“Anímate a pedir”

“Anímate a pedir”

Juan 16,23b-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre.»

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Muy acostumbrados estamos a por nuestros propios méritos y esfuerzos obtener aquello que deseamos, o en su defecto, directamente pedirlos a quien materialmente puede proporcionar aquello que solicitamos de manera certera y segura, como el pedido es demandado.

Esto hace que nos volvamos unos desesperados inmediatistas, ya que posteriormente todo lo queremos al instante, olvidando la espera que ello merece sin mayor aspaviento, y si no llega ipso facto, perdemos el interés rechazando lo pedido, con una negación radical.

Es en este esquema en el que el mundo está entrando, ya no somos capaces de animarnos a pedir a Dios, porque no sabemos esperar, pero vale la pena arriesgarnos, porque en el mismo pedir, incluye el proceso de transformación de tu mente y corazón, mientras llega lo solicitado, porque Dios prepara para que lo que te va a regalar llegue y tenga un efecto total en tu vida y en la de los tuyos, por ello prepara el terreno y no te extrañen los cambios que se den, porque así serán de mayor provecho.

Anímate a pedir, no tengas temor de que te pida el Creador algo a cambio, porque si lo hace, será para tu propio beneficio, aunque sin la experiencia de ello, parecerá absurdo, sin embargo no lo será sino hasta que veamos la diferencia, con la que entenderemos la razón de la preparación para el regalo recibido.

“La Visitación”

“La Visitación”

Lucas 1, 39-45 

Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Jada; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: —«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

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No dejamos de remarcar cómo la gracia de Dios transforma a la persona, uno de los efectos de la misma, además de la alegría y el gozo de lo divino, implica el compromiso y el servicio.

Dentro de una espiritualidad es imposible que tan sólo se de la experiencia de Dios en lo personal y secreto, quedando sin acción más que la propia sentimental. Entonces podría ser un auto engaño de meditación emocional.

María demuestra esa prontitud al servicio no por conveniencia, sino por moción espiritual que requiere afianzarse con los hechos en medio de una auto donación dada con amor y caridad. 

Hay que tener en cuenta que de igual manera implica la voluntad de hacer esa gracia de Dios eficaz, ya que no es tan sólo una acción divina en nosotros, sino una respuesta a su amor.

La escena de la Visitación de María Santísima a su Prima Isabel, no deja de ser un ejemplo claro de la expansión y del compartir de las bendiciones de Dios que se esparcen radialmente, porque su salvación no es estática, sino dinámica y eficaz.

“Miedos tempranos”

“Miedos tempranos”

Juan 16,16-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver.»

Comentaron entonces algunos discípulos: «¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”, y eso de “me voy con el Padre”?»

Y se preguntaban: «¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice.»

Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: “Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”? Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.»

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Es ya una adicción el apegarnos a lo mucho o poco que tenemos al momento, ya sean personas, situaciones o cosas, la esperanza se vuelve frágil, ya que solemos depositar nuestra total confianza en ellos, a tal grado que no toleramos ni tan sólo un poco, el  dialogar la más mínima posibilidad de perderlos, porque desmorona nuestra estabilidad.

Esto hace que vivamos llenos de miedos tempranos, típicos de una persona codependiente de aquello que lo ha convertido en su soporte y estabilidad vital. Y aunque la realidad pinte otra situación, o en su defecto, no se den las cosas como nuestro temor lo dicta, sufrimos las pérdidas de una manera tan crónica y real, aunque no estemos perdiendo nada.

Situación que les aconteció a los discípulos de Jesús, puesto que estaban en la plenitud de la estabilidad y relación cercana con Él, de una manera tan agradable que no deseaban que eso cambiara, convirtiéndose sus inseguridades y temores en una disputa  en la que se pusieron a discutir sin entenderla, hasta que Jesús les habla de manera clara y sin miedo a la verdad que esclarece todo.

