“Se pusieron furiosos…”

“Se pusieron furiosos…”

Lucas: 6, 6-11

Un sábado, Jesús entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y fariseos estaban acechando a Jesús para ver si curaba en sábado y tener así de qué acusarlo. Pero Jesús, conociendo sus intenciones, le dijo al hombre de la mano paralizada: “Levántate y ponte ahí en medio”. El hombre se levantó y se puso en medio.

Entonces Jesús les dijo: “Les voy a hacer una pregunta: ¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado: el bien o el mal, salvar una vida o acabar con ella?” Y después de recorrer con la vista a todos los presentes, le dijo al hombre: “Extiende la mano”. Él la extendió y quedó curado. Los escribas y fariseos se pusieron furiosos y discutían entre sí lo que le iban a hacer a Jesús.

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Cuando la sabiduría no está muy bien desarrollada en nuestras prácticas de vida ordinaria, ese discernimiento para en cada situación y problemática que se presente, creo que no será muy certero. 

Es que cuando estamos adoctrinados en una forma de vida, ideología o sistema impuesto, solemos muy diligentemente seguir al pie de la letra de lo que nos piden, claro, sin pensar un tanto en las consecuencias, porque la ley precisamente se basa en la caridad y en la sabiduría, pero cuando éstas carecen de su presencia, la ley se convierte en una herramienta para imponer buenas intenciones muy forzadamente.

La Sabiduría de Dios suaviza y hace entender a profundidad cada situación y problemática, pero no con una decisión legal hechiza, sino bien ponderada, pensada, ecuánime y prudente, ya que se busca obtener el mejor bien posible.

Es por ello que cuando cerramos la mente y el corazón a preceptos legales ya resueltos, olvidamos esos pequeños incisos que la afirman o la derogan según sea el caso, porque la misma ley es flexible cuando se busca lo positivo.

No es raro que, quien vive en la estrictez de la ley, se ponga furioso cuando existe una variante a la misma, que aunque no sea opuesta, la contraría, aunque el bien sea mayor y por ello se busquen represalias por no aceptarlo.

La sabiduría y la caridad profundizan la comprensión de cada persona y su situación, sabiendo que se evitaran esas innecesarias furias, cuando se entienda la mejor manera de aplicar la ley.

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