“Falsa bondad”

“Falsa bondad”

Lucas: 18, 9-14

En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás:
“Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias’.
El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: ‘Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador’.
Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

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Es una pena ver que en esta nuestra cultura machista y enferma por tanta promoción e invitación a caer adicto a ciertas codependencias, no dejan de bombardearnos, ahora ya no de manera subliminal sino directa, ya sea a las personas, a las modas, a las comidas,  a los servicios de internet, a las bebidas y al sexo no se diga. además de crecer con tanta carencia afectiva.

El mercado de las codependencias es muy prolifero y buen negocio económico, hasta  hay iglesias que no pierden la oportunidad y lucran con ello atrayendo y abusando de las personas con esos males, alimentándolas y cambiándoles la codependencias por otras que les convengan a ellos, como lo es aquellas que se denominan pare de sufrir. No  sanan a las personas, las usan. 

Pero sin irnos tan lejos, dentro de nuestra misma comunidad encontramos personas que aparentan una muy buena dedicación a Dios y al servicio de la Iglesia, las cuales dentro de sus propios vacíos afectivos a toda costa buscan ser reconocidas por ello, pero no están buscando a Dios, se están buscando a ellos mismo.

Aquí es cuando nace la falsa bondad, creamos toda una faramalla para defender el estatus a todo lo que da con la gente realmente buena que quiere crecer. Bendito sea Dios que las ciencias nos van dando luz para identificar esos casos y proponer una verdadera y real ayuda, porque hasta Jesús viene a sanar esas enfermedades del alma que son las que abundan en estos días. 

No hay nada mejor y más sano que reconocer nuestras propias limitaciones y ser tal cual somos, sin apariencias, porque entonces será cuando tu real y verdadera bondad brillará sin necesidad de promocionarla.