“Expresiones del amor”

“Expresiones del amor”

Juan: 3, 16-21

“Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el Hijo único de Dios.

La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”.

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Hoy más que nunca es muy común escuchar expresiones que por un lado se dan en un lenguaje muy afectuoso y cariñoso, mientras que por otro raya en la total maledicencia, y no por dañar, sino por una ordinaria y común falta de educación que se dice estar de moda.

Entonces, en un lenguaje vacío, se habla de un amor que solamente es verbal por educación sin llegar a concretarse en actitudes y obras palpables que afirman a la persona que las realiza.

Por otro lado nos encontramos con suplantaciones o necesidades a las que se le llama amor, como amar a quien te da por tu lado, a quien te alimenta, a quien sacia tus necesidades hasta sexuales, o a quien te compra lo que deseas caprichosamente, afirmando que esos si nos aman cuando en realidad tan sólo cubren tus satisfactores.

Olvidamos que el amor es una entrega y donación total de la persona al objeto amado, sin condiciones ni requerimientos solicitados a cambio, lo que en un verdadero amor se corresponde sin necesidad de pedirlo.

Sin embargo encontramos otro aspecto aún mayor, un amor redentor, que cubre cualquier falta, aquel que Dios, nuestro Padre, ha manifestado misericordiosamente desde el inicio de la misma creación y que en riesgo de perderla, es capaz de enviar a su propio hijo ante la incapacidad de poder restaurarnos a nosotros mismos.

Jesús es la mayor expresión del amor de Dios, porque su misión, vida y pasión – resurrección habla del mismo amor con que el mismo Padre al ser capaz de donarlo nos ha amado y desea que podamos amar con las mismas características y si fuese posible, con la misma intensidad.

“Cultura sin cultura”

“Cultura sin cultura”

Juan: 3, 7-15


En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “No te extrañes de que te haya dicho: Tienen que renacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu”. Nicodemo le preguntó entonces: “¿Cómo puede ser esto?”
Jesús le respondió: “Tú eres maestro de Israel, ¿y no sabes esto? Yo te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán si les hablo de las celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna”.

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Cada vez más la ciencia y la técnica van avanzando a un ritmo demasiado acelerado, por lo que parece que nos ha dejado atrás en la asimilación de su contexto, y aunque los cambios últimamente se han estado dando muy rápido, esa falta de profundización está dejando bastantes huecos en las personas y en la sociedad.

Estamos viviendo una época donde la cultura se proclama estar en su máxima expresión, cuando en realidad se ha perdido tanto de la misma que a cualquier espantajo le llaman arte, por lo que consecuentemente ante dicha situación en el plano de las relaciones personales se da un desfase tal y cada vez mayor que se olvida marcadamente quienes somos. 

Hemos caído en un escepticismo, donde la misma verdad no sacia, pero tampoco la mentira, ya no se cree ni se confía aún en las cosas materiales de este mundo, porque el manejo de información parece estar inclinada hacia tendencias de ganancia monetaria y control de mentes que incluso hasta los mismos científicos parecen estar en guerra política por implantar sus teorías retóricas como una verdad absoluta.

Y como lo dice el mismo evangelio, si no creemos cuando nos hablan de las cosas de la tierra, entonces mucho menos entenderemos y aceptaremos las del cielo, la fe y todo lo que implica el mundo espiritual de la gracia de Dios. 

Es por ello, que en esta cultura sin cultura, no caigamos en el engaño de la facilidad del aprendizaje, donde cualquiera puede sacar una carrera pagando en internet por un título académico y sin exámenes ni tesis, porque la educación se vive y se manifiesta como tal cuando se tiene, más aún si la hemos fortalecido y reforzado con las mismas herramientas de la fe.

“Estar orgullosos”

“Estar orgullosos”

Juan 3,1-8


Había un fariseo llamado Nicodemo, hombre principal entre los judíos, que fue de noche a ver a Jesús y le dijo: “Maestro, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer las señales milagrosas que Tú haces, si Dios no está con él”.Jesús le contestó: “Yo te aseguro que quien no renace de lo alto, no puede ver el Reino de Dios”. 

Nicodemo le preguntó: “¿Cómo puede nacer un hombre siendo ya viejo? ¿Acaso puede, por segunda vez, entrar en el vientre de su madre y volver a nacer?”. Le respondió Jesús: “Yo te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne, es carne; lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tienen que renacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu”. 

