“Actitud para recibirlo…”

“Actitud para recibirlo…”

Mateo: 18, 1-5. 10. 12-14

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?”
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: “Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo.
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños”.

_________________________

La cultura en nuestros días, así como hace tiempo, en cierta manera nos inculca el tipo de relación que debemos de tener para con los demás, y una constante radica en que conforme vamos creciendo se nos va imponiendo la convivencia con coterráneos y contemporáneos de la misma generación y allegados, iniciando por la escuela donde necesariamente tenemos que convivir en un grupo donde la gran mayoría son de la misma edad.

Ciertamente en nuestra cultura no se impide el convivio con otros grados y gente de diferente edad, pero se busca un refugio natural en los de la propia. Eso inconscientemente nos condiciona a buscar amistades en esos rangos de edades y a que el trato directo sea con los mismos.

De tal manera que aquellos quiénes buscamos amistades de diferente edad, parecernos especímenes raros por esa ideología implantada. Cuando el Señor Jesús precisamente afirma que nuestra actitud para recibirlo no debe ser condicionada, ni por la edad, ni por la necesidad, ya que resulta en un tanto inaceptable siendo adulto tratar aun niño, o siendo joven tratar a un adulto, ideas que nos formamos unidas a los miedos que rayan en incapacidad e inmadurez.

Una actitud como la de los niños no pone ni barreras ni fronteras, no especifica ni genero ni edad, porque mientras más adultos más ideáticos nos volvemos, es por ello que nuestra madurez debe de alcanzar al de la niñez para con el trato y el amor a los demás.

Ya que de igual manera, quien sabe tratar y manejar el nivel de los pequeños, sabe espontáneamente tener una actitud abierta para recibir a Jesús con la sencillez necesaria y libre de posturas, que es de lo que nos quiere liberar Jesús para tener un trato familiar cercano.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s