“En el hogar lo que manifestamos”

“En el hogar lo que manifestamos”

Marcos: 6, 7-13

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce, los envió de dos en dos y les dio poder sobre los espíritus inmundos. Les mandó que no llevaran nada para el camino: ni pan, ni mochila, ni dinero en el cinto, sino únicamente un bastón, sandalias y una sola túnica.


Y les dijo: “Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de ese lugar. Si en alguna parte no los reciben ni los escuchan, al abandonar ese lugar, sacúdanse el polvo de los pies, como una advertencia para ellos”.
Los discípulos se fueron a predicar la conversión. Expulsaban a los demonios, ungían con aceite a los enfermos y los curaban.

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Es un hecho que el Señor Jesús jamás envía a una persona sola a una misión o encomienda, porque es bien sabido que aunque nuestra responsabilidad ante nuestros propios actos sea personal, sin embargo la salvación es comunitaria, porque todo acto es un reflejo de nuestra persona, pero siempre ejecutado y aplicado en los demás, ya que la caridad no se aplica en soledad, sino en comunidad.

Uno de los aspectos que encontramos en la misión de dar a conocer los valores del Reino  durante la visita a los hogares, en cada uno de ellos al instante se ve reflejada la situación que viven, porque donde somos recibidos, encontramos una voluntad dispuesta a crecer, a su vez que en ciertos lugares encontramos la hospitalidad tan valorada en varias culturas y la cual se hace presente.

Cada vez más en nuestros días se van cerrando las puertas de los hogares, ya no se está dispuesto a dar ayuda, pero tampoco a recibirla, porque en el mismo hogar, es donde desarrollamos todos los dones y virtudes que nacen de una sana y atenta educación.

Por ello al visitar un hogar, sea cual fuere, de inmediato se hace presente la realidad que se vive en el mismo, porque la reacción recibida no es otra cosa sino un reflejo de su interior, por lo que al manifestarse una falta de paz y rechazo, evidencian sus conflictos no resueltos y la respectiva crisis que conlleva el no tener ni querer solucionar dicha situación.

Cuando por el contrario encontramos afabilidad, aunque se tengan problemas internos, es signo de fortaleza y buen manejo de situaciones por difíciles que sean. Es inevitable enterarse de la situación que vivimos, porque todo es un reflejo de nuestra propia vida y de nuestro interior. 

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