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Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.
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Existen situaciones en las que nos desarrollamos junto con personas, con lugares, con cosas que por su cercanía y presencia constante los percibimos como ordinarios en nuestra vida, somos los últimos en reconocer su importancia o su grandeza, todo por el hecho de no tener la ocasión de autoevaluarnos constantemente a manera de examen de conciencia para reconocer lo que tenemos, lo que somos, lo que hacemos tanto bueno como malo.

Perdemos la capacidad de maravillarnos, de tal manera que por buena que sea una cosa aburre, cayendo en el tedio día a día y por ende mirar nuestra vida y la de los demás como una proyección y, sin ser conscientes permanecer muy vacíos.

Es por ello muy importante volver a mirar y redescubrir el valor de todo cuanto nos circunda, la vida, el aire, las flores, la familia, los amigos, los bienes que poseemos de tal manera que nuevamente, no dejemos de dar las gracias por todo ello. 

Jesús solicita nuestra atención para redescubrir la gracia, esa que gracias al pecado hemos perdido, pero que puede totalmente ser restaurada, ya que en Jesús mismo encontramos el camino de recuperación.

De tal manera que, hay que estar orgullosos de tener la oportunidad y capacidad de ver, escuchar, tratar y estar con Jesús diariamente, y por ello dichosos, la salud está a la mano, Jesús está a nuestro lado, de manera mejor no podemos aprovechar la situación, pero qué pena si no lo aprovechas, porque si no te alimentas teniendo el banquete a la mano, qué será cuando éste sea retirado, hasta las migajas desearemos encontrar confundidos y en necesidad espiritual, así cualquier falso Mesías nos podrá embaucar.

Aliméntate del Pan de Vida, de Jesús, prepararte para celebrar su nacimiento, para que te dispongas plenamente a recibir sus dones esta navidad, porque las migajas que otros te dan, inclusive con esos famosos regalos tan ansiados, nunca te llenarán.

“Fiesta de la Divina Misericordia”

“Fiesta de la Divina Misericordia”

Juan: 20, 19-31

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”. Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

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“La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia” (Diario, 300)

La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos … “y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia” (Diario, 723). En este mensaje, que Nuestro Señor nos ha hecho llegar por medio de Santa Faustina, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones… “porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil” (Diario, 742).

Con el fin de celebrar apropiadamente esta festividad, se recomienda rezar la Coronilla y la Novena a la Divina Misericordia; confesarse -para la cual es indispensable realizar primero un buen examen de conciencia-, y recibir la Santa Comunión el día de la Fiesta de la Divina Misericordia.

La esencia de la devoción se sintetiza en cinco puntos fundamentales:

1. Debemos confiar en la Misericordia del Señor.

Jesús, por medio de Sor Faustina nos dice: “Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en mi misericordia. Que se acerquen a ese mar de misericordia con gran confianza. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con mi paz divina”.

2. La confianza es la esencia, el alma de esta devoción y a la vez la condición para recibir gracias.

“Las gracias de mi misericordia se toman con un solo recipiente y este es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son mi gran consuelo y sobre ellas derramo todos los tesoros de mis gracias. Me alegro de que pidan mucho porque mi deseo es dar mucho, muchísimo. El alma que confía en mi misericordia es la más feliz, porque yo mismo tengo cuidado de ella. Ningún alma que ha invocado mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en mi bondad”.

3. La misericordia define nuestra actitud ante cada persona.

“Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia mí. Debes mostrar misericordia siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formar de ejercer misericordia: la primera es la acción; la segunda, la palabra; y la tercera, la oración. En estas tres formas se encierra la plenitud de la misericordia y es un testimonio indefectible del amor hacia mí. De este modo el alma alaba y adora mi misericordia”.

4. La actitud del amor activo hacia el prójimo es otra condición para recibir gracias.

“Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá mi misericordia en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

5. El Señor Jesús desea que sus devotos hagan por lo menos una obra de misericordia

al día.

“Debes saber, hija mía que mi Corazón es la misericordia misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre todo el mundo. Deseo que tu corazón sea la sede de mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre todo el mundo a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede marcharse sin confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas”.

La Santa Sede decreta día de la Divina Misericordia

Una propuesta de Santa Faustina Kowalska

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó el 23 de mayo del 2000 un decreto en el que se establece, por indicación de Juan Pablo II, la fiesta de la Divina Misericordia, que tendrá lugar el segundo domingo de Pascua. La denominación oficial de este día litúrgico será «segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia».

Ya el Papa lo había anunciado durante la canonización de Sor Faustina Kowalska, el 30 de abril: «En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros».

Sin embargo, el Papa no había escrito estas palabras, de modo que no aparecieron en la transcripción oficial de sus discursos de esa canonización.

