“Nuestra Señora de Guadalupe”

“Nuestra Señora de Guadalupe”

Lucas 1, 39-48

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y 

entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. 

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”. 

Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava”. 

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Con motivo de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, comparto un estudio que habla sobre el “Hecho Guadalupano” que narra toda la influencia que ha tenido nuestra venerada imagen de Santa María de Guadalupe, espero sea muy informativo y de tu agrado.

LAS APARICIONES

El relato completo de las apariciones de NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE está en el escrito titulado “NICAN MOPOHUA”, que significa “aquí se encuentra, se ordena”, fue escrito por el indio mexicatl Juan Valeriano, en el idioma náhuatl. Según el padre jesuita Francisco de Florencia (1619-1695), Valeriano lo hizo entre 1540 y 1545 de acuerdo a los hechos que directamente le reveló Juan Diego.

 

Brevemente resumiré lo acontecido: A principios del mes de diciembre de 1531, un día sábado, la Virgen se le aparece a un pobre indio mexicano llamado Juan Diego, a quien le encarga de visitar al Obispo con el “expreso mensaje” de que le construya un templo en su honor “para en ella mostrar y dar todo mi amor, misericordia, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra cariñosa Madre”.

 

El Obispo Juan de Zumárraga, no le da crédito al humilde mensajero; Juan Diego retorna desconsolado. Ese mismo día, por la tarde se encuentra por segunda ocasión con la Virgen, narrándole todo lo que pasó con el “Señor Obispo”. Tan pequeño e inútil se siente, que le pide que escoja a otro. La Virgen lo anima y como respuesta, recibe  nuevamente el encargo de visitar al Obispo al día siguiente.

 

El domingo, llegada la hora, se repitió lo mismo, el Obispo no le dio crédito a sus palabras, argumentándole “que, además era muy necesaria alguna señal para que se le pudiera creer que le enviaba la misma Señora del Cielo”. La Madre de Dios se le aparece por tercera ocasión a Juan Diego, quien acongojado le refiere a la Virgen lo que le pide el obispo: Una señal para ser creído. La Virgen le dice que regrese al otro día para entregarle la señal que solicita.

 

Juan Diego pasó algunas vicisitudes, (un tío suyo llamado Juan Bernardino a quién también se le aparece la Virgen, se puso muy enfermo), lo que le impidió a Juan Diego asistir al Tepeyac el día lunes. El martes al amanecer, mientras ascendía la ladera del cerro del Tepeyac, Juan Diego, ve bajar de la cumbre del cerrillo a la Virgen que sale a su encuentro, y le dice:

“Sube, hijo mío, el más pequeño, a la cumbre del cerrillo; allí donde me viste y te hablé. Hallarás que hay diferentes flores; córtalas, júntalas, recógelas; enseguida baja y tráelas a mi presencia”.

 

Juan Diego cumplió lo encomendado y le trajo las más bellas y variadas rosas que encontró. La Virgen las tomó entre sus manos y depositándolas en la tilma de Juan Diego, le dijo:

 

“Hijo mío, el más pequeño, esta diversidad de rosas es la prueba y señal que llevarás al obispo. Le dirás en mi nombre que vea en ella mi voluntad y que él tiene que cumplirla. Tú eres mi embajador, muy digno de confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo delante del obispo despliegues tu manta y descubras lo que llevas. Contarás bien todo: dirás que te mandé subir a la cumbre del cerrillo para cortar flores; y todo lo que viste y admiraste, para que puedas convencer al obispo que dé su ayuda, a fin que se construya el templo que he pedido”.

 

Juan Diego, acudió donde el Obispo y luego de referirle lo acontecido con la Virgen desplegó entonces su blanca manta, pues tenía en su regazo las flores; y cuando se esparcieron por el suelo todas las diferentes rosas de Castilla, se dibujó en ella y apareció de repente la preciosa imagen de la siempre Virgen Santa María, Madre de Dios, de manera que está y se guarda hoy en su templo del Tepeyac, que se nombra Guadalupe”.

