“La Madre de Dios”

“La Madre de Dios”

Lucas: 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa hacia Belén y encontraron a María, a José y al niño, recostado en el pesebre. Después de verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño y cuantos los oían, quedaban maravillados. María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.

Los pastores se volvieron a sus campos, alabando y glorificando a Dios por todo cuanto habían visto y oído, según lo que se les había anunciado.

Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús, aquel mismo que había dicho el ángel, antes de que el niño fuera concebido. 

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Al inicio del año se nos presenta a María, precisamente como aquella mujer nueva que inicia una nueva vida, un nuevo proyecto, ya no con las mismas responsabilidades, ni con la mismas capacidades, sino con nuevos dones para desarrollarse en una etapa de crecimiento en la que Dios la invita, ella accede, proclama un Sí que empapa el cielo y la tierra con una total y alegre aceptación, porque ahora crece como madre.

María es el modelo de actitud ante una oportunidad que se nos brinda con este inicio en nuevo ciclo de trescientos sesenta y cinco días, que se encuadran con el título de año, el cual ofrece la motivación para realizarla desde hoy con entusiasmo, pero a su vez con ahínco y dedicación. 

Actitud que para verla realizada eficazmente, es necesario a la par cambiar nuestro propio esquema de vida, ya que deseamos que todo cambie, que todo sea mejor, que todo nos brinde una nueva oportunidad, tenemos toda la intención y el ánimo, queremos incluso un mundo mejor, pero nosotros no cambiamos en lo absoluto, no hacemos lo mínimo para mejorar, ya que ni las dietas las podemos cumplir, y así no se puede, porque todo lo nuevo con tu viejo Yo, no se funden en una sola persona y realidad que eres tú.

María muestra una nueva etapa con un cambio radical en su vida, de ser mujer libre, de ser esposa, ahora es madre, por lo que adopta una actitud muy adecuada cuando se necesita y eficaz que da frutos incluso de santidad.  

Es por ello, como ejemplo, que si quieres estar limpio y radiante, y esa es tu intención, pero no te bañas, es imposible ocultar nuestra suciedad por más que lo desees. Un nuevo Yo necesita una nueva forma de vida, un nuevo esquema, un nuevo camino para andar, e incluso nuevas amistades, porque a veces por donde navegamos caemos en donde los demás carecen de lo que yo carezco y ahí permanecemos. Una vida nueva, inicia con un nuevo Tú, y sé cómo un buen libro, que cuando se edita para una nueva edición, su contenido es el mismo pero ahora corregido y aumentado.