Santa Faustina, que es conocida como la mensajera de la Divina Misericordia, recibió revelaciones místicas en las que Jesús le mostró su corazón, fuente de misericordia y le expresó su deseo de que se estableciera esta fiesta. El Papa le dedicó una de sus encíclicas a la Divina Misericordia («Dives in misericordia»).

Los apóstoles de la Divina Misericordia están integrados por sacerdotes, religiosos y laicos, unidos por el compromiso de vivir la misericordia en la relación con los hermanos, hacer conocer el misterio de la divina misericordia, e invocar la misericordia de Dios hacia los pecadores. Esta familia espiritual, aprobada en 1996, por la archidiócesis de Cracovia, está presente hoy en 29 países del mundo.

El decreto vaticano aclara que la liturgia del segundo domingo de Pascua y las lecturas del breviario seguirán siendo las que ya contemplaba el misal y el rito romano.

Fuente: aciprensa.com

“Llevar el anuncio”

“Llevar el anuncio”


Marcos: 16, 9-15

Habiendo resucitado al amanecer del primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había arrojado siete demonios. Ella fue a llevar la noticia a los discípulos, los cuales estaban llorando, agobiados por la tristeza; pero cuando la oyeron decir que estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.
Después de esto, se apareció en otra forma a dos discípulos, que iban de camino hacia una aldea. También ellos fueron a anunciarlo a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no les habían creído a los que lo habían visto resucitado. Jesús les dijo entonces: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura”.

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Una vez que la obra de la restauración de todo el género humano ha sido realizada por medio de la pasión muerte y resurrección de Jesús, el siguiente paso resulta más eficaz ya que la plataforma de la gracia ha sido implementada, por lo que ahora será más fácil transmitir la verdad que viene de Dios y que desea implantarse de raíz en cada ser humano para liberarse de las ataduras de la mentira así como la falta de conocimiento para vivir una vida más plena, completa y feliz.

Sin embargo, aunque la naturaleza humana ya haya sido restaurada, viene otra tarea que en su acción resulta un tanto difícil, porque la gran mayoría de las personas no está enterada de la resurrección y de todas las gracias que nos faltan, pero que ahora nos son devueltas, y para ella es necesario de manera urgente darlo a conocer.

Por ello la importancia de llevar el anuncio, que no quede en saco roto la obra de la redención – liberación, ahora sí, que todo mundo se entere, pero ese anuncio no basta con gritarlo a los cuatro vientos, ni de publicarlo en los medios que tenemos para comunicarnos. Es necesario darlo de una manera testimonial, es decir, con todo tu ser, de manera presencial, de modo que respalde con tu testimonio el mensaje de la buena nuevas, de esa noticia que vale la pena escuchar y retransmitir.

Por ello, lo duro está resuelto, el resto lo podemos hacer por dondequiera que pasemos por la vida y en cualquier momento, porque el testimonio habla mil veces mas que las palabras, y el esfuerzo es hacerlo, porque sabemos y porque podemos. Sobre todo no para quedar bien con nadie, sino contigo mismo y por ende, con Dios.

“Múltiples búsquedas”

“Múltiples búsquedas”

Juan: 21, 1-14

En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Cana de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “También nosotros vamos contigo”. Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.

Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿han pescado algo?” Ellos contestaron: “No”. Entonces él les dijo: “Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces”. Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados.


Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: “Es el Señor”. Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros.


Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: “Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar”. Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastro hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: “Vengan a almorzar”. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: `¿Quién eres?’, porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado.


Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.

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El Señor nuestro Dios, es un Dios celoso, pero no de aquellos celos enfermizos, sino de un amor que protege y que integra a cada ser de la creación con una preocupación que implica el cuidado y bienestar de todo y de todos, de manera dedicada y atenta.

Es por ello que de su parte, la búsqueda de tu persona es una constante que no se da en una sola ocasión ni en una sola oportunidad, sino que lo hará cuantas veces sea necesario y sobre todo cuando sabe que se están alejando aquellos a quienes ama profundamente, entre ellos tú.

Y lo hace no porque tenga necesidad de ti, o de tu adoración y reconocimiento, cuando en realidad es diametralmente opuesto el concepto en que nosotros somos los que necesitamos de Él, aunque nos sintamos autónomos y autosuficientes, cuando olvidamos que hasta del aire dependemos. Lo hace por la sencilla razón de que te ama.

La muestra es clara cuando Jesús visita a los suyos, en esta ocasión por tercera vez y las que sean necesarias para rescatarlos e impulsarlos para la misión que han sido en ese tiempo capacitados.

