“La ley limita”

“La ley limita”

Marcos: 3, 1-6

En aquel tiempo, Jesús entró en la sinagoga, donde había un hombre que tenía tullida una mano. Los fariseos estaban espiando a Jesús para ver si curaba en sábado y poderlo acusar. Jesús le dijo al tullido: “Levántate y ponte allí en medio”.
Después les preguntó: “¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?” Ellos se quedaron callados. Entonces, mirándolos con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre: “Extiende tu mano”. La extendió, y su mano quedó sana.
Entonces se salieron los fariseos y comenzaron a hacer planes, con los del partido de Herodes, para matar a Jesús.

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No negamos la importancia de la ley, que promulgada de manera sencilla y de fácil entendimiento para todos, no deja de ser una herramienta que en todos los niveles del intelecto humano establece un principio común, como referencia de verdad absoluta.

Sin embargo, la ley no queda en el puro precepto, eso es el principio básico, a su vez se desdobla en múltiples especificaciones dentro del mismo concepto normativo en dónde se avalan las circunstancias que la agravan o la despenalizan.

Cuando no se alcanzan a percibir todas las ramificaciones legales hasta donde alcanza un precepto, quedamos cortos, es decir nos conformamos con la aplicación tajante del precepto básico, a veces por comodidad, pero que malo aún más, si es por ignorancia culpable, cuando en realidad se puede indagar aún más en el precepto.

Aplicada así la ley, limita, no permite analizar las circunstancias por las que se llegó a quebrantar y mucho menos se justifica. Por ello a Jesús le juzgan sin piedad, su herramienta es la misma ley divina, pero aplicada desde una perspectiva limitada y condicionada por las situaciones históricas y culturales.

Qué pena que la misma ley de Dios, juzgue al mismo Dios, sin sus complementos: la caridad, la razón, las circunstancias, la búsqueda del bien mayor. Por ello “los miró con ira y con tristeza, porque no querían entender”, al final de cuenta auto limitados por su propia ley reinterpretada y condicionada, donde impera el hombre, más no Dios.

Al igual nosotros podemos limitar la ley a nuestra conveniencia, o al de quien manipule la sociedad, pero esa ley no dejará de estar limitada por la mente humana.