“Tratar a los buenos, no, también a los malos.”

“Tratar a los buenos, no, también a los malos.”

Marcos: 2,13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a caminar por la orilla del lago; toda la muchedumbre lo seguía y él les hablaba. Al pasar, vio a Leví (Mateo), el hijo de Alfeo, sentado en el banco de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa junto con Jesús y sus discípulos, porque eran muchos los que lo seguían. Entonces unos escribas de la secta de los fariseos, viéndolo comer con los pecadores y publicanos, preguntaron a sus discípulos: “¿Por qué su maestro come y bebe en compañía de publicanos y pecadores?”
Habiendo oído esto, Jesús les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido para llamar a los justos, sino a los pecadores”.

__________________________

En medio de una sociedad profundamente clasista, las estrechas catalogaciones están siempre al día, se dan el lo que llamamos las clases altas y lo mismo se da en las clases bajas, incluso en lo personal recreamos una escala de valores incluso con la propia familia y las amistades, catalogando y seleccionando a quienes cubren nuestros afectos vacíos y conveniencias.

Si esto nos es actualmente connatural al homo socialis, entonces la aplicación la hacemos uniforme en todos los ámbitos de la vida, con lo que el aspecto religioso no es excluido. Aunque se nos invite a practicar la más pura espiritualidad, marcamos esas odiosas barreras, que al final hablan de las internas nuestras.

Imposible no es superarlas, pero si es cuestión de trabajo asiduo así como una verdadera y real caridad. Porque eso de tratar y hacer el bien tan sólo con los que son afines a nuestro sector afectivo, en absoluto no redunda en crecimiento, porque no hay retos, no hay criterios contrarios, no hay confrontaciones que estimulen y violenten nuestra postura para corregirla o afirmarla con certeza. 

Es por ello que el verdadero mérito se obtiene cuando se realiza un esfuerzo y una donación donde parece que no podemos nada, pero resulta en motivación para seguir creciendo, porque no solamente desarrollamos la madurez, sino también la santidad.

Arriésgate a tratar a los pecadores, a los no deseados, a los odiosos, porque en realidad son los que más te necesitan y es preciso les compartas los dones que no poseen, pero que en ti son una muestra de la bondad de Dios al saberte bendecido por no estar en esa situación y sabes que ellos también pueden crecer.

No importa que te llamen pecador por acercarte a ellos, porque los que más pecan, son los que juzgan y no hacen nada, creyéndose sanos en medio de su demencia despiadada y compartida en común.