“Corazón igual a mente”

“Corazón igual a mente”

Juan 14,23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado.” Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»

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Por lo general nos encontramos con una identificación acerca de los sentimientos con el corazón, como si surgieran del mismo, cuando en realidad, nuestro cerebro es quien administra y activa todos los órganos de nuestro cuerpo, haciéndolos reaccionar según la motivación se de en el momento.

Por ello siempre se habla de cambiar el corazón, ya que reacciona ante todo sentimiento por los estímulos electro químicos de nuestro sistema nervioso cenbtral. La realidad es que lo que debemos cambiar es nuestra propia mente que es la que domina y ordena.

La cuestión radica en que se nos invita a amar y a no perder la paz, pero si nuestra propia mente está saturada de ideas, preocupaciones, corajes o aquello que la obsesiona, resulta imposible dejar lugar para estos dones, por lo que se requiere una intervención racional, consciente y directa para extirpar aquello que nos estorba y daña, que en su momento se ha establecido en ella como si fuera lo ordinario y, que por ende empapa toda la actividad de nuestro día así como las propias relaciones interpersonales.

El hecho es, que se nos promete el Espíritu Santo, pero para ello es necesario disponer todo nuestro ser para recibirlo, especialmente a descartar todo lo que le impide su pleno desarrollo en nuestro ser como lo es todo lo que nos da la infelicidad, es decir las malas acciones que proceden de una mente que se va enfermando malamente de poco a poco.

Por ello para recibirlo plenamente, ese corazón, es decir, nuestra mente, debe dejarse sanar por los Dones del Espíritu Santo, para que cuando llegue, plenifique toda buena acción y nos ayude a desterrar todo lo malo que nos lleva incluso a la muerte.

Se nos promete un Espíritu en plenitud, prepara tu corazón, prepara tu mente.

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