“Tirar la piedra y esconder la mano”

“Tirar la piedra y esconder la mano”

Lucas: 11, 47-54

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y doctores de la ley: “¡Ay de ustedes, que les construyen sepulcros a los profetas que los padres de ustedes asesinaron! Con eso dan a entender que están de acuerdo con lo que sus padres hicieron, pues ellos los mataron y ustedes les construyen el sepulcro.

Por eso dijo la sabiduría de Dios: Yo les mandaré profetas y apóstoles, y los matarán y los perseguirán, para que así se le pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que fue asesinado entre el atrio y el altar. Sí, se lo repito: a esta generación se le pedirán cuentas.

¡Ay de ustedes, doctores de la ley, porque han guardado la llave de la puerta del saber! Ustedes no han entrado, y a los que iban a entrar les han cerrado el paso”. Luego que Jesús salió de allí, los escribas y fariseos comenzaron a acosarlo terriblemente con muchas preguntas y a ponerle trampas para ver si podían acusarlo con alguna de sus propias palabras.

____________________________

La auténtica valentía cada vez es mas rara, podría afirmar que está en vías de extinción, y aunque me equivoque, parece que no es problema nuevo, sí más acentuado, pero prevalece como una epidemia de pérdida de valores.

Cuando la persona es auténtica y sabe enfrentar los problemas, reconoce cuando ha hecho un daño, ya sea que lo repare o no, y eso ya es cierta valentía. Lo malo acontece cuando hacemos el mal, y aparentamos ser buenas personas, incluso ofenderlas y difamarlas y aún así estar a su lado para aparentar normalidad. 

Aquí hay que tener valentía para poder matar la conciencia y seguir como si nada, aunque esa condición ya raya en una compulsión maniaco depresiva, que lo hace para que la persona feliz sufra como uno mismo, porque no tolera ver la salud en los demás. 

Así es como el mal se va metiendo y vamos lanzando piedras a todo lo que se nos atraviesa, para luego pedir favores incluso a Dios, con la imposibilidad de recibirlos porque nuestro ser ya está ocupado por el mal. 

Todo eso, aunque sea una enfermedad y aunque no, lleva una corresponsabilidad tanto de lo que decimos, como de lo que hacemos y eso no se puede evitar. Ya depende de nosotros abrirnos a la misericordia de Dios, sanar, y hacerla eficaz en nuestras vidas para dar frutos de verdadera alegría y santidad, respetando a nuestro ser y a cualquier otro con el que nos crucemos en la vida y en el camino.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s