Al igual, Jesús hará múltiples búsquedas de ti, porque le interesas y desea que cumplas la  única misión que te tiene encomendada ahí donde estás, por ello, no se te haga raro si directa o indirecta, si a través de personas o de signos te estará buscando hasta que seamos conscientes de que no deja de estar a nuestro lado y nosotros de igual manera lo busquemos y veamos.

¿Por qué surgen dudas en su interior?

¿Por qué surgen dudas en su interior?

Lucas 24, 35-48

Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.


Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo: “No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo”. Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?” Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.


Después les dijo: “Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.


Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto”.

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Ya en nuestros días es muy común dudar de todo, con eso de que tenemos millones de datos informativos al alcance de la mano con el internet, sin previa formación y un juicio bien educado y establecido, resulta confuso todo cuanto se nos presenta por todos los medios, que directa o indirectamente están a nuestro alrededor, y con los que sin un sabio discernimiento repercute en nuestro modo de vivir así como de pensar.

Y es que se sigue usando la técnica de la serpiente ante Adán y Eva, es decir, confundirlos mezclando una porción de verdad con otro gran tanto de mentiras y contradicciones, por ello nos resulta tan obvio tantas dudas en nuestro interior.

Lo malo es cuando ante la constante saturación de dudas nos sobreviene un auto sabotaje que ante toda acción y situación de vida por más buena que ésta sea, incluso personal y familiar, tenemos que flagelarnos con dudas si lo que hacemos o lo que hacen los demás está bien, surgen las inseguridades y los miedos actuando de manera equivoca. 

Tan equivoco es el ambiente que no somos conscientes de la auto protección natural para defendernos de aquello que nos va matando poco a poco, no tan solo en los alimentos, sino en las actitudes tóxicas en las insanas relaciones que se van dando en nuestra cultura y ambiente, que a e estas alturas nos parece lo más normal del mundo.

Si la duda es para aclararla y afianzar la verdad, es buena, pero si es para enfatizar y acentuar un mal y el dolor, no es muy provechosa que digamos, sino todo lo contrario. Por ello ante la duda, disiparla con la verdad, pero no con aquella que nos dice la serpiente, sino con la que viene del Hijo de Dios.

“Iban huyendo”

“Iban huyendo”

Lucas 24, 13-35

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.


Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: “¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?”


Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?” Él les preguntó: “¿Qué cosa?” Ellos le respondieron: “Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, ¡y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Alguno de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron”.


Entonces Jesús les dijo: “¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?” Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.


Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer”. Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: “¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!”


Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: “De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón”.
Entonces ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

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Es de lo más común la reacción nata e instintiva de protegernos ante un peligro que sepamos atente contra nuestra integridad o ante algo malo e inminente. Instinto que nace para protección y, aunque sea muy propio de los animales, sin embargo no deja de prevalecer en nosotros. 

Es por ello que ante la muerte de Jesús y la amenaza contra todos los discípulos que le amaban, hace que huyan de Jerusalén con el temor a todo lo que da, con la mente obsesionada por el dolor que no da pie a reflexionar aquellos aspectos de la resurrección ya supuestamente asimilados porque les fueron comunicados por el mismo Jesús con bastante anterioridad. 

Sin embargo Jesús nos regala en esta escena un regalo que aclara todo cuanto nos rodea y acontece, es un enfatizar en la importancia de la Eucaristía, ya que se nos narra que en la misma fracción del pan recibieron toda la fortaleza, fue evidente y fue eficaz la presencia del mismo Señor, que hasta ese momento no lo habían identificado. 

Es entonces cuando pierden todos los miedos y regresan llenos de alegría a Jerusalén, para reencontrarse con los suyos, con su nueva familia en la fe, alimentando la esperanza y confirmando el ser testigos de la resurrección.

Ejemplo claro para nosotros. Deseamos reconocer al Señor que va a nuestro lado, la Eucaristía se encarga de ello; basta con acercarnos a recibir el alimento de su palabra y de su Cuerpo junto con su Sangre y el resto lo hace eficaz el Señor. Y no sólo le verás a Él, sino que además será claro el panorama que nos rodea para manejarlo y administrarlo sabiamente, sobre todo con alegría y esperanza, sin huir de los que nos tiene cansados o asustados.

“Falta de fe, sufrimiento mayor”

“Falta de fe, sufrimiento mayor”

Juan 20, 11-18

El día de la resurrección, María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: “¿Por qué estás llorando, mujer?” Ella les contestó: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto”.
Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: “Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?” Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: “Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto”. Jesús le dijo: “¡María!” Ella se volvió y exclamó: “¡Rabuní!”, que en hebreo significa ‘maestro’. Jesús le dijo: “Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios’ “.
María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.