 

Guadalupe es una palabra árabe dentro del castellano que significa para unos “VALLE DE AMOR”, para otros “RÍO DE LUZ”. Ciertamente Ella aparece “encinta”, rodeada de la LUZ del sol. Además, es digno de resaltar que en el ornamento que lleva puesto se aprecia claramente la palabra “LUZ”. En Santa María de Guadalupe se realiza y cumple a la perfección la palabra del Apocalipsis 12, 1: “Una gran señal apareció en el cielo. Una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta…”.

 

En los documentos de Puebla (282) refiriéndose al “hecho guadalupano”, encontramos lo siguiente:

 

“Desde los orígenes -en su aparición y advocación de Guadalupe- María constituyó el gran signo, del rostro maternal y misericordioso de la cercanía del Padre y de Cristo, con quienes ella nos invita a entrar en comunión. María fue también la voz que impulsó a la unión entre los hombres y pueblos. Y, como el de Guadalupe los otros Santuarios Marianos del continente son signos del encuentro de la fe de la Iglesia con la historia latinoamericana”.

 

2.   ¿CÓMO ES LA BENDITA IMAGEN?

La altura de su imagen es de 1,43 cm. Un escrito antiguo la describe así:

 

“Su hermoso rostro es muy grave y noble, un poco moreno. Su precioso busto aparece humilde; están sus manos juntas sobre el pecho, hacia donde empieza la cintura. Es morado su cinto, solamente su pie derecho descubre un poco la punta de su calzado color ceniza. Su ropaje, en cuanto se ve por fuera, es de color rosado, que en las sombras parece bermejo; y está bordado con diferentes flores, todas en botón y bordes dorados. Prendido en su cuello está un anillo dorado, con rayas negras al derredor de las orillas, y en medio una cruz. Además de adentro asoma otro vestido blando y suave, que ajusta bien en las muñecas y tiene deshilado el extremo.

 

Su velo, por fuera, es azul celeste; sienta bien en su cabeza; no cubre nada de su rostro; y cae hasta sus pies, ciñéndose un poco por el medio; tiene toda la franja dorada, que es algo ancha, y estrellas de oro por todo él, las cuales son cuarenta y seis. Su cabeza se inclina hacia la derecha; y encima, sobre su velo, está una corona de oro de figuras estrechas hacia arriba y anchas abajo. A sus pies está la luna, cuyos cuernos miran hacia arriba. Se yergue exactamente en medio de ellos y de igual manera aparece en medio del sol, cuyos rayos la siguen y rodean por todas partes.

 

Son cien los resplandores de oro, unos muy largos, otros pequeñitos y con figuras de llamas: doce circundan su rostro y cabeza; y son por todos cincuenta los que salen de cada lado. Junto a ellos, al final, una nube blanca rodea los bordes de su vestidura.

 

Esta preciosa imagen con todo lo demás, está sobre un ángel, del cual se ve solo medio cuerpo hasta la cintura; hacia abajo está como metido en la nube. Los extremos del vestido y del velo de la Señora del Cielo, que caen muy bien en sus pies, por ambos lados los coge con sus manos el ángel, cuya ropa es de color bermejo, con un cuello dorado, y cuyas alas desplegadas son de ricas plumas, largas y verdes, y de otras diferentes. La van llevando las manos del ángel, que, al parecer, está muy contento de conducir así a la Reina del Cielo”.

3.    NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE EN EL VATICANO

La “Guadalupana” ha hecho historia, pues goza de un relevante puesto de honor en la gloria Vaticana. Una copia de Nuestra Señora de Guadalupe de ocho metros de alto, fue entronizada solemnemente en la Basílica de San Pedro el 12 de diciembre de 1933, ante la presencia del Papa Pío XI y 226 obispos de América.

 

EL Papa Pío XII hizo levantar en los jardines del Vaticano un monumento en mármol representando el “Hecho Guadalupano”, en el instante en que Juan Diego al desplegar el ayate ante el obispo Juan de Zumárraga aparece portentosamente dibujada su venerada imagen. Su inauguración tuvo lugar el 24 de septiembre de 1939 en uno de los extremos del jardín del Vaticano. El Papa Juan XXIII la hizo trasladar a un lugar más céntrico del jardín, junto a la torre de San Juan.

