“Fiesta de Todos Los Santos”

“Fiesta de Todos Los Santos”

Mateo (5,1-12):

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.» 

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EXPERIENCIA DE LOS SANTOS

Los católicos estamos de fiesta porque el 1º de noviembre se celebra a todos los santos. Esa es la verdadera fiesta de estos días, celebrar a los monstruos y a las brujas no es de cristianos. Celebrar el día de muertos es una tradición de nuestra patria, y es bueno que como cristianos hagamos oración por nuestros difuntos. Pero ¿por qué celebrar la fiesta de todos los santos? ¿Quiénes son los santos?

Los santos no son personas diferentes de nosotros, en todos los tiempos ha habido santos, de diferente edad, unos niños, otros jóvenes, adultos, viejitos, hay santos y hay santas, unos flaquitos, otros gorditos, unos muy inteligentes otros muy sencillos, algunos han nacido muy ricos otros fueron muy pobres, unos son blancos otros negros, unos han sido santos desde pequeños, otros llevaron una vida en la que no conocían a Dios, y se portaron muy mal, pero cuando se encontraron con Jesús, cambiaron, y decidieron ser felices siguiéndolo.

Todos, pero todos, estamos llamados a ser santos, Dios nos quiere santos, y para eso nos dio el Don de la Fe, fue su regalo cuando nos bautizaron, y todos los que estamos bautizados tenemos que ser santos, pero también tenemos que querer serlo. El Don de la Fe es más grande que todos los súper poderes de tus héroes favoritos y además es de verdad. Pero la fe no es para tener unos músculos muy fuertes, o para poder volar, o ver a través de las paredes, ni para golpear a nadie.

Ser santos es querer seguir a Jesús, actuar como él, hacer el bien como él, amar como él. SER SANTO ES SER AMIGO DE JESÚS.

¿A qué Santo o santa conoces?, ¿por qué es santo? Hacer una pequeña lista como la de los superhéroes pero de los santos que los niños vayan nombrando. ¿En tu casa hay imágenes de algún santo o santa? ¿Sabes cómo vivió, qué hizo para ser santo? ¿En la tele has visto que pongan a los santos?

Vamos ahora a conocer algunos de ellos.

Hace un tiempo hubo un niño llamado Domingo Savio, que desde muy chiquito entendió que ser amigo de Jesús era lo más importante en la vida. El día que hizo su primera comunión, escribió en un papelito: “Mis amigos serán Jesús y María, me confesaré y comulgaré los domingos y días de fiesta, prefiero morir antes que pecar”. Quería hacer la voluntad de Dios en todo. Un día un maestro preguntó en el recreo a todos los niños: “Si supieran que hoy iban a morir ¿qué harían?, uno contestó “correría con mi mamá”, otro dijo: “yo iría a la Iglesia a rezar y a confesarme”, y Domingo dijo: “seguiría jugando porque en este momento esa es la voluntad de Dios”. Era un niño alegre, feliz, porque amaba a Jesús.

Santa Teresita, también amaba mucho a Jesús y a María Santísima, tenía muchas hermanas y todas ellas quisieron consagrarse al Señor. Ella siempre supo que todas las cosas pequeñas, oraciones, trabajos, servicios hechos con amor eran lo que agradaba a Dios, un día le dijo a Jesús que ella quería ser su “pelotita” para que el niño Jesús jugara con ella. Cuando recibía la Sagrada Comunión era la más feliz del mundo. Era buena con todos y buscaba hacer favores a las personas que no sabían dar las gracias y eso le costaba trabajo pero se lo ofrecía a nuestro Señor. Rezaba como quien platica con el mejor de los amigos porque conocía muy bien quien era Jesús.

San Agustín fue un gran santo, pero él no siempre se portó bien, hacía sufrir a su mamá con su mal comportamiento, pero su mamá que era muy santa, se llamaba Mónica, rezaba mucho para que su hijo conociera a Jesús, y el día que Agustín encontró a Jesús en su vida se llenó de tanta alegría que ya no quiso nunca más pecar, fue con su mamá y juntos rezaron y dieron gracias a Dios. San Agustín llegó a ser Obispo y tenía tanta confianza en el amor de Dios que le decía: “Señor, nos creaste para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”. Pensaba y meditaba en las cosas de Dios, escribió muchos libros que ahora en la Iglesia sirven de guía para todos los cristianos. Decía también: “Ama y haz lo que quieras”, porque sabía muy bien, que cuando se ama a Dios sólo harás lo que le agrada.

