“¿Quiénes son mis hermanos?”

“¿Quiénes son mis hermanos?”

Marcos: 3, 31-35

En aquel tiempo, llegaron donde estaba Jesús, su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a Él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: “Ahí afuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan”. Él les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: ‘Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

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Dentro de las relaciones familiares nombramos la relación con las personas conforme al parentesco que nos vincule en línea directa en base a la sangre, los apellidos y en general la genética heredada la cual se conforma como ínter relación natural biológica. 

En ocasiones de igual manera con base con el modelo de la relación familiar, se equiparan las relaciones cercanas a tal grado que se le nominan como parte de la familia. Cuando a alguna persona se le aprecia y el trato es tan afable así como constante se le llama hermano o hijo según sea la relación con la persona en curso.

Por otro lado hay comunidades de personas que nacen de un sentir común o de un mismo pensar, siendo un tanto más selectivas en las que aveces adolecen de las mismas dependencias y a su vez se hacen llamar familia, sobre todo porque ahí se sienten aceptados.

Sin embargo Jesús no limita a una relación afectiva o biológica es ser parte de la gran familia de Dios, porque esos términos familiares como los aplicamos y conocemos suelen ser limitantes y excluyeres porque son grupos limitadamente cerrados.

Jesús abre la participación a la Familia de Dios a todos aquellos, que independientemente de su manera de pensar o actuar, forman parte de de aquellos que aman a un mismo Padre y como Él mismo lo dice, cumplen su voluntad en libertad y alegría. 

Por lo que, todo aquel que desee no limitarse a las barreras ideológicas, racistas y humanas de grupos sociales, es invitados a manifestar una hermandad mayor a la propia natural e idealizada, es bienvenido ya que un mismo fin y un mismo amor los une en una misma familia independientemente de sus roles particulares en la sociedad. Esos son los que se convierten en mis hermanos, con los cuales podemos llegar a la meta en mutuo apoyo y solidaridad, es decir a la santidad.