“Dignidad Ecuánime”

“Dignidad Ecuánime”

Juan: 13, 16-20

En aquel tiempo, después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro: el sirviente no es más importante que su amo, ni el enviado es mayor que quien lo envía. Si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos.
No lo digo por todos ustedes, porque yo sé a quiénes he escogido. Pero esto es para que se cumpla el pasaje de la Escritura, que dice: El que comparte mi pan me ha traicionado. Les digo esto ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo Soy.
Yo les aseguro: el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”.

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Una realidad de la filosofía divina que conlleva el Reino de Dios, consiste en la recuperación de la propia dignidad de hijos de Dios, aquella que desde los inicios del tiempo se nos ha otorgado en igualdad de derechos y sin distinciones sexistas, que no se habrá de confundir con los roles de género en los que se desarrolla la dignidad de la persona en toda su plenitud al tener labores especificas que sutilmente adornan su ser.

Esa dignidad ya inicia a recuperarse con el mismo Jesús, el cual con su encarnación, siendo Dios, restaura nuestra propia naturaleza humana en su propio ser, pero también pretende restaurarla en nuestra viciada concepción de la persona, que por las circunstancias de las culturas se ha distanciado de esa realidad original y degradada en algunos aspectos, tornándose en una situación clasista y hasta de falta de caridad.

Testimonio de dignidad para no sentirnos ni menos ni más ante nadie, lo ha hecho Jesús, al sin escrúpulos y con toda la naturalidad del mundo, demostrar que esos tabúes clasistas no son en realidad tan importantes ya que nos comparte una dignidad ecuánime,  al lavarles los pies, que aunque se tengan cargos y roles diferenciados por las propias responsabilidades ante los demás, no les imprime mayor dignidad, que no sea la de un trabajo y un servicio bien hecho en cualquiera de sus vertientes.

Es por ello que no debemos de engañarnos ni minusvalorarnos o por el contrario exagerar la autoestima, ya que en ambos casos la dignidad no deja se ser la misma, ya que es ecuánime a cualquier ser que se diga humano, además de ser la mayor aspiración como personas que podemos desarrollar. No te rebajes sintiéndote más, o menos, porque lo más digno se da en reconocerte partícipe de la misma junto con los demás, sin perder tu identidad y particularidad.

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