“El miedo al compromiso”

“El miedo al compromiso”

Marcos: 10, 1-12

En aquel tiempo, se fue Jesús al territorio de Judea y Transjordania, y de nuevo se le fue acercando la gente; él los estuvo enseñando, como era su costumbre. Se acercaron también unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?”

Él les respondió: “¿Qué les prescribió Moisés?” Ellos contestaron: “Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa”. Jesús les dijo: “Moisés prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.

Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo: “Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”.

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Ya hace algo de tiempo, que nuestra cultura, influenciada por los vecinos que se dicen de primer mundo, así como de pensamiento avanzado y liberal, aunque sea bromeando, pero asomando la verdad, niegan y rechazan el matrimonio.

Ya en antiguo las mismas sagradas escrituras se dejaba ver cierta inestabilidad, que en el caso de la ley de Moisés, llegó a modificarse para legitimar el mismo divorcio.

Pero hoy, ante tanta falta de relaciones interpersonales y directas, los que pretenden vivir una vida juntos, nacen divorciados desde el momento que no quieren ningún documento que oficialice su unión. 

Ya las relaciones van fragmentadas y se unen por el atractivo visual-sexual, o por cambiar de realidad en la que habitan, y en un extremo por miedo a la soledad. Se toman decisiones arrebatadas, y su solución ante sus miedos no dan frutos que asienten una relación estable.

El miedo al compromiso les ataca y aterra, tanto así que aún estando en unión libre por décadas, cuando formalizan ante lo civil o eclesiástico, la relación fracasa, no saben manejar la donación, se saben utilizar mutuamente, pero el éxito llega cuando el compromiso se da a la par, en una alianza con igualdad de derechos y obligaciones, coronado por un amor creciente y constante.

A veces olvidan, que la parte importante no la llevas tú, ni tu pareja, sino Dios que habiendo llamado a la vocación marital, junto con ello otorga los dones para llevarla acabo, pero hay que permitírselo. No dejemos que el miedo al compromiso, a la verdad, a la santidad, quebrante nuestra voluntad, porque en pareja, también se llega a la eternidad.

“Extirpar de raíz”

“Extirpar de raíz”

Marcos: 9, 41-50

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Todo aquel que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no se quedará sin recompensa.
Al que sea ocasión de pecado para esta gente sencilla que cree en mí, más le valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo arrojaran al mar.

Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela; pues más te vale entrar manco en la vida eterna, que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo; pues más te vale entrar cojo en la vida eterna, que con tus dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo; pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Todos serán salados con fuego. La sal es cosa buena; pero si pierde su sabor, ¿con qué se lo volverán a dar? Tengan sal en ustedes y tengan paz los unos con los otros”.

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Ciertamente el evangelio es radical y cero tolerancia en todo lo que se refiere al pecado y lo que nos hace perder la gracia de Dios, más no es radicalista, es decir, que exija de manera tajante y extrema sus preceptos, sino que por el contrario van a sanar de manera generosa y definitiva toda dolencia de alma y cuerpo.

Habrá que ver lo textual de las palabras de Jesús cuando hace mención a amputar partes del cuerpo con las que se puede pecar. Aquí lo que hay que entender de tajo, es que de suyo cualquier extremidad u órgano corporal, no es pecaminoso en sí mismo, no se refiere a extirpar un miembro como si fuera el mal y origen del mismo.

De hecho cada parte de nuestro cuerpo no deja de ser un instrumento con el cual podemos auxiliarnos para realizar nuestras labores; aquí el problema radica en que precisamente no se utilizan para el bien que fueron destinadas, y de eso se encarga nuestra mente, que puede desviar el uso y desuso, así como convertirlo en abuso de cada parte de nuestro cuerpo.

Es por ello, que a lo que se refiere Jesús, no es a mutilar nuestro cuerpo, sino a extirpar de raíz aquello que genera el mal uso de nuestro ser, porque de igual manera podemos hacer mucho bien con el mismo. La referencia el clara: “si te es ocasión de pecado”, entonces la ocasión es la que hay que erradicar y no las partes de nuestro cuerpo con las que podemos santificarnos. 

