“Actitud, bendiciones…”

“Actitud, bendiciones…”

Lucas: 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”.
El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”.

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Es un hecho muy claro el que sepamos que la caridad no se programa, ni se proclama, ni se anuncia, simplemente se hace en el momento necesario, sin buscar testigos que aplaudan por nuestras obras, o las publiquen en los medios como si fuéramos héroes. En éste punto ya no se llama caridad, se llama crear falsas imágenes de lo que no se es.

La actitud es muy importante, y esa no se puede predeterminar según la ocasión, porque entonces nos convertiríamos en muy buenos actores, pero sin la recompensa que merecería una postura natural y auténtica. 

Abraham y Sara en el libro del Génesis nos revelan la actitud que tomaban ante los forasteros en el desierto, conocedores de la dureza del entorno, disponen de lo suyo y lo comparten, certificando sin buscarlo su excelente hospitalidad. La cuestión no es lo que hacen, sino la actitud que revela su buen corazón, porque nosotros podríamos hacer una obra buena pero de mala gana, en la que al final no se plenifica la intención. 

Actitudes que atraen las bendiciones de Dios, como el caso de Abraham y Sara que reciben la bendición de un hijo tan deseado y esperado. 

Por ello Jesús corrige a Marta, muerta de cansancio por las labores domesticas, muy trabajadora, tanto que utiliza su labor para echarla en cara de su hermana, muy bien hecho su trabajo, pero con una actitud insana. Mientras que la actitud de María era la más apropiada en su momento, ya que era tiempo para estar con el Maestro, mientras está con ellas.

Una buena actitud siempre conllevará un sin fin de bendiciones, por ello la actitud dice en sí misma si las quiere recibir o no, por lo que habrá que cambiar de modo anímico para que las obras sean acompañadas de la actitud correcta y por ende de las bendiciones correspondientes.

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