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Una de las facultades que otorga la fe entre otras más, es la fortaleza, la serenidad y la paz interior que se refleja en todo cuanto hacemos y lo que nos acontece, ya que cuando ésta falta, quedamos totalmente expuestos y vulnerables a que cualquier mínimo dolor o sufrimiento lo maximicemos ya que nuestra sensibilidad está muy deteriorada por no afianzar nuestros valores y creencias.

Hoy en día, en un mundo que vive en una cultura acelerada, es muy natural que todo mundo esté cansado por todo, y si además estamos resentidos o dolidos por alguna insatisfacción en la vida, se da el detonante perfecto para estallar y colgarnos de cuantos problemas reales o no y que nos proponen en los medios noticiosos para engancharnos y estar reactivos de una manera muy envenenadamente negativa.

El contexto en el que se narran los sucesos posteriores al momento de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, es de dolor, de miedo, de angustia y de escepticismo, es decir, de falta de fe. Ante estas circunstancias lo que domina es el temor y la mente se nubla como protección para cuidar la vida, sobre todo cuando se está en peligro, si a eso le aumentamos una fe que aún no ma madurado, se olvida por completo dominando el sufrimiento.

Jesús lo que hace es precisamente reforzar esa fe para que por el miedo no se pierda toda la labor hasta el momento realizada y que deberá seguir en ascenso, es necesario conocer más nuestra fe y reforzarla, ya que así será más fácil manejar cualquier situación que se nos presente y nos dará luz, proyectando esos dones que vienen adjuntos con la misma.

De esa manera podremos dar un anuncio gozoso de resurrección y no un marcado ambiente de muerte y de dolor como lo estaba viviendo María Magdalena, la cual estaba enfatizando su sufrimiento y lo estaba alimentando. Hay que fortalecer la fe para manifestar lo mejor de cada situación sea cual fuere, incluso la muerte, y eso se puede siempre conociendo mejor a Jesús.

“Allá me verán”

“Allá me verán”

Mateo: 28, 8-15

Después de escuchar las palabras del ángel, las mujeres se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: “No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán”.
Mientras las mujeres iban de camino, algunos soldados de la guardia fueron a la ciudad y dieron parte a los sumos sacerdotes de todo lo ocurrido. Éstos se reunieron con los ancianos, y juntos acordaron dar una fuerte suma de dinero a los soldados, con estas instrucciones: “Digan: ‘Durante la noche, estando nosotros dormidos, llegaron sus discípulos y se robaron el cuerpo’. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos arreglaremos con él y les evitaremos cualquier complicación”.
Ellos tomaron el dinero y actuaron conforme a las instrucciones recibidas. Esta versión de los soldados se ha ido difundiendo entre los judíos hasta el día de hoy.

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Iniciando este tiempo especial de gracias de la Pascua de Resurrección, nosotros junto con la Iglesia nos alegramos porque una vez más se nos invita a recordad que “Cristo vive”, “Cristo ha resucitado”, lo cual debe de llenarnos de inmensa alegría, al saber que todas las promesas de la liberación del mal y de la muerte, se han hecho realidad y ahora nosotros somos los beneficiarios actuales de tan gran don.

Precisamente uno de los mandatos del señor es ser testigos de su resurrección, así como llevar la buena nueva a todas las naciones, por lo que es explícitamente necesario darlo a conocer, pero no en un ámbito de información, sino de transformación de corazones para que lleguen al gozo que da el saber que hemos sido restaurados en nuestra naturaleza derruida por el pecado y que ahora somos herederos de la gloria eterna.

Sin embargo se nos invita a ir en busca de Jesús, no basta sólo el saber que ha resucitado, hay que tomar la iniciativa e ir a su encuentro, como un acto de interés y disponibilidad de nuestra parte, por eso a sus discípulos les dice que salgan de su encierro y de sus miedos, que vayan a Galilea, ahí donde algunos fueron llamados y fueron testigos de sus milagros para reforzarlos y encontrarse con ellos, lejos de ese entorno de dolor y de muerte.

Al igual nosotros debemos de dejar nuestros lugares cómodos y salir de esos letargos de enajenación que nos mantienen apáticos y engañados, la felicidad es activa y se busca, no depende de lo que los otros te den, sino de lo que tu recibas y desees compartir.

Por eso hay que salir, porque allá lo veremos al Señor, se dejará encontrar en la oración, en los sacramentos, en la caridad y el encuentro con los hermanos, en su Palabra y sobre todo en su Eucaristía, en la que por obra del Espíritu Santo se hace presente para entregarse a nosotros en alimento y dejarnos transformar por Él.

Tan sólo falta ir allá donde lo veremos.