Extirpar de raíz el mal, los pensamientos negativos, tóxicos y obsesivos, es la solución más sana para no volver a mal utilizar lo que el Creador nos ha regalado.

“Los que están a nuestro favor”

“Los que están a nuestro favor”

Marcos 9, 38-40

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: —Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.

Jesús respondió: —No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

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Cuando en la vida nos vamos desenvolviendo con soltura y poco a poco vamos definiendo tanto nuestros gustos, amistades y necesidades, nos unimos a círculos afines a nuestro pensar y actuar, dígase en la escuela, en la zona que vives y hasta en la propia familia; de alguna manera todos somos selectivos y hasta exclusivistas.

No tiene nada de raro el que busquemos naturalmente las simpatías con las que congeniamos, es una tendencia natural que al final la hacemos racional y aceptamos como una elección aprendida. 

Pero eso no significa que el resto de la humanidad tenga que estar a nuestro favor, no tienen qué pensar como yo ni actuar y razonar a nuestra manera. Cuando somos inmaduros esto lo canalizamos como rechazo e incomprensión, haciéndonos los mártires relegados de la sociedad, que es una manera eficaz de llamar la atención.

En realidad la base de nuestra ideología debe estar fundamentada en la verdad y de ahí partir para que todo lo que se desprenda de ella brille con su propia autenticidad. Una vez que estemos del lado de la verdad en sí misma, no intentaremos imponernos porque será un punto de convergencia, háblese de religiones o de asuntos políticos ya que a veces la confundimos con ideologías o filosofías que defienden lo que llaman “su verdad” particular, que no es la verdad en sí misma.

Aquí debemos de no buscar que nos den por nuestro lado, sino a aquellos que están no sólo en favor de una ideología, sino de la verdad en sí misma. Esos son los que están a nuestro favor, digo si es que nosotros estamos en la verdad. Y si hay otros que la proclaman, tener en claro que no es de uso exclusivo porque al final estarán del lado de aquél que es la verdad, Dios.

Por ello no esperes que estén a tu favor, aunque tengas toda la razón, no permitas que los que no quieren vivir la autenticidad y la valentía del amor de Dios, la bifurcarán para sus propios y egoístas propósitos, tu no te canses de vivirla y proclamarla, ya en el camino encontrarás aquellos que sin proclamarlo estarán a nuestro favor.

“Cada quien con su tema”

“Cada quien con su tema”

Marcos: 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea, pero él no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará”. Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían miedo de pedir explicaciones.

Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutían por el camino?” Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado”.

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A Jesús le urge el tiempo para aprovecharlo en virtud de que es corto para realizar su obra, darnos a conocer el Reino de los Cielos y darnos su salvación a través de su Pasión, muerte y resurrección, por lo que va preparando a sus discípulos y les va hablando claro de lo que ha de acontecer, para que cuando suceda sepan que se está cumpliendo las promesas del Padre.

Sin embargo la distracción en nuestras cabezas no es de extrañar, ya que cada uno está con sus propios pendientes, además de ver en qué posición los va a dejar, sin entender la obra de Jesús, aún creen en el mesianismo de un rey todo poderoso, donde desean su apartado.

Es por ello que cada cual anda con su tema sin atinar al verdadero objetivo de la salvación para la que fueron elegidos.

Situación similar nos acontece cuando perdemos el rumbo del sentido de nuestra espiritualidad, las necesidades nos absorben y dominan, por ello es importante mantenernos con la mirada puesta en el fin ultimo al que deseamos y esperamos respecto a nuestra salvación y no separarnos del Señor a través de la oración y los sacramentos.

“El demonio de la ignorancia”

“El demonio de la ignorancia”

Marcos: 9,14-29

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte y llegó al sitio donde estaban sus discípulos, vio que mucha gente los rodeaba y que algunos escribas discutían con ellos. Cuando la gente vio a Jesús, se impresionó mucho y corrió a saludarlo.

Él les preguntó: “¿De qué están discutiendo?” De entre la gente, uno le contestó: “Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu que no lo deja hablar; cada vez que se apodera de él, lo tira al suelo y el muchacho echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. Les he pedido a tus discípulos que lo expulsen, pero no han podido”.