De igual manera, debemos de no temer a la verdad, ya que esos miedos tempranos opacan la razón, sin entender, ni vivir el presente, deteriorando la realidad, cuando no hay necesidad mientras no llegue lo que suponemos será un temor; cuando llegue, entonces nos preocuparemos, mientras tanto para que sufrir los miedos tempranos que carecen de existencia, porque no dejan de ser fantasmas irreales y surrealistas de nuestra propia mente e inseguridad.

“Aconsejar en sano”

“Aconsejar en sano”

Juan 16,12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que toma de lo mío y os lo anunciará.»

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En más de una ocasión solemos por la cercanía que tenemos en base a la amistad o el conocimiento de la otra persona, solicitar o brindar un consejo, sobre todo cuando atravesamos por circunstancias adversas o indecisas en las que necesitamos una segunda opinión además de la propia.

Cuando se pide dicho consejo, nos convertimos en responsables de las palabras que emitamos hacia la otra persona, por el simple hecho de que está receptiva a lo que le vayamos a comunicar y lo más probable es que lo hará suyo.

Por ello es muy importante saber que aquello que aconsejemos, debe de estar basado en la verdad y en el sentido común. Ya que solemos impregnar el consejo con la propia experiencia tal como lo imaginamos o cómo tenemos experiencia, y a veces dicho consejo va empapado de nuestros propios problemas, entonces el consejo ya no es sano.

Sin embargo, cuando permitimos cultivarnos en la oración y dejamos que el mismo Espíritu Santo inunde toda nuestra existencia, otorga la sabiduría asistente para cada circunstancia de la vida, ilumina de tal manera que, sobre todo busque el mejor fin y la mejor solución para crecimiento de todos, además de procurar con la misma situación santificarnos.

La mejor manera de aconsejar en sano es en base a la verdad y en base al Santo Espíritu, para no impactar a la persona con mis propios errores.

“Cuando venga el Espíritu…”

“Cuando venga el Espíritu…”

Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. El me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará».

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El plan de Dios no se nos da de manera única y en una sola ocasión, sino que se va desarrollando en todo momento mientras tengamos esta vida, se va manifestando paso a paso de manera asimilable, pero no es para que se interprete libremente, sino que es muy preciso y concreto.

Es por ello muy importante poner atención a los designios particulares de Dios en tu vida, pero sobre todo para no caminar despistados en nuestro propio mundo, Dios nos ilumina enviando generosamente su Santo Espíritu que es quien pondrá en orden cada paso que demos sin errar.

No significa que tengamos una dependencia manipulada de parte de Dios, sino que es en realidad una ayuda que complementa lo ya regalado en nuestra propia vida, pero de una manera certera, a tal grado de ubicarnos ante el mundo y ubicarnos ante Dios.

De esa manera con todo nuestro ser y obrar glorificaremos a Dios en todo lo que hagamos, porque el medio y el soporte para ello será el Espíritu Santo. Cosa necesaria será esperarlo, será disponernos a recibirlo, será abrir nuestra mente y corazón porque entonces todo se plenificará cuando venga el Espíritu Santo o en su defecto, cuando lo hagas parte libre y consciente en tu vida.

“Esperar al Defensor”

“Esperar al Defensor”

Juan 15,26–16,4a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho.»

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En un mundo donde se nos ha invadido con la idea de super héroes, hadas, magia y hasta brujería, ya todo problema deseamos que lo resuelva un super héroe ó se solucione por arte de magia, sin hacer ninguna intervención personal para no molestarnos ni fatigarnos.

Sin embargo olvidamos que Dios nos ha otorgado todas las capacidades y dones para poder hacerlo desde nuestra propia iniciativa. Aquí es donde debemos de saber esperar al verdadero defensor, es decir, al Espíritu Santo, que nos llena de todas las gracias, su paz, su inteligencia, su sabiduría y su fortaleza que nos acompaña siempre ante cualquier contingencia.