 

En la actualidad, en las grutas del Vaticano, (compartiendo el mayor de los privilegios), junto a de la tumba de San Pedro, hacia el lado izquierdo, se encuentra un pequeño altar con la imagen expuesta de Nuestra Señora de Guadalupe. El Papa Juan Pablo II bendijo e inauguró la capilla con una misa celebrada el 12 de mayo de 1992.

4.   SAN JUAN DIEGO, EL HUMILDE MENSAJERO DEL TEPEYAC (¿1474?-1548)

Es innegable que su figura va unida al “hecho guadalupano”. Juan Diego nació en Cuautitlán. Según las publicaciones de 1666, del padre Luis Becerra Tanco, Juan Diego, se fue a vivir en Tulpetlac. Su nombre indígena fue “Cuauhtlatoatzin” que en el idioma náhuatl significa “el que habla como águila”.

 

Estuvo casado con Malíntzin. Una vez convertidos al cristianismo se bautizaron, recibiendo los nombres de Juan Diego y María Lucía respectivamente. Después del portentoso acontecimiento con la Virgen,  como su esposa había fallecido, se dedicó por completo al cuidado de la “ermita” de su querida Virgen. En la ermita permaneció por el espacio 17 años, hasta que, según narra la tradición, mientras Juan Diego realizaba la limpieza, la Virgen le avisó de su cercano “tránsito” al cielo. Murió en el año de 1548 auxiliado y confortado por la misma Señora del cielo, según lo atestiguan las propias informaciones guadalupanas.

 

En México, el 6 de mayo de 1990, en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, Juan Diego el humilde mensajero, fue beatificado por el Papa Juan Pablo II junto con los tres niños mártires de Tlaxcala: Cristóbal, Antonio, Juan y el sacerdote José María de Yermo y Parres. En aquel día su Santidad, en su homilía, refiriéndose a Juan Diego en una de sus partes manifestó:

 

“Las noticias que de él nos han llegado encomian sus virtudes cristianas: su fe sencilla, nutrida en la catequesis y acogedora en los misterios; su esperanza y confianza en Dios y en la Virgen, su caridad, su coherencia moral, su desprendimiento y pobreza evangélica.

 

Llevando vida de ermitaño aquí, junto al Tepeyac fue ejemplo de humildad. La Virgen lo escogió entre los más humildes para esa manifestación condescendiente y amorosa cual es la aparición guadalupana. Un recuerdo permanente de esto es su rostro materno y su imagen bendita, que nos dejó como inestimable regalo. de esta manera quiso quedarse entre vosotros, como signo de comunión y de unidad de todos los que tenían que vivir y convivir en esta tierra”.

 

Don Lauro López Beltrán, sacerdote mexicano, considerado en su tiempo como uno de “los grandes servidores contemporáneos de María” y el más ferviente apóstol de Guadalupe y Juan Diego del siglo XX, en su libro titulado Juan Diego, laico, modelo, apóstol y patrón de los laicos de ayer y de hoy, escribe:

 

“La Virgen no sólo le habló a Juan Diego, sino que en Juan Diego, también nos habló a nosotros, y sigue y seguirá hablando a todos los que vengan detrás de nosotros. La Virgen al mirar a Juan Diego, nos miró en él a todos nosotros. A todos y cada uno de los mexicanos del presente, del pasado y del futuro. Lo que María de Guadalupe le pidió a Juan Diego, nos lo pidió a nosotros que somos el Juan Diego secular. Juan Diego no ha muerto. Juan Diego es inmortal. Juan Diego somos nosotros…

 

La Virgen pudo haber escogido a un ángel de los muchos que le sirven o a uno de los virtuosos proto-evangelizadores de nuestra patria. Pero quiso que fuera él -él y no otro- para que nosotros nos sintiéramos Juan Diego y fuéramos su otro Juan Diego hasta el fin de los tiempos…

 

Debemos, por ende, imitar a Juan Diego y convencernos de que la Virgen quiere que seamos su Juan Diego. Que llevemos su mensaje de amor y misericordia a todos los pueblos de América, y si fuere posible, del mundo entero”.