Jesús les contestó: “¡Gente incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho”. Y se lo trajeron. En cuanto el espíritu vio a Jesús, se puso a retorcer al muchacho; lo derribó por tierra y lo revolcó, haciéndolo echar espumarajos. Jesús le preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?” Contestó el padre: “Desde pequeño. Y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él. Por eso, si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos”. Jesús le replicó: “¿Qué quiere decir eso de ‘si puedes’? Todo es posible para el que tiene fe”. Entonces el padre del muchacho exclamó entre lágrimas: “Creo, Señor; pero dame tú la fe que me falta”. Jesús, al ver que la gente acudía corriendo, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: “Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Sal de él y no vuelvas a entrar en él”. Entre gritos y convulsiones violentas salió el espíritu. El muchacho se quedó como muerto, de modo que la mayoría decía que estaba muerto. Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó y el muchacho se puso de pie.

Al entrar en una casa con sus discípulos, éstos le preguntaron a Jesús en privado: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?” Él les respondió: “Esta clase de demonios no sale sino a fuerza de oración y de ayuno”.

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Muchos en nuestros días se profesan ateos, libres pensadores y hasta enemigos de la fe con un antiteísmo expreso. Lo cual no extirpa a nadie de las consecuencias del maligno y sus insidias.

Por lo que uno de los males que más atacan en nuestro mundo es la falta de conocimientos en todos los ámbitos de la vida, ya no se procura que se conozca la verdad, sino que se le oculta con fines de manipulación presentando medias verdades tendenciosas.

A Jesús le incomoda toda esa gente que no quiere saber para no comprometerse con la verdad, prefiere vivir en el qué dirán y en el vaivén de las ideas por miedo a ser y a pensar de manera auténtica. 

Es muy conveniente para el maligno que no se conozca la verdad, así presenta la mentira como la mejor opción, y se actué con total ignorancia tanto vencible como invencible. Por ello Jesús enfatiza todo lo que hay que enseñar y hacer ver, su expresión de cansancio en un trabajo que parece interminable lo dice todo: “¡Gente incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos?”. Cuando el muchacho no está endemoniado, sino que es epiléptico, y es mejor echar la culpa al maligno para no obrar con consecuencia y responsabilidad de los que lo cuidan.

Esos demonios de la ignorancia que imperan en muchos medios y culturas son los que hay que expulsarlos, pero sobre todo con ayuno y oración, para que nos permitan unirnos a la verdad, aquella que se nos presenta en su Jesús, el Hijo de Dios.

“Cordiales vs. convenencieros”

“Cordiales vs. convenencieros”

Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis la usarán con vosotros».

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Una de las principales características del cristiano radica precisamente en su caridad, en el manifestar una vida llena de afecto sincero, tan amable con cualquier persona que supera la sola educación, sino que va más allá, llega a mostrar una relación que sale sin problema desde el fondo de su corazón, aquello que llamamos cordialidad.

En sí, se trata de una actitud de donación, no solamente de bienes materiales, sino inclusive de tiempos y atenciones personales según se necesiten en su momento. 

Contrariamente ante esto encontramos un mal entender de esa actitud, porque de cordiales, pasamos por un lado a ser convenenciero o justicieros. Convenencieros porque sabiendo que existe gente que se dona y es capaz de quitarse el vestir para darlo a quien lo necesita, así como el pan de la boca, a quien le favorece ésta situación es a aquellos que les conviene sacar provecho y abusar de la bondad de los demás sin mayor problema de conciencia. Aquellos que hasta exigen manipulando y chantajeando a los verdaderos cristianos como si obligadamente les tuvieran que dar, esos que desde que nacen ya tienen la mano estirada para pedir pan y la cara impregnada de falsa tristeza.

También están los justicieros, aquellos que no dan si no les dan, es decir, tu pones, yo pongo, tu haces, yo hago, y si no obras, yo no obro. Aquellos que están al tú por tú, los que les conviene la justicia y la renombran como caridad, pero que no son capaces de dar nada independientemente por su cuenta, sino como respuesta después de ver lo que reciben. Eso no es caridad, es lo normal que se debe mínimo como gente educada hacer, porque la caridad es dar un poco más de lo que impone la justicia libremente y sin retroalimentación. 