La Madre Teresa de Calcuta, quiso agradar a Jesús sirviendo a los más pobres, a los que nada tenían, a los que no podían pagar con nada, cuidaba con mucho amor a los enfermos porque decía que en los enfermos más pobres encontraba a Jesucristo. Todas las mañanas asistía a Misa, y comulgaba, para que todo lo que hiciera en el día fuera obra de Jesús. Cuando ya estaba muy viejita, seguía trabajando, hablaba a mucha gente, a los presidentes de los países, a los sacerdotes a personas de todo el mundo y los invitaba a que cuidaran la vida de todas las personas, sobre todo la de los niños. Ella rezaba siempre el Santo Rosario porque así siempre tenía la ayuda de la Virgen María.

Otros santos, han ido a lugares muy lejanos donde no se conoce a Jesús y les enseñan a amar a nuestro Señor, a ellos se les llaman Misioneros, algunos han muerto dando su vida por la fe, estos son los Mártires. Otros se han dedicado a cuidar a los enfermos, a los pobres, algunos fundaron colegios para que los niños se educaran y conocieran a Jesús.  Otros se han quedado en su ciudad y en su casa pero han hecho la voluntad de Dios y se han mantenido en su amistad. Algunos santos son muy conocidos por todos, pero hay otros que nadie conoce, más que Dios. Otros que han estado enfermos le entregan a Jesús todos sus sufrimientos, y así, nos encontramos que aunque los santos no salen mucho en la televisión ni los periódicos nos platican de ellos, están haciendo que en el mundo brille la gloria de Dios.

Los nombres que tenemos muchas veces son los nombres de algún santo o santa, son nuestros patronos, por ejemplo San Carlos, Santa Teresa, Santa Cecilia, San Pedro, San Juan, San Alberto etc.

Los santos, o sea los que ya están en el cielo porque vivieron su bautismo, a ellos se les veneran porque son:

Modelo: Porque viendo lo que ellos hicieron para ser amigos de Dios nosotros los podemos imitar.

Estímulo: Porque ellos, lucharon como ahora nosotros y ya gozan de la herencia a la que también nosotros estamos llamados.

Intercesores: Son amigos y hermanos nuestros y grandes bienhechores a quienes podemos recurrir suplicándoles que hagan valer su influencia ante Dios en ayuda de nuestras necesidades.

EXPERIENCIA CRISTIANA

Ya nos dimos cuenta que los superhéroes son algunos personajes de la televisión, que nos divertimos y jugamos a que somos ellos, pero que en realidad no podemos tener súper poderes porque ellos sólo existen en las caricaturas y las películas, en cambio los santos son aquellos que han sido fieles a su bautismo, que el don de la fe que recibieron lo usaron muy bien.  El Papa Juan Pablo II nos ha invitado a vivir la santidad muchas veces, él ha llevado una vida de santidad y ha llevado al altar a muchos santos, y nos dice que para ser santos hay que:

Orar: Hacer oración, no sólo rezar oraciones de memoria sino poner en ellas el corazón, orar es platicar con Dios.

Ir a Misa y comulgar. La Misa (La Eucaristía), es el lugar más hermoso del mundo, es como estar en el cielo porque ahí está presente Jesús que se nos da en la comunión.

La Confesión. Acercaros seguido al perdón que Dios siempre nos da cuando hemos pecado. Así recuperamos su amistad y volvemos a ser felices.

La Gracia. Confiar en Dios, saber que sólo porque Jesús nos acompaña siempre, podemos ser buenos.

Escuchar la Palabra de Dios. Conocer lo que Dios nos dice en la Biblia, aprender el catecismo, para hacer lo que le agrada a Dios.

Anunciar la Palabra de Dios. Ser misioneros, llevar a otros la alegría de encontrarse con Jesús, lo podemos hacer con palabras, con nuestro comportamiento, con nuestra compañía, ayudando a los demás con amor.

La Santísima Virgen, san José, los apóstoles, mártires y santos todos esperan nuestro triunfo, están atentos a nuestra lucha, no nos olvidan.

¿Qué crees que puedes hacer tú para ser santo?

De los santos que platicamos hoy ¿a quién te gustaría parecerte?

Fuente: Aciprensa.com

“Atemorizar para no hacer el bien”

“Atemorizar para no hacer el bien”

Lucas 13, 31-35

En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte. El contestó: Id a decirle a ese zorro: «Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término». Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa se os quedará vacía. Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: «Bendito el que viene en nombre del Señor. 