 

Para  alegría del mundo entero, de México, y de todos los guadalupanos, el Papa Juan Pablo II, el 31 de julio del 2002 declaró santo a Juan Diego en una espléndida ceremonia llevada a cabo en la ciudad de México D. F., en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe:

 

“Amado Juan Diego, el águila que habla. Enséñanos el camino que lleva a la Virgen morena del Tepeyac, para que ella nos reciba en lo íntimo del corazón, pues Ella es la Madre amorosa y compasiva que nos guía hasta el verdadero Dios. Amen”. (palabras finales de la homilía de Juan Pablo II. 31-07-2002).

 

Para quien desee seguir los pasos de Juan Diego, visite la iglesia de Santiago de Tlatelolco que está junto a la plaza de las Tres Culturas. A este lugar acudía Juan Diego a recibir los sacramentos y el catecismo. Allí encontrará una “reliquia” del  santo: una enorme pila bautismal de hierro donde fue bautizado.

5.    EL MISTERIO DE LA TILMA

Muchos son los estudios “científicos” a los que ha sido sometida su prodigiosa imagen y a pesar de los descubrimientos realizados, continúa siendo un misterio el “significado” de lo encontrado.

 

Brevemente resumiré los más destacados descubrimientos:

 

– En 1929, Alfonso Marcué, fotógrafo oficial de la Basílica, al ampliar los negativos de su rostro, descubrió en su ojo derecho un “busto humano”, descubrimiento que fue acallado y obligado a permanecer en secreto durante muchos años.

 

– Según los estudios y pruebas realizados por el Dr. Ricardo Kuhn, en 1936, sobre dos fibras de color del ayate, manifestó que “las fibras no contienen colorantes vegetales ni colorantes animales, ni colorantes minerales”. El ayate lleva más de cuatrocientos cincuenta años sin sufrir deterioro alguno.

 

– El 29 de mayo de 1951 en horas de la noche, el dibujante José Carlos Salinas Chávez, mientras observaba con una pequeña lupa una fotografía de la guadalupana, descubrió, (según testimonio escrito) “en la pupila del lado derecho de la Santísima Virgen de Guadalupe, la cabeza de Juan Diego”. Después de comprobar el ojo izquierdo constató que el ‘busto humano”, no estaba claro como en el ojo derecho. En todo caso se comprobó lo aseverado años atrás por Alfonso Marcué, acerca del “famoso busto humano”.

 

– En1956 los doctores oftalmólogos Javier Torroella y Rafael Torija, por separado emitieron un informe, después de auscultar las pupilas de la Virgen y determinar mediante un análisis científico que ciertamente existía un “busto humano” en las pupilas de la Virgen: el “hombre con barbas”. Posteriores estudios reconfirmaron lo hallado. De todo esto llama poderosamente la atención lo que afirma el Dr. Rafael Torija al final de su primer informe en el que indica: “Los ojos de la Santísima Virgen de Guadalupe dan impresión de vitalidad”, es decir, parece que tuvieran vida. Sobre esta última afirmación hay otro hecho que destacar. En 1970 un óptico japonés al examinar las pupilas de la Virgen se desmayó de la impresión, y al volver en sí, exclamó admirado “que los ojos de la imagen estaban vivos, que lo estaban mirando”.

 

– En el mes de febrero de 1979, el profesor José Aste Tonsmann, de nacionalidad peruana, utilizando la computadora, mediante el proceso de digitalización amplió las imágenes del iris de los ojos, descubriendo para asombro de todos “un grupo humano”, divisando en primer lugar a un indio sentado”, y, posteriormente otras figuras, entre ellas, la del “hombre barbudo”, descubierta con anterioridad. El profesor Aste consiguió ampliar la imagen hasta 2500 veces de su tamaño original.

 

– Finalmente la noche del 7 de mayo de 1979, la NASA (National Aeronautics and Space Administation) de la USA, por intermedio del científico Philip S. Callagan, y el catedrático Jody B. Smith, tomaron una fotografía a la Guadalupana” con película infrarroja, a ocho centímetros de distancia, y después de examinarla, presentaron un informe, y en su conclusión final, dictaminaron que “la figura original que comprende la túnica rosa, el manto azul, las manos y el rostro, es INEXPLICABLE”.

