“Desamparados”

“Desamparados”

Mateo: 9, 32-38

En aquel tiempo, llevaron ante Jesús a un hombre mudo, que estaba poseído por el demonio. Jesús expulsó al demonio y el mudo habló. La multitud, maravillada, decía: “Nunca se había visto nada semejante en Israel”. Pero los fariseos decían: “Expulsa a los demonios por autoridad del príncipe de los demonios”.
Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.

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Mientras vamos por la vida, como una reacción natural buscamos sentirnos seguros, aceptados, amparados, protegidos, entre otras necesidades que suplen nuestra autoestima y superación personal. 

Sin embargo nos encontramos en un mundo oportunista que sabiendo nuestras necesidades, las acentúa para posteriormente lucrar con ellas, haciéndote sentir una falsa seguridad y una falsa aceptación según los cánones que te presenta, de una manera económica para amarrarnos en los negocios y depender de sus productos, ya sean de belleza, de modas, de autos, casas, o en la apariencia física externa. Para todas esas carencias te proponen una solución a muy buen precio.

Sin embargo la realidad nos dice a toda costa que las personas aún pagando todo eso, se siguen sintiendo insatisfechas e inseguras, y es que en realidad seguimos desamparados porque no se está supliendo la principal seguridad que es la que sostiene el alma y no tan sólo lo físico, seguimos extenuados en la búsqueda cuando la solución está más cercana de lo que pensamos.

Para lo físico, comiendo sano y haciendo un buen ejercicio moderado basta para que el mismo cuerpo responda generosamente con salud y a su vez con belleza; pero si no alimentamos el alma, seguiremos mirándonos tristes y desamparados, como el mismo Jesús lo dice, “como ovejas sin pastor”, lo malo es que nos encanta ira así por la vida, ya que el premio de consolación es que hay miles igual que nosotros de desamparados y  que siguen alimentando el desamparo.

Tan bella que es la vida cuando la podemos vivir en todo su potencial, ya que Dios nos otorga los dones necesarios para ello, pero hay que pedirlos, y si el orgullo domina, resulta imposible pedir y dar gracias. 

Hay que salir del desamparo, tener un Guía, y ese es el Señor, para caminar seguros y felices, sin la incertidumbre de la inconsciencia al caminar, que nos hace caer y no levantarnos.

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