“Sin complicaciones”

“Sin complicaciones”

Mateo: 11, 25-27

En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

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Es ya una tradición milenaria el hecho mismo de cada pensamiento hacerlo casi inaccesible y enteramente complicado, no porque lo sea en sí mismo, sino porque le imprimimos nuestro sello particular, tan complejo como enredada hemos hecho nuestra propia vida.

Los conceptos divinos son tan simples y sencillos que no se necesita una mayor explicación, incluso Dios mismo es un Espíritu simple, único y eterno, los que no lo entendemos somos nosotros, ya que los enredos que tenemos inconclusos en nuestra propia mente los proyectamos en todo lo que conceptuamos y, para entenderlos, por más simples que sean, tenemos primero que salir de nuestra propia maraña retorcida de ideas  aprendidas y condicionadas de las que estamos presos.

Es como una operación simple de matemáticas, en donde preguntamos el resultado de  la multiplicación de cinco por ocho, donde el simple resultado resulta en cuarenta; pero nuestros propios enredos nos hacen dudar, negarlo, replantearlo y auto convencer a nuestra cabecita inestable de que 3 mas 5 entre dos por 10, elevado a la segunda potencia, luego eliminando tres cuartas partes y dividiéndolo entre 10 nos da el mismo resultado que 5 X 8, es decir cuarenta, pero esas complicaciones que las usamos para hacernos los interesantes se gritan a los cuatro vientos sembrando su propia confusión, para que los más débiles y sencillos se confundan y lo acepten en su incapacidad natural de no comprender una lógica ilógica de quien así lo presenta.

Que bueno que al Padre le ha parecido bien moverse entre lo sencillo, y qué pena que la misma gente se auto complique la existencia. Si tuvieran paz, serenidad y un amor aceptado en toda su plenitud no se andarían con tantos enredos y complicaciones.

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