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Dentro de las preocupaciones por nuestra salud y bienestar, hay personas que están alertas ante un mal inminente, por ello nos notifican cuando éste se hace presente, aún más cuando se trata de poner en peligro la propia vida.

Sin embargo en ocasiones se utilizan esos recursos tan sólo para atemorizar, infundir inseguridad y miedos para menguar en nuestra actividad y presencia, para que destaque  y se haga presente la de otros. 

El miedo a la verdad es tan poderoso, que hace desaparecer incluso a las personas más buenas y transformadoras como fue el caso de los profetas; además cuántas veces nuestras vidas están soportadas en una o varias mentiras, donde la apariencia impera y el manejo de voluntades está a todo lo que da, por ello la verdad duele.

El recurso del miedo suele ser eficaz, pero no en Jesús, que sabe de donde viene la amenaza de raíz, a la vez que sabe cuáles son esas intenciones, por ello le da el calificativo a Herodes de zorro, quien administra su poder a través de favores y miedos. Su seguridad viene de tener muy el claro su misión, sabiendo que su Padre está con Él en todo momento.

Es por ello que no debemos de ceder a la primera amenaza, ya que quien amenaza es porque tiene miedo, es cuestión de dejarnos influir de la misma sabiduría de Dios en oración para ver clara la estrategia a seguir y no dejar de hacer el bien.

“Son pocos los que quieren salvarse…”

“Son pocos los que quieren salvarse…”

Lucas 13, 22-30 

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: Señor, ¿serán pocos los que se salven? Jesús les dijo: Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo. «Señor, ábrenos» y él os replicará: «No sé quiénes sois». Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados». Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

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Dentro de la concepción de la salvación eterna se percibe un cierto aire de exclusividad, como si llegar a la eternidad fuera para tan sólo unos cuantos, como si Dios lo hiciera muy difícil, de hecho la pregunta del evangelio “¿serán pocos los que se salven?” va impregnada de una idea de selectividad divina.

Cambiar ese tipo de mentalidad, junto con aquella que posiciona a Dios como un salvador a mi gusto y medida, con derecho al cielo aunque mis obras no lo ameritan y exigiendo la bondad del todo poderoso, que por cierto es aún mayor de lo que pensamos, pero que se gana; cambiar esa concepción depende del trato y conocimiento directo de Dios.

De hecho en realidad lo que pretende inculcar el Señor Jesús, es hacer conciencia de que la salvación no depende tan sólo de Dios, ciertamente es el autor innato y dispuesto a que estemos plenamente en su presencia por toda la eternidad, pero remarcando que los que deseen estar con Él son los que buscarán el camino de retorno a la casa del Padre por medio de su Hijo Jesucristo.

Le verdad revelada afirma que no son pocos los que se salvan, ya que todos son invitados sin exclusión alguna, más bien, la realidad confirma que son muchos los que no quieren regresar a la casa del Padre, no quieren su salvación, ni su gracia, ni su amor, y su vida tal como la llevan afirma sin palabras pero a gritos que no desean nada con Dios.

Por ello me atrevo a afirmar que la salvación no es una ruleta a la que juega Dios, sino una elección donde son pocos los que eligen salvarse, ya que la puerta y el camino están dispuestos, pero depende de nosotros tomarlo.

“Crece”

“Crece”

Lucas 13, 18-21 

En aquel tiempo, Jesús decía: ¿A qué se parece el reino de Dios ? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas. Y añadió: ¿A qué compararé el Reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta. 

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Cuántas veces hemos pasado por desapercibido todo el potencial que tiene una semilla, y es que de la misma manera, aunque no sean semillas lo que manejamos en la vida, los efectos de nuestros actos coinciden en el mismo esquema, crecen. 

Parece que no pasa nada cuando hacemos nuestro un mal pensamiento y lo alojamos en el corazón por más pequeño que sea, olvidando que una vez depositado no se queda inerte, éste crece. Lo malo es cuando ya lo hacemos nuestro, rompiendo así la primera barrera de la permisión, para posteriormente romper sin problema ni restricción mental la que sigue, de manera imperceptible a nuestra conciencia y así la que le continúa sucesivamente.

