“Actitud completa”

“Actitud completa”

Lucas: 5, 12-16.

En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero. Queda limpio”. Y al momento desapareció la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió: “Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio”.
Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar.

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Es muy conocida la grandeza y eficacia de Dios, tanto lo es, que aún aquellos que se dicen libres pensadores y ateos por antonomasia, aunque no se identifiquen con Dios, son conscientes de una casualidad que todo lo mantiene en orden y equilibrio. Aún más reconocen a Dios aquellos que, aunque alejados en su momento, ya sea por necesidad o algún favor que deseen recibir, se acercan temporalmente a Él.

Muchos son los que le buscan, pero entre ellos habría que diferenciar aquellos que su motivación es tan sólo convenientemente para buscar el apoyo material en esta vida, por lo que su presencia ante el Señor radica en pedir, y pedir. Entonces Dios es considerado un proveedor.

Habrá quien le busque solicitando la salud, sobre todo cuando ésta se ha menguado, convirtiendo a Dios tan sólo en curandero, para en cuanto vuelva la salud retirarnos de su presencia.

A veces no llegan ni los bienes ni la salud al tiempo que lo solicitamos, y no lo es por no ser escuchados, porque todas las peticiones son atendidas y ejecutadas inmediatamente por parte de Dios, pero olvidamos recíprocamente saber escuchar y descubrir las manifestaciones donde nos habla claramente por dónde obtener la solución y actuar en ese medio. Pero si nuestra petición es sorda, bloqueamos de inicio la propia acción de Dios que se nos brinda.

El evangelio es muy claro afirmando que incluso las muchedumbres acudían a “oírlo y ser curados…” ya que dentro de la oración una cosa implica la otra, no llegan los milagros aislados, sino comprometidos, por eso la actitud propia debe ser completa: orar – escuchar; pedir – obrar; acercarnos a Dios – cambiar nuestros corazones. Nada es coincidencia, nada viene aislado, todo tiene un propósito, que mejor conocerlo para aplicarlo.