“Alimento chatarra”

“Alimento chatarra”

Juan: 6, 35-40

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. Pero como ya les he dicho: me han visto y no creen. Todo aquel que me da el Padre viene hacia mí; y al que viene a mí yo no lo echaré fuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

Y la voluntad del que me envió es que yo no pierda nada de lo que Él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. La voluntad de mi Padre consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y yo lo resucite en el último día”.

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Dentro de la cultura de lo rápido se ha cambiado todo el ritmo de la vida de las personas,  elevando el nivel se estrés y la poca asimilación de la información que se le brinda, no tan sólo en las comunicaciones o el transporte, sino también en la alimentación con sus respectivas y necesarias consecuencias.

De hecho no llevar un buen plan alimenticio repercute en la salud, reconociéndolo como parte integral de nuestro plan de enfermedades, como si se esperaran y fuera lo más normal, o al menos eso nos hacen creer, pero la diferencia la encontramos cuando nuestras comidas son sanas y a su tiempo, el cuerpo que es generoso responde inmediatamente con salud. 

Siguiendo con ese patrón de igual manera repercute y brota inconscientemente el no nutrir nuestra vida espiritual, justificamos que no hay tiempos para ir a dar gracias a Dios el día del Señor, es decir, el domingo, y lo permutamos por una mención recordatoria hacia Dios a veces con una ligera oración acallando el hambre y la conciencia.

Pero el hambre sigue para luego intentar saciarla no con oración, sino con distractores que generan adicción como la tele, los eventos deportivos, las relaciones sociales, el uso de redes y hasta información morbosa que no sacia pero si pide cada vez más.

Cuando un alma está saciada no pide nada más, y basta con participar como mínimo de la Eucaristía dominical porque grande es su efecto, sobre todo cuando se comulga, pero si lo intentamos suplir por esa falsa alimentación chatarra siempre andaremos frágiles y vulnerables a recibir y alimentarios de lo primero que nos presenten. Solo el Señor sacia, el resto es chatarra, claro hablando de aquello de lo que alimentamos el alma.

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