La cuestión es, que no pidas más de lo que no das, y si das de más, ya sabrás como se te recompensará sin esperarlo, pero llega y sin pedirlo. Así obra la generosidad. No dejes de ser cordial, pero no te dejes de los covenencieros, porque si les ayudas los dañas y estancas.

“Zonas de confort”

“Zonas de confort”

Marcos: 9, 2-13

En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.

Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo amado; escúchenlo”. En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí qué querría decir eso de ‘resucitar de entre los muertos’.

Le preguntaron a Jesús: “¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?” Él les contestó: “Si fuera cierto que Elías tiene que venir primero y tiene que poner todo en orden, entonces ¿cómo es que está escrito que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Por lo demás, yo les aseguro que Elías ha venido ya y lo trataron a su antojo, como estaba escrito de él”.

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Habemos de saber que todo en la vida transcurre entre aprendizajes, algunos buenos, algunos negativos, pero el hecho de que algo sea negativo no quiere decir que sea un impedimento, al contrario, se convierten en desafíos que al final otorgan un crecimiento mayor en la experiencia de la persona.

No es nada raro que cuando encontramos cierta estabilidad dentro del propio ritmo de vida, solemos dar pausas y establecernos en esas modalidades, que en realidad deberían ser transitorias, cuando en la realidad las hacemos permanentes.

Algo similar aconteció con los discípulos de Jesús, al verse en una estancia agradable, pretenden establecerse, por ello la expresión: “Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas”, a lo que Jesús no lo permite ya que la situación de miedo por la que estaban pasando les obligaba a decidir esa propuesta, que sabemos no es la más sana.

La vida es más bien dinámica, enrolada en un conjunto de movimiento a nuestro alrededor, el cual brinda siempre nuevas oportunidades y ocasiones de crecimiento, que quienes las aprovechan y se arriesgan, a su tiempo siempre salen ganando.

Por ello es recomendable, mirar siempre a mejorar, crecer, aprender, ser más santos y conocer al Señor a profundidad, no quedarnos en nuestras chozas dentro de la zona inerte de confort, porque la vida siempre pide más.

“Fiesta de La Cátedra de San Pedro”

“Fiesta de La Cátedra de San Pedro”

Mateo: 16,13-19

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.

Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella.

Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.

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Hoy se celebra la festividad de la Cátedra de San Pedro, una ocasión solemne que se remonta al cuarto siglo y con la que se rinde homenaje y se celebra el primado y la autoridad de San Pedro.

La palabra “cátedra” significa asiento o trono y es la raíz de la palabra catedral, la iglesia donde un obispo tiene el trono desde el que predica. Sinónimo de cátedra es también “sede” (asiento o sitial): la “sede” es el lugar desde donde un obispo gobierna su diócesis. Por ejemplo, la Santa Sede es la sede del obispo de Roma, el Papa.

Antes de rezar el Ángelus en este día, el Papa Juan Pablo II recordó que “la festividad litúrgica de la Cátedra de San Pedro subraya el singular ministerio que el Señor confió al jefe de los apóstoles, de confirmar y guiar a la Iglesia en la unidad de la fe. En esto consiste el ‘ministerium petrinum’, ese servicio peculiar que el obispo de Roma está llamado a rendir a todo el pueblo cristiano. 

Misión indispensable, que no se basa en prerrogativas humanas, sino en Cristo mismo como piedra angular de la comunidad eclesial”. “Recemos -dijo- para que la Iglesia, en la variedad de culturas, lenguas y tradiciones, sea unánime en creer y profesar las verdades de fe y de moral transmitidas por los apóstoles”.

La cátedra es en realidad el trono que Carlos el Calvo regaló al papa Juan VIII y en el que fue coronado emperador el día de Navidad del año 875. Carlos el Calvo era nieto de Carlomagno. Durante muchos años la silla fue utilizada por el papa y sus sucesores durante las ceremonias litúrgicas, hasta que fue incorporada al Altar de la Cátedra de Bernini en 1666.