Pero cuando lo desconocemos, claro que vemos nuestra vulnerabilidad y ante la impotencia de vernos solos y no conocer al amor del Padre, confundimos las cosas y hasta pensamos que dando muerte se le agrada a Dios, ideas compulsivas, totalmente desviadas y enfermas que necesitan la luz que da su Santo Espíritu. 

Todo lo podemos con su santa ayuda, por ello, conscientes de que se nos envía el Consolador, el Paráclito, el Defensor, hay que disponernos a recibirlo. Se dispone con oración, actitud abierta y receptiva a los dones de Dios. Pídelo aunque no lo necesites ahora, porque la fortaleza se necesita siempre y su sabiduría no se diga, esa a cada momento.

“Corazón igual a mente”

“Corazón igual a mente”

Juan 14,23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado.” Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»

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Por lo general nos encontramos con una identificación acerca de los sentimientos con el corazón, como si surgieran del mismo, cuando en realidad, nuestro cerebro es quien administra y activa todos los órganos de nuestro cuerpo, haciéndolos reaccionar según la motivación se de en el momento.

Por ello siempre se habla de cambiar el corazón, ya que reacciona ante todo sentimiento por los estímulos electro químicos de nuestro sistema nervioso cenbtral. La realidad es que lo que debemos cambiar es nuestra propia mente que es la que domina y ordena.

La cuestión radica en que se nos invita a amar y a no perder la paz, pero si nuestra propia mente está saturada de ideas, preocupaciones, corajes o aquello que la obsesiona, resulta imposible dejar lugar para estos dones, por lo que se requiere una intervención racional, consciente y directa para extirpar aquello que nos estorba y daña, que en su momento se ha establecido en ella como si fuera lo ordinario y, que por ende empapa toda la actividad de nuestro día así como las propias relaciones interpersonales.

El hecho es, que se nos promete el Espíritu Santo, pero para ello es necesario disponer todo nuestro ser para recibirlo, especialmente a descartar todo lo que le impide su pleno desarrollo en nuestro ser como lo es todo lo que nos da la infelicidad, es decir las malas acciones que proceden de una mente que se va enfermando malamente de poco a poco.

Por ello para recibirlo plenamente, ese corazón, es decir, nuestra mente, debe dejarse sanar por los Dones del Espíritu Santo, para que cuando llegue, plenifique toda buena acción y nos ayude a desterrar todo lo malo que nos lleva incluso a la muerte.

Se nos promete un Espíritu en plenitud, prepara tu corazón, prepara tu mente.

“Odio que confirma amor”

“Odio que confirma amor”

Juan: 15, 18-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si el mundo los odia, sepan que me ha odiado a mí antes que a ustedes. Si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya; pero el mundo los odia porque no son del mundo, pues al elegirlos, yo los he separado del mundo.
Acuérdense de lo que les dije: ‘El siervo no es superior a su señor’. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán, y el caso que han hecho de mis palabras lo harán de las de ustedes. Todo esto se lo van a hacer por mi causa, pues no conocen a aquel que me envió”.

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Qué pena es saber que existe una realidad mayor detrás de cada uno de nuestros temores, odios, así como envidias y críticas; porque cuando hacemos alguna de las anteriores acciones o en su defecto somos su blanco a distancia de ello, brota un origen con una realidad por lo general opuesta y, es que un odio o un rechazo está dando demasiada importancia a la otra persona o a sus acciones, por lo general por una frustración ya sea en la relación personal o en el amor que se le tiene y se invierte para ocultar dicho sentimiento.

Se me viene a la mente al respecto parte de una canción que se llama “Odiame” del Autor Julio Jaramillo, ya que en parte de su letra afirma: 

“Odiame por piedad yo te lo pido
odiame sin medida ni clemencia
odio quiero mas que indiferencia por que
el rencor quiere menos que el olvido

Si tu me odias quedare yo convencido,
de que me amaste mi bien con insistencia.
Pero ten presente, de acuerdo a la experiencia
que tan sólo se odia lo querido.

