el centro de este nacimiento hoy, sea todos: los días el centro de nuestra familia y de nuestra vida.

Guía: Que Jesús, pudiendo nacer rico quiso nacer pobre, nos enseñe a estar contentos con lo que tenemos.

Guía: Que Jesús, que vino a perdonamos, nos enseñe a no ser rencorosos con los demás.

Guía: Que él, que vino a fundar la mejor familia del mundo haga que en la nuestra reine siempre el amor, la unión y el deseo de ayudarnos mutuamente y a las demás familias.

Guía: Que él, que nació en una cueva porque no hubo lugar en la posada para su familia, se acuerde en esta noche de tantos niños para los que no hay lugar en los hogares, de tantos hombres y mujeres para los que no hay lugar en las fábricas, de tantos refugiados para los que no hay lugar en el mundo y de tantos indígenas para los que no hay lugar en nuestro mundo moderno.

7.- VILLANCICO FINAL

¡Que nuestro Señor Jesucristo nazca en los corazones de cada uno de ustedes!

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BENDICIÓN DE LA CENA EN LA NOCHEBUENA

Al iniciar la cena:

+En el nombre del Padre, del Hijo y del Espírtu Santo. Amén

Esta noche buena nos reunimos en esta mesa para recordar y celebrar el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

Te damos gracias Señor, Dios Padre Omnipotente, porque por tu bondad en una noche como ésta, permitiste que tu Único hijo se hiciera hombre para liberarnos del yugo del pecado.

Gracias, Padre Nuestro, por el cariño de predilección que nos tienes, aún sin merecerlo.

Gracias, Jesús Nuestro Señor, porque nos enseñaste a ser humildes naciendo en un pesebre cuando podías haber nacido en un palacio. Enséñanos a ser como tú, humildes y mansos de corazón.

Gracias, San José, hombre recto y justo que acogiste con generosidad al Hijo del Altísimo y que protegiste con amor y devoción a la Santa Madre de Dios.

Gracias Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, por haber dicho “Si” cuando el ángel te anunció la voluntad del Padre.

En esta Noche Santa, te pedimos Señor por nuestras necesidades:

Te pedimos por la Santa Iglesia Católica, por el Sumo Pontífice, por los Obispos, por los Sacerdotes, por los diáconos, por los misioneros, por los religiosos y por todos aquellos hermanos que han entregado su vida para predicar el Evangelio.

Te pedimos la Paz del mundo.

Te pedimos por nuestra Patria y por nuestros gobernantes, para que sepan guiar con prudencia y justicia a nuestra nación.

Te pedimos Señor por nuestra familia, por nuestros amigos, por nuestros compañeros de trabajo, por nuestros empleados.

Señor, Dios del Universo, te damos gracias por estos alimentos que por tu bondad recibimos de tus manos. Te pedimos por los pobres del mundo que no pueden, en esta Noche Santa, cenar como nosotros cenamos. Te pedimos por ellos, y por nosotros para que aprendamos a compartir los bienes que nos das todos los días, para que a ejemplo de Jesucristo Señor nuestro, sepamos vivir la caridad con nuestro prójimo todos los días de nuestra vida.

Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos. El Rey de la Gloria Eterna nos haga partícipes de Su mesa Celestial.

Contestan todos: Amén

Al terminar la Cena

Te damos gracias Omnipotente Dios por todos tus beneficios en esta Noche Santa. Haz que cada uno de nosotros en esta familia sepamos acercarnos a ti como un niño que necesita de Tu auxilio, tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Contestan todos: Amén

“Lo que acompaña el creer”

“Lo que acompaña el creer”

Lucas1, 39-45

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. 

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”. 

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Ya estamos en el último domingo de el tiempo de adviento y la imagen que se nos presenta es la de María, ya en la propia espera de Jesús, donde se manifiesta la misma gracia de Dios eficaz en el obrar del día a día, porque precisamente no puede ser contenida pasivamente. 

Ese estar llena del Espíritu Santo hace posible, incluso, un viaje para su momento largo y escabroso, lleno de una actitud servicial para con su prima Isabel, aún en su propia condición de embarazada, porque lo que tenemos que considerar, no es tan sólo la iniciativa humana, sino su motor, que precisamente tiene su origen en la opción de creer.

Ese decir Sí a la obra y al plan de Dios, desencadena una serie de eventos y gracias que junto con la participación humana, hacen posibles todos los sucesos que incluso para nuestra mente son difíciles de imaginar.

Aquí es donde la fe ejerce todo su poder al abrir nuestros corazones para creer, pero además de eso, de igual manera nos prepara para ser instrumentos de su gracia y hacer en realidad lo imposible, primeramente lo que para nuestra voluntad no es viable, pero que en la confianza con el Señor todo es posible lógicamente hablando, es decir, solicitar y obrar en medio de los Milagros, más no en lo absurdo.

Por ello María es capaz de eso y más. Por ello se le llama dichosa. Por ello, de igual manera, si así lo deseamos, esta Navidad podremos ser tanto merecedores como trabajadores para recibir o dar algo que pareciese no poder dar jamás. Es evidente que solos es difícil. Pero con la fe podemos más, ya que eso es lo que viene acompañado con el don de creer.