 

Existen otros tipos de estudios que se han realizado a la venerada imagen, pero prefiero no continuar ni profundizar más. Existen verdaderos tratados que en forma abundante lo explican todo de un modo científico. La “morenita” nos interesa desde otro punto de vista; el de la fe, y es un hecho reconocido por la iglesia, que la prodigiosa imagen es de “origen divino”.

6.    EL CULTO GUADALUPANO

Desde el primer día de su milagrosa aparición en el ayate de Juan Diego se inició el culto a su amada imagen. En ese tiempo en apenas siete años, desde 1531 a 1538 se convirtieron más de ocho millones de indios que adoraban a otros dioses.

 

A través de los tiempos, la Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe ha obrado prodigios, extendiéndose su culto por todo el orbe. La Iglesia y todos los pueblos no se cansan de proclamarla y alabarla. Los hechos así lo confirman:

 

– El 7 de octubre de 1571, antes de la batalla de Lepanto, el Papa San Pío V frente a una copia de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe que portaba Gian Andrea Doria, añadió al Avemaría: “AHORA Y EN LA HORA DE NUESTRA MUERTE. AMEN”.

 

– En 1667, el Papa Clemente IX en honor de Nuestra Señora de Guadalupe, mediante Bula, instituyó el 12 de diciembre como día de fiesta.

 

– El 2 de febrero  de 1725, el Papa Benedicto XIII mediante Bula decretó la erección en Insigne y Real Colegiata al Santuario de la Virgen de Guadalupe. También le dio el título de Villa.

 

– El 27 de abril  de 1737, la Virgen de Guadalupe fue proclamada Patrona de la capital de Nueva España.

 

– el 25 de mayo de 1754, el Papa Benedicto XIV, confirmó el Patronato de la Virgen de Guadalupe sobre la Nueva España, (desde Arizona hasta Costa Rica) y promulgó una Bula que aprobó a la Virgen de Guadalupe como Patrona de México, concediéndole misa y oficio propios. Estas gracias que el Papa le concedió a la Virgen de Guadalupe se dieron gracias a este hecho: El Papa, después de contemplar extasiado una copia auténtica de la Guadalupana, pintada por Don Miguel Cabrera, fue llevada como regalo a Su Santidad por el padre Juan Francisco López. En esa ocasión luego de examinarla con atención, con lágrimas en los ojos pronunció una frase del salmo 147, 20 que se ha perennizado: “non fecit taliter omni nationi” NO HIZO COSA IGUAL CON OTRA NACIÓN.

 

– En 1758, Puerto Rico la proclamó su PATRONA.

 

– El 12 de octubre de 1895, el Papa León XIII aprobó la primera coronación de la Virgen de Guadalupe, como REINA y PATRONA del pueblo mexicano. Un año antes aprobó un nuevo Oficio propio. En su honor compuso una liturgia latina completa.

 

– El 9 de febrero de 1904, el Papa San Pío X le concedió la dignidad de Basílica a la entonces Colegiata de Guadalupe.

 

– El 24 de agosto de 1910, el Papa San Pío X proclamó a Nuestra Señora de Guadalupe como “Patrona de América Latina”.

 

– El 10 de diciembre de 1933, el Papa Pío XI realizó su Coronación Pontificia en Roma.

 

– El 16 de julio de 1935, Pío XI la nombró Patrona de las Islas Filipinas.

 

– En 1938, S.S. Pío XII declaró el año Santo Guadalupano para el Continente Latino Americano.

 

– El 12 de octubre de 1945, el Papa Pío XII con motivo de los cincuenta años de su coronación, la declaró “Reina de México y Emperatriz de las Américas”.

 

– El 31 de mayo de 1966, el Papa Pablo VI por intermedio del Cardenal Confalonieri obsequió a la “Guadalupana” una rosa de oro[12] como recuerdo de las “rosas de Castilla”, que florecieron en el cerrito del Tepeyac.

 

– El 27 de enero de 1979, el Papa Juan Pablo II, en su primera salida del Vaticano como “peregrino de la evangelización” visitó la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, e hizo la entrega a la Virgen, de una corona de oro al final de su homilía.

 

– El 6 de mayo  de 1990, el Papa Juan Pablo II, en su segunda visita a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, beatificó a Juan Diego.