Tradiciones, leyendas y creencias afirmaron durante muchos años que la silla era doble y que algunas partes se remontaban a los primeros días de la era cristiana e incluso que la utilizó San Pedro en persona. La silla ha sido objeto de numerosos estudios a lo largo de los siglos y la última vez que fue extraída del nicho que ocupa en el altar de Bernini fue durante un período de seis años, entre 1968 y 1974. Los análisis efectuados en aquella ocasión apuntaban a que se trataba de una sola silla cuyas partes mas antiguas eran del siglo VI. Lo que se había tomado por una segunda silla era en realidad una cubierta que servía tanto para proteger el trono como para llevarlo en procesión.

Todos los años en esta fecha, el altar monumental que acoge la Cátedra de San Pedro permanece iluminado todo el día con docenas de velas y se celebran numerosas misas desde la mañana hasta el atardecer, concluyendo con la misa del Capítulo de San Pedro.

Fuente: VIS – Servicio Informativo Vaticano

“Yo si sé quién eres”

“Yo si sé quién eres”

Marcos: 8, 27-33

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos le contestaron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas”.

Entonces él les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Pedro le respondió: “Tú eres el Mesías”. Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.

Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día.

Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”.

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No cabe duda que las relaciones humanas se ufanan de tener una cercanía y familiaridad con otras personas, a tal grado de creer que se les conoce en la totalidad y muy certeramente.

Sin embargo la realidad de nuestros días, aunque se ha perdido parte de las relaciones humanas por la tecnificación de las redes sociales por las electrónicas, que nada dista del pasado ya que al final de cuentas externamos lo que deseamos que los demás crean de nosotros.

Pero que sin embargo no es bastante para poder decir que conocemos a alguien, ya que la superficialidad hoy como siempre está a flor de piel, y el caso concreto lo tenemos con todos aquellos que se dicen que conocen a Jesús. Creen conocerlo para darse importancia con sus comentarios aunque estos sean erróneos. 

La pauta la marca Pedro, que sin titubear afirma lo que es verdad, porque la conoce y identifica realmente a Jesús, y no por lo que obtuvo de información con los demás, sino por su trato personal y cercano.  

Ha visto su amor, su dedicación, su oración, su trato caritativo y fraterno; ha visto su gracia y santidad en su persona y en su obrar, le habla cara a cara. Él si lo conoce y sabe quién es, nada ajeno a nosotros que podemos amarle y conocerle con la misma intensidad y confianza a través de todos los medios donde nos ofrece su amistad y sacramentos, ya que es Él mismo quien actúa por medio de ellos, pero sobre todo porque nos sigue buscando en los demás que nos han invitado a estar cerca de Él.

“La importancia del sigilo”

“La importancia del sigilo”

Marcos: 8, 22-26

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida y enseguida le llevaron a Jesús un ciego y le pedían que lo tocara. Tomándolo de la mano, Jesús lo sacó del pueblo, le puso saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: “¿Ves algo?” El ciego, empezando a ver, le dijo: “Veo a la gente, como si fueran árboles que caminan”.

Jesús le volvió a imponer las manos en los ojos y el hombre comenzó a ver perfectamente bien: estaba curado y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: “Vete a tu casa, y si pasas por el pueblo, no se lo digas a nadie”.

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La discreción nunca está de sobra, y aunque nos guste ser claros, ser claridosos imprime una delicadeza para saber decir la verdad sin necesidad de usarla como arma para atacar a quien ésta se refiera.

Una de las cosas que Jesús pide es el sigilo, sobre todo a aquellos quienes han recibido un milagro, que llenos de alegría no pueden callar. No es que les prohiba hacerlo, porque de igual manera el testimonio es grande para con quienes lo comparten, sobre todo para crecer aún más en la fe.

Pero si la persona no ha recibido el anuncio adecuado, sin entender la misión de Jesús, se corre el riesgo de que lo mal interprete, con un criterio muy personal y mundano, que por lo general redunda en considerársele como curandero.

Por ello cuando pide sigilo, lo hace en virtud de que le den la oportunidad de poder predicar y modificar los corazones aún más renuentes o aquellos llenos de miedos, para que sanen íntegramente y no se le busque tan sólo en la necesidad a corto plazo.

No deja de ser importante el sigilo para llevar a cabo una buena obra sin interrupciones.