“Tiempos exactos”

“Tiempos exactos”

Mateo: 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: “Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”. Él les contestó: “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

Ella se acercó entonces a Jesús y, postrada ante él, le dijo: “¡Señor, ayúdame!” Él le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. Pero ella replicó: “Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.

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Los tiempos cada día se estrechan más y no alcanza a veces para todo lo que deseamos hacer. En ocasiones planeamos el día y nos frustramos cuando no nos alcanza el tiempo o cuando nos sale un imprevisto que rompe con el esquema del día a día.

Como reacción primaria solemos enojarnos, lo cual entorpece aún más la capacidad de administrar los tiempos, aunque en realidad habría que revisar cómo los utilizamos, ya que hemos hecho de nuestra vida una rutina por un lado impuesta por las labores, pero el resto del tiempo auto infringida por aquello que aunque no sea muy productivo no lo dejamos de hacer.

Entre esos tiempos, no podemos llamarlos perdidos, sino más bien robados, se encuentran los que dedicamos al teléfono, al internet, a las llamadas redes sociales, a la televisión o a las imágenes no aptas para ninguna edad. Esos tiempos los consideramos adictivamente sagrados cuando no lo son.

Aquí es donde debemos usar la sensatez y no quejarnos ni dolernos de que salen imprevistos, porque en realidad hay que atenderlos, y Dios siempre tiene un plan y en tiempo para ellos, por eso los pone en el camino, como la mujer cananea que rompe el esquema de Jesús, sin embargo no deja de atenderla aunque remarque que no le toca.

No debemos de desaprovechar las oportunidades de santificarnos que Dios pone en el camino fuera de nuestro esquema, porque si para ti los tiempos no llegan a ser exactos, para Dios sí lo son y, están predeterminados en el momento necesario para los demás y sobre todo para ti.

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