“La condena es opcional”

“La condena es opcional”

Juan: 12, 44-50

En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas.
Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.
El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho”.

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No nos es raro el hecho de que en algún momento de la vida nos hayan presentado un Dios Todopoderoso y colérico al que debemos en su momento tenerle miedo, sobre todo cuando se nos remarca tan insistentemente aquello de la condenación y el castigo merecido por nuestros pecados.

Habrá quien lo tome muy en serio y a pecho, pero habrá muchos otros que les importa un comino lo que suceda o, que no crean en lo absoluto en este hecho. Pero independientemente de eso, existe una realidad mayor que no es comprensible porque no se profundiza en el misterio de Dios y de la salvación, que en realidad vendrá con mayor razón a ser incomprehensible y a convertirse en un misterio total de verdad, no porque lo sea, porque puede ser profundizado, sino porque se permanece en la ignorancia de su existencia y contenido.

Esa realidad es, que ante un juicio ya dado por Dios, como sentencia se ha dictado vivir en el amor, en un camino hacia la salvación que amando se lleva sin dificultad y hasta agradablemente. Más sin embargo, tenemos la libertad de elegir una opción no tan sana, que consiste en apartarnos del amor de Dios, viviendo en la oscuridad de su luz. 

Aquí es cuando entonces optamos por la condena, y no porque Dios la dicte, sino porque nosotros la deseamos al no amar, al rechazar a Dios mismo y la sentencia pues será todo lo contrario al amor con sus subsecuentes consecuencias, que no creo puedan ser agradables aunque se pinten de intenso placer en todos los aspectos de la vida.

Así que si no optas por Dios, Dios no te condena, tu mismo te estás auto condenando porque no hay otra elección distinta al amor, sino el desamor que se suele destinar como fin último, aunque en ésta vida, siempre tendremos la oportunidad de volver a la luz. Por ello no dejemos de orar por todos aquellos que su elección no ha sido certera y que han optado por su propia condena.

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