“San Tranquilino Ubiarco”

“San Tranquilino Ubiarco”

Mateo 7, 7-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!»

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Nació en Zapotlán el Grande el 8 de julio de 1899. Su niñez estuvo caracterizada por las privaciones y el trabajo. Cuando ingresó al seminario auxiliar donde se distinguió por sus talentos, piedad y carácter bondadoso. Durante la revolución carrancista cerraron el seminario e incautaron el edificio pero continuó recibiendo clases en casas particulares y llevaba al mismo tiempo tareas pastorales. En 1920 viajó a Sinaloa invitado por el obispo.

Este murió pronto y el P. Tranquilino regresó a su tierra. Luego continuó sus estudios en el seminario diocesano de Guadalajara, y fue ordenado sacerdote en agosto de 1923. Ejerció su ministerio promoviendo el catecismo y los círculos de estudio, y fundó un periódico de doctrina cristiana.

En plena persecución fue nombrado vicario de la parroquia de Tepatitlán, donde trabajó quince meses ejerciendo su ministerio en diversas casas particulares para los refugiados por la persecución y estableció un comedor público. 

A principios del mes de octubre de 1928 fue a Guadalajara a comprar lo necesario para el Sacrificio Eucarístico. Alguien le hizo ver que su campo pastoral estaba enclavado en la zona de mayor peligro: «Ya me voy a mi parroquia; a ver qué puedo hacer y si me toca morir por Dios, ¡Bendito sea!».  

El 5 de octubre Cuando una noche preparada la celebración de la Eucaristía y la bendición de un matrimonio, fue hecho prisionero y condenado a morir ahorcado en un árbol de la alameda, a las afueras de la ciudad. Con entereza cristiana bendijo la soga, instrumento de su martirio, y a un soldado que se negó a participar en el crimen, le dijo, repitiendo las palabras del Maestro. «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Sus restos fueron trasladados al templo parroquial.

Era la madrugada del día 5 de octubre de 1928.

Fue beatificado el 22 de noviembre de 1992 y canonizado por el Papa Juan Pablo II el 21 de mayo del 2000.