Podríamos pensar que no tiene que ver nada la letra con esta meditación, pero habla de una realidad, y me atrevo a afirmarla como complemento a este evangelio, porque hasta el demonio mismo odia a quien previamente amó y vivió en la eternidad con el Padre amoroso, creador de todo cuanto existe, ya que Dios a su vez al maligno no lo odia porque no odia su creación, la sigue amando aunque no se le corresponda en el amor, pero el odio lo confirma.

Por ello, si odias, no dejas de manifestar un amor que desea seguir amando, pero como no te lo permites, sufres y lo manifiestas molesto, cansado a través el medio más común que es el odio y la frustración.

“Mandatos que nos convienen”

“Mandatos que nos convienen”

Juan: 15, 12-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.
No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros”.

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Por lo general tenemos una reacción instantánea cuando se nos manda realizar algo de manera imperativa y, en buena parte ésta es de rechazo, todo por algo de orgullo al no permitir que los demás manden o dominen sobre nosotros; aunque de igual manera por el contrario existen personas con una codependencia total, a tal grado de que no hacen nada si no son movidos, ya sea por temor a equivocarse o por que de plano dependen de que les den las propuestas a realizar ya resueltas y digeridas.

Sin embargo la mayoría de las veces no contemplamos usar la tregua, es decir, tomar de una manera no abusiva sino recíproca, en la que tomamos acuerdos que nos benefician a ambas partes tratadas, y es que, sabiendo entender el mandato del amor, habrá que descubrir que no se limita tan sólo a los afectos, sino a todo lo que compete a toda relación humana sana y prolifera.

Es por ello que nos conviene el mandato del amor porque aún sin que se den los apegos afectivos, las relaciones humanas llegan a tratarse en lo que cabe en toda su dignidad y respeto.

Pero si a ello le agregamos ese amor afable, ese amor desinteresado, las relaciones se fortalecerán a un grado que rebasaría la misma confianza, que al final es la intención de la instauración de los valores del Reino de Dios, Por ello esos mandatos nos convienen porque todos, salimos ganando sin necesidad de percibirlos como impositivos y adversos, quien no los aplica, sufrirá la ignominia de caminar solo con lo que la limitada relación le de a conocer, ante el mar desconocido que hay detrás de cada persona.

“Alegría plena”

“Alegría plena”

Juan: 15, 9-11

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena”.

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Cada día se nos presentan nuevas maneras y formas de adquirir alegría, algunas son prefabricadas y muy caras como lo son todas aquellas que se promueven como una adición a tu ser que cambiará tu vida. Se nos ofrece todo lo material posible como lo único que provee esa felicidad y alegría.

Algunas de las situaciones que promueven es hacerte sentir una persona fea e inapropiada, poniendo modelos prefabricados como “perfectos”, para que supuestamente sientas la alegría de parecerte a esas personas rechazando tu propia identidad y modificando a veces para empeorar con el tiempo tu condición física alterando tu propia naturaleza.

Otras maneras de engancharte es con el engaño de que teniendo lo último en bienes materiales, predispondrán a la felicidad, pero es falso, porque eso dará satisfactores circunstanciales en el tiempo, pero al final quedando mayormente solos y más vacíos que antes de obtenerlos.

Olvidamos que la verdadera felicidad no está en las cosas, sino en la propia persona, en tu mente y en tu corazón, nadie puede modificarlo si tú no lo permites, y el Señor prepara todo para que de una manera connatural y gratuita llegues a obtener esa felicidad cada vez en un grado mayor por medio de sus dones y gracias.

La receta es muy practica, sencilla y clara: Seguir los mandamientos como guía preventiva de todo aquello que nos hace infelices, cuidándonos de eso que daña, descubriremos esa alegría plena que da el Señor, para ti y para cuanta persona se acerque a tu vida.