Porque lo que permitamos asintiendo en nuestro ser, ya sea lo bueno, ya sea lo malo, éste como efecto inmediato será el crecimiento, de tal manera que si permitimos sembrar el pecado en nuestra vida, sin saber cómo crecerá y nos será tan ordinario como cualquier otro acto.

Por el contrario si sembramos obras buenas, principios y valores, éstos en su momento de igual manera crecerán, como el mismo Reino de los cielos, ya que el bien tiene ese potencial y más cuando Dios sabiendo que se ha sembrado en nosotros con mayor intención lo hace crecer.

Nos toca poco a por ir sembrando esas semillas de bien, y el resto lo realiza el Señor porque Él es quien las hace crecer permaneciendo a su lado.

“Santos Simón y Judas, Apóstoles”

“Santos Simón y Judas, Apóstoles”

Lucas 6, 12-19 

En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

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San Judas Tadeo es uno de los santos más populares, a causa de los numerosos favores celestiales que consigue a sus devotos que le rezan con fe. En Alemania, Italia, América y muchos sitios más, tiene numerosos devotos que consiguen por su intercesión admirables ayudas de Dios, especialmente en cuanto a conseguir empleo, casa u otros beneficios más.

Santa Brígida cuenta en sus Revelaciones que Nuestro Señor le recomendó que cuando deseara conseguir ciertos favores los pidiera por medio de San Judas Tadeo.

Judas es una palabra hebrea que significa: “alabanzas sean dadas a Dios”.

Tadeo quiere decir: “valiente para proclamar su fe”.

Simón significa: “Dios ha oído mi súplica”. A San Simón y San Judas Tadeo se les celebra la fiesta en un mismo día, el 28 de octubre, porque según una antigua tradición los dos iban siempre juntos predicando la Palabra de Dios por todas partes.

San Judas Tadeo estaba íntimamente relacionado con nuestro Señor por su parentesco con San Joaquín y Santa Ana, padres de la Santísima Virgen. Sobrino nieto de estos dos santos, es a la vez sobrino de María y José, de donde resulta ser primo de nuestro Señor Jesucristo.

San Judas es hermano del Apóstol Santiago el Menor. Tenía otros dos hermanos a quienes llama el Evangelio “hermanos” de Jesús. Cuando nuestro Señor regresó de Judea a Nazaret, comenzó a enseñar en la sinagoga. Las gentes que le oían estaban asombradas y decían: “¿ De dónde le ha llegado tanta sabiduría y ese poder de hacer milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?” (Mt 13,54).

La palabra “hermanos” en hebreo comúnmente significa un pariente próximo. El padre de San Judas era Cleofás. El nombre de su madre era María, que era pariente próxima de la Virgen Santísima. Ella también permaneció junto a la Cruz cuando murió nuestro Señor Jesucristo. “Cerca de la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre , María, esposa de Cleofás, y María Magdalena” (Jn 19,25).

Durante su adolescencia y juventud, Judas fué compañero de Jesús. Cuando Jesús comenzó su vida pública, Judas dejó todo por seguirle. A San Judas se le llama Tadeo para diferenciarlo de Judas Iscariote que fue el que vendió a Jesús. En la noche de la Última Cena le preguntó a Jesús: “¿Por qué revelas tus secretos a nosotros y no al mundo?”. Jesús le respondió que esto se debía a que ellos lo amaban a Él y cumplían sus mandatos y que a quien lo ama y obedece, vienen el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y forman habitación en su alma (Jn. 14, 22).

Como Apóstol, trabajó con gran celo por la conversión de los paganos. Fue misionero por toda la Mesopotamia durante diez años. Regresó a Jerusalén para el Concilio de los Apóstoles. Después se unió a Simón en Libia, donde los dos Apóstoles predicaron el Evangelio a los habitantes de aquel país.

Refiere la tradición que San Judas y San Simón sufrieron martirio en Suanis, ciudad de Persia, donde habían trabajado como misioneros. A San Judas le dieron muerte con una cachiporra. Por eso se le representa con una porra sobre la cabeza. Luego, le cortaron la cabeza con un hacha. Trasladaron su cuerpo a Roma y sus restos se veneran ahora en la Basílica de San Pedro.

San Judas es conocido principalmente como autor de la Carta de su nombre en el Nuevo Testamento. Carta probablemente escrita antes de la caída de Jerusalén, por los años 62 al 65. En ella, San Judas denuncia las herejías de aquellos primeros tiempos y pone en guardia a los cristianos contra la seducción de las falsas doctrinas. Habla del juicio que amenaza a los herejes por su mala vida y condena los criterios mundanos, la lujuria y “a quienes por interés adulan a la gente”. Anima a los cristianos a permanecer firmes en la fe y les anuncia que surgirán falsos maestros, que se burlarán de la Religión, a quienes Dios, en cambio, les tiene reservada la condenación.