 

– El 23 de enero de 1999, el Papa Juan Pablo II, en su cuarta visita a México, y tercera visita personal a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, presidió una solemne Eucaristía con motivo de la clausura de la Asamblea especial para América del Sínodo de Obispos, proclamando en la homilía que el 12 de diciembre se celebre a la Virgen de Guadalupe con el rango litúrgico de fiesta.

7.    LOS PAPAS Y SUS MENSAJES GUADALUPANOS

PAPA PIO XII

– El Papa Pío XII, el 12 de octubre de 1945 con motivo de la celebración del Cincuentenario de la Coronación Canónica de su portentosa imagen, dijo esta inspirada frase:

 

“En la tilma del pobrecito Juan Diego -como refiere la tradición- pinceles que no eran de acá abajo dejaban pintada una imagen dulcísima, que la labor corrosiva de los siglos maravillosamente respetaría”. En esa misma ocasión hizo esta maravillosa sentencia: Estamos seguros que mientras Tú seas reconocida como Reina y Madre, América y México se han salvado”.

PAPA PABLO VI

– El Papa Pablo VI en un mensaje dirigido al pueblo mexicano el 18 de octubre de 1970, manifestó en una de sus partes:

 

“La devoción a la Virgen Santísima de Guadalupe debe ser para todos una constante y particular exigencia de auténtica renovación cristiana. La corona que ella espera de todos vosotros no es tanto una corona material, sino una preciosa corona espiritual, formada por un profundo amor a Cristo y por un sincero amor a todos los hombres: los dos mandamientos que resumen el mensaje evangélico. La misma Virgen Santísima, con su ejemplo nos guía en estos dos caminos”.

PAPA JUAN PABLO II

– El 26 de enero de 1979, el Papa Juan Pablo II en su primera visita a México, durante la celebración Eucarística celebrada en la catedral metropolitana de México, al final de su homilía, hablando de “el compromiso de la fidelidad a Cristo, a la Iglesia de hoy”, manifestó:

 

“La Virgen fiel, La Madre de Guadalupe, de quien aprendemos a conocer el designio de Dios, su promesa y alianza, nos ayude con su intercesión a firmar este compromiso y a cumplirlo hasta el final de nuestra vida, hasta el día en que la voz del Señor nos diga «Ven siervo bueno y fiel; entra en el gozo de tu Señor» (Mt 25, 21-23). Así sea”.

 

– En la homilía pronunciada por Su Santidad Juan Pablo II el 27 de enero de 1979 en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, con motivo de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que se reunió en Puebla, el Papa en su parte inicial le tributó a la Virgen este magistral saludo:

 

¡Salve María!

1. Cuán profundo es mi gozo, queridos hermanos en el Episcopado y amadísimos hijos, porque los primeros pasos de mi peregrinaje, como sucesor de Pablo VI y de Juan Pablo I, me traen precisamente aquí. Me traen a Ti, María, en este santuario del pueblo de México y de toda América Latina, en el que desde hacer tantos siglos se ha manifestado tu maternidad.

 

¡Salve María!

Pronuncio con inmenso amor estas palabras y reverencia estas palabras, tan sencillas y a la vez tan maravillosas. Nadie podrá saludarte nunca de un modo más estupendo que como lo hizo un día el arcángel en el momento de la Anunciación. Ave María, gratia plena, Dominus tecum.

 

Repito estas palabras que tantos corazones guardan y tantos labios pronuncian en todo el mundo. Nosotros aquí presentes las repetimos juntos, conscientes de que estas son las palabras con las que Dios mismo, a través de su mensajero, ha saludado a Ti, la Mujer prometida en el Edén, y desde la eternidad elegida como Madre del Verbo, Madre de la divina Sabiduría. Madre del Hijo de Dios”.

¡Salve, Madre de Dios!

A LOS OBISPOS MEXICANOS

El Papa Juan Pablo II cuando recibió la visita de los obispos mexicanos,  (que acudieron al Vaticano para presentarle el informe pastoral) les dijo estas frases:

 

– “Sea la Dulce Señora del Tepeyac, la Madre de Guadalupe, a cuyo santuario sigue el Papa peregrinando espiritualmente y cuya imagen conserva muy cerca, la que indique a todos: “Id a Jesús”, camino, verdad, vida. Así sea”. (30 de octubre de 1979).