A la soberbia de los malos contrapone la humilde lealtad del Arcángel San Miguel. Anima a los cristianos a levantar un edificio espiritual llevando una vida fundada en la fe, el amor a Dios, la esperanza y la oración. Alienta la práctica del amor al prójimo; exhorta a los cristianos a que sean pacientes y con sus vidas virtuosas conviertan a los herejes.

San Judas concluye su carta con una oración de alabanza a Dios por la Encarnación, pues por ella Jesucristo, Palabra eterna de Dios, tomó sobre sí nuestra naturaleza humana para redimirnos.

Fuente: catequesisenfamilia.org

“Sin bloqueos en la oración”

“Sin bloqueos en la oración”

Lucas 18, 9-14 

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: —«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.” El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.” Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» 

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Toda la Sagrada Escritura está impregnada de aquellos momentos de encuentro con el Señor nuestro Dios a través de la oración, sabiendo lo importante que es el orar, ya que no existe súplica que no sea escuchada.

Hay que considerar que no existen jerarquías entre los que oran y puedan ser mayormente escuchados, porque solemos caer en el engaño de que Dios escucha con mayor detención a los consagrados, como religiosos, sacerdotes, monjitas y todos aquellos comprometidos con una vida de oración personal pública.

De plano olvidamos que ante el Señor no existen distinciones ni excepción de personas, a su vez no existen requisitos limitantes para poder orar, cualquiera lo puede hacer. La diferencia radica en la disposición que tenemos de acatar las implicaciones para poder estar receptivos a recibir lo que pedimos por medio de la oración.

Es entonces cuando nosotros mismos bloqueamos la acción y respuesta de Dios. Podríamos pensar ¿qué acaso Dios no lo puede todo?, sí lo puede, pero no rompe la lógica de la verdad, y es que es imposible demandar el recibir ante nuestra sed un agua fresca y pura, cuando lo hacemos con un recipiente contaminado y sucio.

Pedimos el milagro, pero no el compromiso que conlleva el milagro. Hacemos oración, pero tan sólo llenamos el ego y no el alma. Sentimos que tenemos el derecho, pero no la obligación. 

Por ello es necesario descartar todos esos bloqueos que nosotros mismos implantamos para que lleguen las gracias, ya sean mentales, de juicios insanos, de sentirnos perfectos o de ocasión recurrente de pecado, sin olvidar que para quitarlos vida sacramental fortalece.

“El pesimismo crece”

“El pesimismo crece”

San Lucas 13, 1-9 

En aquella ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera. Y les dijo esta parábola: Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás. 

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Parece que la moda en nuestros días es acabar con toda pizca de optimismo, acentuar que la tónica es hablar lo más negativamente de todo cuanto acontece, sobre todo sintiéndonos con todo el derecho de hacerlo, como si fuéramos partícipes y expertos en lo que opinamos, cuando de hecho cualquier negativa u ofensa cubre la propia expectativa porque a veces más no podemos dar.

No ayuda remarcar el mundo de lo negativo, pero sí crece esa actitud pesimista y se establece como un estándar, que necesita estarse alimentando no precisamente de las cosas buenas, sino de lo que nos denigra. El pesimismo mientras más se asienta, mayormente domina a la persona a tal grado de perder la noción de que se vive inmerso en ese mundo que causa dolor.

Es por ello importante a su vez remarcar el optimismo aunque parezcamos desfasados, ya que de igual manera ante el mal, siembra esperanza y cambia ánimos. Gracias a Dios encontramos aún personas como ese viñador, que aunque la higuera no da fruto, se le sigue abonando para que dé lo mejor de sí. 

Además Dios sigue dando tiempos, pero si nosotros no los aprovechamos, es evidente   perderlos, son nuestras actitudes y no el Señor que los retira. Por ello deberá tener cuidado cada persona, de ver si aquellos que iluminan tu día, no lo opacan, ya que si permitimos y secundamos un pesimismo, le estaremos dando todo el  poder y la atención para crecer.

“Problemas: tan grandes como lo desees”

“Problemas: tan grandes como lo desees”

Lucas 12, 54-59 

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: «Chaparrón tenemos» , y así sucede. Cuando sopla el sur decís: «Va a hacer bochorno» , y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo. 

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Es un hecho que dentro de la vida perfecta que llevamos, y digo perfecta porque tenemos vida, independientemente de las circunstancias en donde nos desarrollemos, no dejará de haber situaciones y circunstancias no tan agradables a las que llamamos problemas, porque no concuerdan con nuestros propios planes, además de entorpecer el caminar del día a día. 

Siempre se harán presentes cuando menos lo esperamos, aunque si nos ponemos observadores, podemos percibir el cómo y por donde van a llegar. 

Ahora bien, el problema, que podríamos decir tiene una medida estándar, su percepción y afectación sin duda alguna, dependerá de cuán cansados estemos y la importancia que le demos. 

La atención que nos merezca un problema no varía, al igual que las obligaciones habituales de cada día. Pero en realidad será  tan grande como lo quieras evidenciar. No pasa nada si en el camino, con los problemas afectados de manera directa con los demás, se llega a un común acuerdo; pero será pesado si uno de ellos así lo quiere, lleno de cansancio, odio y orgullo hacerlo enorme. 

De tal manera que el problema será tan grande cuanto tú lo alimentes y le des excesiva importancia, sin merecer más de lo que en realidad necesita. Por ello no olvides que ante la realidad de los problemas, éstos serán tan grandes como tú lo desees.

“Volver a la unidad”

“Volver a la unidad”

Lucas 12, 49-53 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz ? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

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La división entre personas, comunidades, familias y hasta culturas no es nada nuevo, ya desde antiguo se utilizaba como estrategia de guerra el dividir para dominar, como el mismo dicho latino lo dice: “Divide et impera”, es decir, divide y vencerás. 

La división es utilizada como una herramienta que hasta el día de hoy se sigue utilizando ya como sistema para mantener confundida y enojada a la gente, se le pone el sobrenombre de tolerancia ó diversidad para justificarla, desde el ambiente social, político y laboral.

Y no se diga la división que estratégicamente se da en el campo de la religión, cuando evidentemente se han dado acuerdos políticos con las naciones dominantes, para introducir sectas que dividen la unidad católica. Y es que el poder manipulado, solamente puede imperar cuando el caos está presente, para introducirse engañosamente como salvadores y solucionadores de problemas que ellos mismos han sembrado.

Es cuestión de tener clara la unidad con uno mismo y con los demás, porque el hecho que de tengamos activo un episodio de división dentro de nuestras relaciones personales, ya sea con amistades, familia y vecinos, no significa que deba de permanecer así. 

La intención del Señor es siempre mantenernos en la unidad, con Él y con los demás. Es por ello necesario volver a la unidad, el dolor es el precio de la división, pero ya está pagado, ahora sólo falta retornar el camino porque no vale la pena sufrir más, y no vale la pena, hay que recobrar lo que realmente importa, ya que esa es la única y auténtica unidad. 

“Corresponsabilidad”

“Corresponsabilidad” 

Lucas 12, 39-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre.

Pedro le preguntó: —Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?

El Señor le respondió: —¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse; llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.

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Más que sabido es el hecho de que todos los bienes adquiridos en tu vida, al final se quedan porque al morir no podemos llevarnos nada, más sin embargo vale la pena recordar que todos esos bienes tienen una misión a tu lado, y ésta es la de proporcionar todas las herramientas para que con ellas te santifiques con una justa y muy buena administración.

Son dones materiales que se nos dan para el camino de ésta vida en mutua corresponsabilidad con el Creador, y el mayor regalo de todos es la vida, aquella que se nos da precisamente para cuidarla el tiempo propio y necesario para devolverla a quien le corresponde.

Todo lo tenemos en corresponsabilidad, nada es totalmente nuestro aunque esté en nuestra posesión, hoy es tuyo, ayer fue de otro, mañana estará en responsabilidad de alguien mas. Porque los medios que Dios nos otorga siempre estarán disponibles para aquellos que en su plan divino los ha incluido y esos somos nosotros, por eso estamos aquí.

Más recibes, más produces, más te santificas, y con ello el premio merecido y aceptado de la vida eterna. y aún con poco obtienes el mismo premio, porque lo que importa no es la cantidad sino lo corresponsablemente administrado.

Por ello hacerlo todo bien, sin sentirnos los dueños aunque lo seamos, así los apegos no limitarán tu santificación