 

– “A la amada Señora del Tepeyac confío en particular las familias cristianas para que las transforme en verdaderas “Iglesias domésticas” donde Ella desarrolle toda la eficacia de su acción educadora y materna”. (1 de octubre de 1983).

 

– “Que María de Guadalupe, reconciliadora Ella misma para crear el mestizaje de dos pueblos y dos culturas, sea la constante inspiradora de vuestra pastoral: que Ella os proteja y haga fecundos vuestros esfuerzos: y que, como PRIMERA EVANGELIZADORA DE AMÉRICA os ayude a seguir convirtiendo en educación ordenada y progresiva de la fe el mensaje guadalupano”. (28 de octubre de 1983).

8.   S.S. JUAN PABLO II EN  SU CUARTO VIAJE A MEXICO

El 23 de enero de 1999, con motivo de la clausura del Sínodo de Obispos para América, el Papa Juan Pablo II en la homilía que pronunció en el “corazón mariano de América” (como llamó el Papa en esa ocasión a la Basílica de Guadalupe), en una de sus partes manifestó:

 

“He venido para poner a los pies de la Virgen mestiza del Tepeyac, Estrella del Nuevo Mundo, la Exhortación apostólica Eclessia in America, que recoge las aportaciones y sugerencias pastorales de dicho Sínodo, confiando a la Madre y Reina de este Continente el futuro de su evangelización”.

 

Mas adelante el Papa en su homilía, hizo un esperado y anhelado anuncio, junto a una imponente y conclusiva oración:

 

“Quiero confiar y ofrecer el futuro del Continente a María Santísima, Madre de Cristo y de la Iglesia. Por eso tengo la alegría de anunciar ahora que he declarado que el día 12 de diciembre en toda América se celebre a la Virgen María de Guadalupe con el rango litúrgico de fiesta.

 

¡Oh Madre!, tú conoces los caminos que siguieron los primeros evangelizadores del Nuevo Mundo, desde la isla Guanahaní y La Española hasta las selvas del Amazonas y las cumbres andinas, llegando hasta la tierra de fuego en el Sur y los grandes lagos y montañas del Norte. Acompaña a la Iglesia que desarrolla su labor en las naciones americanas, para que sea siempre evangelizadora y renueve su espíritu misionero. ¡Alienta a todos aquellos que dedican su vida a la causa de Jesús y a la extensión de su Reino!

 

¡Oh dulce Señora del Tepeyac, Madre de Guadalupe! Te presentamos esta multitud incontable de fieles que rezan a Dios en América. Tú que has entrado dentro de su corazón, visita y conforta los hogares, las parroquias y las diócesis de todo el Continente. Haz que las familias cristianas eduquen ejemplarmente a sus hijos en la fe de la Iglesia y en el amor del Evangelio, para que sean semillero de vocaciones apostólicas. Vuelve hoy tu mirada sobre los jóvenes y anímalos a caminar con Jesucristo.

 

¡Oh Señora y Madre de América! Confirma la fe de nuestros hermanos y hermanas laicos, para que en todos los campos de la vida social, profesional cultural y política actúen de acuerdo con la verdad y la ley nueva que Jesús ha traído a la humanidad. Mira propicia la angustia de cuantos padecen hambre, soledad, marginación o ignorancia. Haznos reconocer en ellos a tus hijos predilectos y danos el ímpetu de la caridad para ayudarlos en sus necesidades.

 

¡Virgen Santa de Guadalupe, Reina de la Paz! Salva a las naciones y a los pueblos del Continente. Haz que todos, gobernantes y ciudadanos, aprendan a vivir en la auténtica libertad, actuando según las exigencias de la justicia y el respeto de los derechos humanos,  para que así se consolide definitivamente la paz.

¡Para ti, Señora de Guadalupe, Madre de Jesús y Madre nuestra, todo el cariño, honor, gloria y alabanza continua de tus hijos e hijas americanos!”.

Tomado de idyanunciad.net

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